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Durante
la mañana del primer día de la Pascua Judía, celebraban la Fiesta de los
Primogénitos en la cual éstos ayunaban. Esta fiesta era para ratificarle al
Padre que ellos sí cumplirían la
Alianza que habían pactado entre ambos: "YHVH habló
a Moisés, diciendo: Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz
entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío
es" (Ex.13,1-2). Los primogénitos eran el aval, la garantía del
cumplimiento, por parte de los hebreos, de la Alianza. Y a la
mañana siguiente de la reunión en Betania, aún seis días antes de la Pascua, Jesús entra
triunfal a Jerusalén, montado en una burra, que era el "vehículo
real". La multitud le suplicaba: "El siguiente día, grandes
multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén,
tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban "¡Hosanna!
(que significa: ¡¡Sálvanos te rogamos!!) ¡Bendito el que viene en el
nombre del Señor, el Rey de Israel! (Jn.12,12-13).
La palmera es signo de victoria, ascensión,
regeneración, resurrección, inmortalidad. Allí está Lázaro a quien ha
resucitado unos días antes. La fiesta de la noche anterior la celebró en casa
de él, que era hermano de Marta y María, sus tres grandes amigos. Ellos están
felices, frenéticos de ver a su hermano y amigo que había muerto y esta señal
les da la seguridad de que su Amigo Jesús es el Mesías, el Esperado, el
Anhelado. Por eso lo llevan a Jerusalén en vehículo real y le reclaman la Salvación diciéndole
repetidas veces "¡Hosanna!, ¡Hosanna!, ¡Hosanna!" No era
este el Día de los Primogénitos, esto estaba sucediendo una semana antes,
pero quedó celebrado ese día de manera tan misteriosa, que los discípulos no
entendieron: "Estas cosas no las entendieron sus
discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces
se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se
las habían hecho" (Jn. 12,16). Jesús estaba, entonces, entrando a
Jerusalén como el Primogénito del Padre, como el Aval del Padre de que El sí
cumpliría la Alianza
pactada con toda la humanidad desde Abraham: "Cuando
el Padre introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos
los ángeles de Dios" (Heb. 1,6). Jesús estaba también llevando a la
plenitud, en El, esta Fiesta de los Primogénitos, pero una semana antes,
porque El tenía que llevar a la plenitud la ley, no cambiándola, sino
variándola y colocándose El como el centro, objetivo y finalidad de ella. Ese
domingo anterior a la Fiesta
de los Primogénitos, El era el Primogénito del Padre que todo lo Regenera, lo
Resucita, lo Asciende, lo Inmortaliza, y da la Victoria sobre toda
muerte.
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