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Confesar
los pecados también es un acto muy anterior a la venida de Jesús. Vino
después de que la Ley
fue dada, por el Padre, a Moisés en el Monte Horeb: "Cuando pecare en
alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó"
(Lev. 5,5). Aún transitaba el Pueblo Hebreo por el desierto, rumbo a la Tierra Prometida:
"...Y pondrá Aarón (el primer sacerdote, hermano de Moisés) sus
dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará
sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y
todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo
enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto" (Lev.
16,21). Ya sabemos que este cordero fue reemplazado por Jesús (ver mi Sexta
Carta). Por eso dice el autor de la carta a los Hebreos: "Así también
Cristo fue ofrecido (como se ofrecían los
corderos) una sola vez para llevar los pecados de muchos" (Heb. 9,28 a). También lo dice
San Pablo: "Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo
recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las
Escrituras" (1Cor.15,3). ¿Cuáles Escrituras? Miremos a Isaías
profetizando acerca del Mesías: "Mas él herido fue por nuestras
rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre
él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos
como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas YHVH
cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no
abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y
como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca"
(Is. 53,5-7). Mientras iban por el desierto, los mandatos para confesar su
pecado continuaron: "Y confesarán su iniquidad,
y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron
contra mi; y también porque anduvieron conmigo en oposición" (Lev.
26,40).
El
rey David confesaba, mil años antes de Jesús, su pecado al profeta Natán: "Entonces
dijo David a Natán: Pequé contra YHVH. Y Natán dijo a David: También YHVH ha
perdonado tu pecado; no morirás" (2Sam. 12,13). El Rey Salomón en
sus Proverbios nos enseña que: "El que cubre sus pecados no
prosperará; mas el que los confiesa y se aparta
alcanzara misericordia" (Prov. 28,13).
¿Cuál
es la razón por la cual tenemos que confesar nuestros pecados? San Ignacio de
Loyola enseña en sus Retiros que Satanás trabaja en el secreto. Por eso dice
el rey Salomón que el que "cubre (esconde) su pecado, no
prosperará" ¿No prosperará en qué? En el conocimiento y encuentro
con el Padre. En su corazón se oirán las voces propias de su pecado,
convertidas en territorio interior, donde Satanás ejecuta su acción. Ocupado
el corazón en escuchar estas voces de las tinieblas, nunca podrá escuchar la Voz del Padre hasta que
confiese lo que está ocultando en el corazón. En ese momento se callarán las
voces que no son de Dios y que no solamente aconsejan permanecer en el
pecado, sino que también crean un infructuoso sentimiento de culpa que sólo
nos llevará a autodestruirnos, a permanecer en nosotros mismos, pero nunca a
arrepentirnos, a tomar decisiones contra el pecado y volver nuestro corazón
al Padre.
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