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El
Sacramento de la
Confirmación no es simplemente un ritual mediante el cual
se declara una madurez cristiana en un joven sin éste conocer a Jesucristo.
No se puede crear una conciencia de amor a Jesús y de opción definitiva por
El y Su Reino, cuando un joven en su niñez no ha tenido prácticamente ningún
conocimiento de Jesucristo ni relación con El. En unas cuantas reuniones en
un año, donde se preparan los jóvenes para recibir este Sacramento, no se
puede formar un testigo del Señor, un apóstol. No se trata de ponerle a
nuestros jóvenes unas camisetas con el nombre de Jesús y unos gorritos con el
mismo logotipo y partir a trabajos o paseos de verano en el nombre de Jesús,
sin conocerlo, sin conocer los riesgos que implica la Palabra del Señor y la
seriedad, de la opción definitiva por Jesús. No se puede llevar a unos jóvenes
a que le digan un Si definitivo a Jesús, sin saber a qué se están
comprometiendo para toda su vida.
El
Sacramento de la
Confirmación es un Sacramento de gran responsabilidad. Es
el Sacramento que nos hace a nosotros trabajadores del Reino, pescadores del
Reino, obreros de la Mies
del Padre. El Padre tiene que saber con cuáles obreros sí cuenta para ir a
trabajar a Su Viña. Recordemos la parábola de Jesús a los fariseos: "Pero
¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo:
hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero
después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera;
y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue" (Mt.21,28-30).
Esto es lo que estamos haciendo que hagan nuestros jóvenes cuando los
seducimos para que tomen una opción para la cual no están preparados. Estamos
haciendo que le mientan al Padre, que le mientan a Jesús, que entren a formar
la lista de los fariseos.
El
Sacramento de la
Confirmación, no es para seguir yendo a Misa todos los
domingos por el resto de sus vidas. Es para defender el Reino de Jesucristo,
es para compenetrarse con Su Palabra, propagarla y anunciarla, es para
ayudarle a la trinidad a que muchas personas sean participantes activos en su
Alianza Nueva y Eterna y para que luchen para que la iglesia que fúndo
Jesucristo sea verdaderamente una convocación de mujeres y hombres que dan la
vida por sus hermanos.
Los
Confirmados en Jesucristo, en Su Reino y en Su Alianza son los que defienden
al ser humano de todos los antivalores que lo están destruyendo. Antivalores
en el comer, en el vestir, en las diversiones, en las lecturas, en lo que se
oye, en lo que se ve, en las actitudes y conductas sociales. Los Confirmados
en Jesús tenemos la responsabilidad arrebatar a las personas del error en
todos los campos donde haya seres humanos muriendo en manos del engaño y de
la mentira. Y para esto se necesita mucha valentía y una desición personal
tomada por motivación profunda, exigente y seria del Espíritu Santo. No es un
juego decir que sí el día de la Confirmacíon y después olvidarse de que le dijo
al señor: "Sí, Señor. Cuenta conmigo".
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