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La
circuncisión es el antepasado más antiguo de nuestro actual Sacramento del
Bautismo. Esta se practicaba a los 8 días de nacido un varón y no importaba
que no tuviera noción de lo que estaba ocurriendo. Lo importante era recalcar
que ese niño, por medio de este Sacramento, pertenecía al pueblo de YHVH y
que esta pertenencia estaba por encima de la razón del hebreo o de su libre
elección. Jamás podría decir que no pertenecía al pueblo del Padre de
Abraham, Isaac y Jacob, porque lo tenía grabado en su cuerpo. La circuncisión
era la señal visible de esa realidad invisible que era pertenecer al pueblo
de YHVH.
Después
del exilio, hacia el año 400
a.c., los judíos empezaron a hacer proselitismo y
agregaron a su pueblo los paganos que quisieran aceptar a su Padre Vivo,
Unico y Verdadero. A estos prosélitos paganos se los integraba al judaísmo
sumergiéndolos en agua. Este es el origen del Sacramento de nuestro Bautismo,
porque desde el punto de vista del judaísmo, nosotros somos paganos puesto
que no pertenecemos al pueblo judío, por eso la circuncisión no es nuestro
Bautismo. Nuestro Bautismo es por inmersión en el agua que es el que les
correspondía a los que no pertenecían a la raza judía, pero querían aceptar
al Dios de los judíos como su Verdadero y Unico Dios.
Por
eso Juan el Bautista, cuyo nombre indica que bautizaba, lo hacía en el Río
Jordán, sumergiendo en el agua a los que querían abrir su corazón al Dios
Vivo de los judíos, a los que no estaban circuncidados, a los incircuncisos,
a los que no pertenecían a la casta judía, pero que querían adherirse al Dios
de los judíos. Jesús se une a este bautismo de Juan, aún cuando Juan se le
oponía, porque sabía que Jesús estaba circuncidado: "Entonces Jesús
vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le
oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero
Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda
justicia. Entonces le dejó" (Mt. 3,13-15). Pero en la forma como
Jesús le contesta "que cumplamos toda justicia", vemos que
cumplía también la salvación para los paganos, porque justicia en el lenguaje
bíblico significa salvación. Está diciendo así, con este signo del bautismo
en el Río Jordán, que la
Salvación no es sólo para los circuncidados, sino para
todos los que no lo son. Jesús, ese día en el Río Jordán, en Su Persona
bautizó en la Redención
y Salvación a todas las mujeres y hombres de toda la historia de la
humanidad. De esta manera, llevó a la plenitud la circuncisión judía, el
bautismo de los prosélitos judíos, el bautismo realizado por Juan: bautizando
en El a todos los seres humanos. Así, sumergió en el agua y en Su Persona a
toda la humanidad en ese misericordioso Plan de Salvación para todo el
universo.
Por
eso les dice a los discípulos: "Id y haced discípulos a todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu
Santo" (Mt. 28,19). Del Padre que era la Persona central de la Antigua Alianza;
de Jesús la Persona
central de la instauración de la Nueva Alianza y del Espíritu Santo la Persona central del
resto de los tiempos: "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador, para que esté con vosotros para siempre; el Espíritu de Verdad,
al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero
vosotros le conocéis porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os
dejaré huérfanos, vendré a vosotros" (Jn. 14, 16-18). Jesús llevó a
la plenitud la circuncisión, cuando tomó para El, el bautismo de los
seguidores de los judíos que eran paganos. Y este bautismo por inmersión de
los prosélitos paganos lo llevó a la plenitud porque ya no fue para unos
pocos, sino para todos en El, como si todos estuviéramos "puestos"
sobre El cuando se sumergió en las aguas del Jordán para, en El, sacarnos de
las tinieblas cuando al salir de las aguas vio la luz del Padre que hablaba a
Su Corazón: "Este es mi hijo muy amado...". El Padre hablaba
de Su Hijo Unico, por supuesto, pero en El hablaba de todos nosotros Sus
hijos que nos ama tanto y cuyo amor superó el amor de Su Unico Hijo Divino,
demostrando esto con Su Venida al mundo a hacerse Víctima por nosotros. ¡¡Qué
sería de mi sin ti Señor!!
Por
el Sacramento del Bautismo nosotros somos sumergidos en la Trinidad para
participar del sacerdocio y del gobierno real. Veamos: "Al que nos
amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y
sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de
los siglos. Amen" (Ap.1,5b-6). El Bautismo nos hace sacerdotes, es
decir, "puentes" entre Dios y los demás. Nuestro Sacramento del
Bautismo, vivido entendiendo todos los signos que contiene, nos hace capaces
de contactar a alguien con el Señor. Si a El le pertenecemos, ¿cómo no
podemos crear lazos entre las personas que no conocen al Padre y El? Somos
reyes, porque empezamos a gobernar con El. Por medio de nosotros, si sabemos
realmente de qué se trata el Sacramento del Bautismo, empezarán a darse los
valores del Reino: la verdad, la generosidad, la mansedumbre, el amor, la
paz, etc. Somos nosotros la forma que el Padre tiene de gobernar en esta
tierra. Y si desconocemos el Reino y todo los que encierran los Sacramentos,
terminará Satanás gobernando el mundo y también por medio de las personas.
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