LA SOBERBIA: LEVADURA QUE TODO LO FERMENTA

 

Imprime esta Página

 

 

 

Ese mismo domingo de la Pascua Judía, se celebraba la quema de la levadura y de la harina leudada. La levadura es el símbolo de la soberbia, de no necesitar nada ni a nadie, de ser superior a todos, de ser como Dios, de la autosuficiencia, de la vanidad, del orgullo, de ver a todos inferiores y si se le ve alguna superioridad a alguien hay que aplastarla. La levadura corrompe toda la masa. Esta levadura espiritual, que representa el pan leudado es contagiosa. Nadie está contento con su situación o su nivel, quieren más, tener más ascender y arribar socialmente, y esto se contagia a los que tienen menos y no pertenecen a niveles sociales altos. Por eso la levadura se recoge para la semana del Pésaj. Porque es semana de humildad y humillación, de reconocer la Victoria del Padre sobre los enemigos. De presentarse, sentirse y verse necesitado de ayuda del Padre y de la comunidad.

El orgullo y la soberbia impiden sentirse desvalido ante el Padre y los hermanos. No dejará la soberbia, levadura asesina del alma, reconocer la necesidad de Dios y de los hermanos; las obras de Dios y de los hermanos. ¡Ay del que cayó en estas manos!, sólo el quebrantamiento reiterado y prolongado podrá sacar de su almas esta levadura de desgracia. Ese domingo de la Pascua oficial Judía, se quemaba la levadura, la soberbia. Y ese domingo, cinco días antes de la Pascua Judía, Jesús arroja a los vendedores del Templo. Saca del Templo de Su Padre la levadura de la corrupción que produce la soberbia. El soberbio no cumple ni siquiera las leyes naturales. Se siente eximido de ellas. No tiene autocrítica. Puede mentir, robar, calumniar, manipular, calcular, utilizar al otro, seducirlo para la realización de sus deseos; el soberbio puede hacer de todo sin restricciones de conciencia. El es Dios.

En el Templo están los vendedores, pero detrás de los vendedores están los sacerdotes, dueños de las ventas. Son ventas de animales, de ovejas, corderos, chivos, palomas, novillos, etc., para los sacrificios. Los encargados de los sacrificios eran los sacerdotes, ellos decretaban qué víctima llevaba cada uno en sacrificio por su pecado. Jesús saca de la Casa de Su Padre toda esta basura de mentira y de maldad: "Vinieron pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina" (Mc.11,15-19). Su Padre sólo quiere amor, solidaridad, lealtad y misericordia entre todos sus hijos y allí hay unos que están usando las debilidades de los otros para enriquecerse, para ejercer poder sobre ellos, porque se sienten más buenos, más cumplidores de la ley. Allí hay unos que se han convertido en el dios de sus hermanos, en su juez, en su explotador. Se han convertido en miserables empequeñecedores de los demás, obligando a todo el pueblo a respetar su aparente grandeza. Todo esto lo abomina Jesús. Toda esta levadura de hipocresía y falsedad, Jesús aquel domingo la saca de la Casa de Su Padre. Jesús en manos de gran indignación y dolor, comprueba que la casa de Su Padre ahora es "cueva de ladrones" (Lc.19,45-46).

Ese domingo, en su gran indignación, Jesús quema la levadura de la soberbia de la clase dirigente judía, que se valía del Templo, no para llevar el pueblo al Padre, sino para consumirlo y repletar sus arcas con las debilidades del pueblo. Les hacían llevar limosnas al Templo, donaciones al Templo, impuestos para el Templo, víctimas para el Templo. La Casa del Padre, donde los hijos tenían que sentirse amados y protegidos, se había convertido en un lugar donde los esquilmaban, los robaban y los engañaban. Ese día Jesús quemó esa levadura y limpió la Casa de Su Padre de todo tipo de negociables víctimas. Ese día anunció que saldrían todos los vendedores y las víctimas, porque el Padre estaba a punto de colocar para siempre y gratuitamente Su Cordero. Porque la Víctima del Padre era limpia, pura, sin levadura de engaño, robo y soberbia. Ese día preanunció que El sería la Víctima, que ya no había que comprar ni vender más animales para el sacrificio, porque El sería la Víctima para el Sacrificio y el Padre no la vendía y nadie podía comprarla, era gratuita, por puro amor.

Esa noche, la del domingo, también durmió en Betania: "...Salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí" (Mt. 21,17). "Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre" (Mt. 21,18). Claro que tuvo hambre, estaba haciendo el ayuno de los primogénitos que se hacía, como dijimos, el domingo. No porque fuera el día correspondiente, sino porque El estaba llevando a la plenitud de la Verdadera Pascua, la semana anterior a la fiesta de la liberación de Egipto o Pésaj, la Pascua Judía. Ese día maldijo la higuera. Era una higuera que solamente tenía hojas en una época que tenía que tener frutos. Con este signo indicó que el pueblo hebreo no había dado fruto. Porque el verdadero fruto consistía en reconocer al Mesías. Pero el Mesías había llegado humilde y la soberbia de ellos no los dejó reconocerlo. Durante toda esa semana se dedicó a hablar a los fariseos en forma de parábolas. Les habló de su idolatría a la ley; de su hipocresía; de su falta de fe y de confianza en el Padre; les dijo toda la realidad que tenían en sus corazones; les habló de cómo quedaban por fuera del Reino que El venía a instaurar y de cómo se quedarían en la Antigua Alianza ya pronta a morir (ver mi Segunda Carta). (Mt. 25; Mc. 11;12;13; Lc.20;21,1-24).

 

 

 

 

HOME - INTRODUCCIÓN - LA BIBLIA
CARTAS: 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13

Copyright ©2001-10 • Escríbenos a sabina1111@jesuspalabra.cl