SEMANA DEL SACRIFICIO DE JESÚS

 

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Volvamos a la semana del sacrificio de Jesús. No fue, pues, durante la Pascua Judía que Jesús fue sacrificado. Fue en la anterior, pero durante la verdadera Cena Pascual Judía. En la semana de la Pascua Judía, El estaba reunido con Sus discípulos ya lleno de Gloria y Majestad, como el Verdadero Cordero del Padre, Vivo para siempre. Con Su Costado herido, con Sus Manos y Sus Pies traspasados como todo cordero degollado, le está dando paz a sus discípulos, pero no como la da el mundo sino como la da la Luz de la Gloria del Hijo del Padre muerto y Resucitado: "Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros" (Jn. 20,19). Así cambia Jesús la ley de Moisés, de la Antigua Alianza, por la Nueva Ley. En vez de morir el 14 de Nisán, día del sacrificio del cordero, murió el 12 de Nisán. Se adelanta así a las disposiciones del hombre, demostrando Su Poder, Su Dominio y Su Realeza que cobijan a todo aquel que Lo recibe y acepta como su Señor y su Unico Dios. Al resucitar en domingo, también está desplazando el sábado como el principal día para adorar a Dios. Lo está trasladando para el domingo, demostrando así, como lo había dicho, que El es "Señor del sábado".

Jesús, al celebrar la Pascua oficial Judía con sus discípulos y al cambiar la carne del Cordero Pascual por Su Propia Carne, el pan sin levadura por Su Cuerpo y el vino por Su Sangre, no está propiamente celebrando la última cena, ni instituyendo la Eucaristía. Está celebrando con esta Cena Pascual, la institución de la Alianza Nueva y Eterna como El mismo lo anuncia (ver mi Primera Carta). Está celebrando la última cena de la Antigua Alianza, que, en Su Persona, la convierte en Primera y Eterna Cena de la Nueva Alianza. Cuando nosotros nos acercamos al Sacramento de la Comunión, en la Eucaristía, nos estamos acercando de manera misteriosa y espiritual a esta misma Cena, a esta misma Mesa. No es otra cena, no es otra mesa, es el Sacramento visible de esta realidad invisible que se celebró hace cerca de dos mil años y que aún sigue servida y puesta para todo aquel que quiera alimentarse con este Pan y este Vino, que son el mismo Jesús que se convirtió en Cordero, en Pan, en Vino y en Sangre en aquella última Cena Pascual Judía y primera y única Cena Pascual Cristiana. Jesús no instituyó la Eucaristía como un rito mágico que a El se le antojó inventar, sin raíces históricas ni tradición espiritual y religiosa. El no cambió ningún culto, lo que hizo fue cambiar la víctima animal, por El Mismo. Así terminó para siempre el sacrificio de sangre. El es el Cordero para siempre y la Víctima para siempre (ver mi Sexta Carta).

Eucaristía significa "buen regalo". Jesús es el Buen Regalo del Padre para todos los que perteneciendo a la Antigua Alianza, entendieron que no podían salvarse haciendo buenas obras al cumplir las leyes de Moisés, y es el Regalo del Padre para todos aquellos que no perteneciendo al pueblo hebreo, sabemos que sólo Jesucristo nos ha salvado y que estamos necesitados de que alguien nos salve y libere de nuestras bajas pasiones.

 

 

 

 

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