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En esta semana de la que estamos hablando, la Pascua empezaba el
sábado. Cuando la Pascua
empezaba en sábado, la
Cena Pascual se celebraba el viernes, puesto que no se
podía hacer ningún trabajo en sábado y la Cena Pascual lo
requería bastante. Los días para los hebreos comienzan a las seis de la
tarde. Quiere decir que las nueve de la noche del jueves, viene a ser la
tercera hora del día viernes del calendario hebreo. Ese día se celebraba la
cena de la Pascua
que comenzaría el sábado. A Jesús lo prendieron de noche, lo torturaron con
látigos y corona de espinas de noche. Los corderos para la Cena Pascual y para
todos los sacrificios los encerraban en un corral cerca del templo, en la
noche. Lo juzgaron al amanecer. Era la hora en que seleccionaban de entre
todos los corderos al que iba a ser sacrificado. Lo crucificaron al medio
día, hora en la que ataban el cordero ante el altar, para sacrificarlo.
Murió
a las 3 de la tarde, en el preciso momento en que sacrificaban el cordero. Lo
enterraron de noche. Lo que sobraba del cordero sacrificado también tenían
que enterrarlo de noche. No le rompie-ron ningún hueso, tampoco se le hacía a
los corderos. Era joven, varón, sin defecto ni pecado. Así establecía la ley
que tenía que ser el cordero para el sacrificio. Jesús fue entregado en
sacrificio el viernes. La
Pascua Judía empezaba el sábado y El Resucitó al amanecer
del domingo. En este día, efectivamente, estaban celebrando la Fiesta de los
Primogénitos. El Padre estaba demostrando en la Resurrección de Su
Hijo Primogénito, en ese mismo día, que Su Garantía para demostrar que sí
cumplía la Alianza
era Primogénito de Dios, no primogénito humano. Su humanidad ya no existía,
ahora era el Verdadero Primogénito de Dios el que estaba respaldando la Nueva Alianza con
todo el poder de Su Resurrección y de Su Vida Eterna. Sus discípulos sí lo
entendieron. Era cuestión de ver vivo al que estaba muerto. Así nos lo
transmitieron y yo lo creo. No sólo por lo que ellos nos han contado, sino
porque lo he visto en miles y miles de signos, señales y manifestaciones
durante mi vida y la vida de muchos. Es sólo cuestión de callar el
pensamiento, de silenciar la mente y dejar que la confianza en Dios Vivo,
fluya. Es no dejar a la mente hacer preguntas sobre lo que ella no puede
entender y yo no le puedo responder. Ella es "la loca de la casa"
dice Santa Teresa y su peor locura es entorpecer la fe, que es la manera de
entender que tiene nuestro espíritu.
Ese
domingo, de la Pascua
Judía, celebraban también la fiesta del pan sin levadura.
Ahí esta Jesús, sin la levadura de la corrupción humana. Su Cuerpo Glorioso
ya nunca más verá corrupción de ninguna clase: "El patriarca David
viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada
en el Hades, ni su carne vio corrupción" (Hech. 2,31). La muerte
eterna no ten-drá poder sobre El ni sobre ninguna otra parte de la creación: "Le
levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción" (Hech.
13,34a); "porque también la creación misma será liber-tada de la
esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios"
(Rom. 8,21). El ha llevado en Su Cuerpo la muerte nuestra y de la creación y
en Su Resurrección ha muerto la muerte para siempre: "Jesús llevó él
mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros,
estando muertos a los pecados, vivamos a la salvación" (1Ped.
2,24a). Es este Regalo del Señor el que nos permite vivir confiados y sin
miedos. ¿Qué nos apartará de su amor?: "¿Qué, pues, diremos a esto?
Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?... ¿Quién nos separará del
amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o
desnudez, o peligro, o espada?... Antes, en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos llamó. Por lo cual estoy seguro de que
ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo
presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa
creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor
nuestro" (Rom. 8,31.35.37-39). Nada ni nadie puede quitarnos este
poder que nos ha dado Jesús con Su Victoria sobre la muerte. Este Poder de la Vida Eterna gozando
de Su Presencia y de Su Ser. Vida Eterna que empieza desde el momento en que
amo a mi hermano, le sirvo, le ayudo a llevar sus cargas. Desde que muero
para que el otro viva. Esa muerte es la Vida, porque de ella emana la alegría, la paz,
la satisfacción interior, el gozo y una sensación de que todo está bien, de
que todo va bien, difícil de explicar.
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