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EL SER HUMANO SEDIENTO DE SANGRE
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Para
saciar esta sed de sangre que tiene nuestra naturaleza humana, heredada de
nuestros ancestros mamíferos, el Padre ordenó al Pueblo hebreo una serie de
sacrificios donde deberían sacrificar corderos. Esta medida pedagógica del
Padre sería reemplazada a su debido tiempo por Su Hijo, para suprimir para
siempre los sacrificios de sangre. Estos
sacrificios eran, según Levítico 1-9: Sacrificio
de holocausto, por expiación: aquí el cordero se quemaba totalmente. Tal
como lo estamos viendo en Exodo 12, el Padre pidió a Su Pueblo que en el día
diez del primer mes tomaran un cordero por familia, según las familias de sus
padres, es decir, por cada una de las doce tribus. Significando así que sería
víctima por todos Sus hijos. Pero era también
un preanuncio de El
Padre pedía "cordero macho" porque las hembras no se
sacrificaban. En ellas estaba la potencia reproductora. "De un
año", porque su carne era blanda y tenía toda la fuerza del animal
nuevo. Deberían "guardarlo hasta el día catorce". "Cuatro
días" de cuarentena, como signo de la espera, de la espera de la
liberación. Deberían "sacrificarlo en presencia de toda la
congregación del Pueblo de Israel", para que todos supieran que era
la sangre del cordero la que los estaba liberando de la esclavitud egipcia.
El sacrificio deberían hacerlo "entre las dos tardes", es
decir entre la hora que empieza el sol a declinar y su ocaso total. Esto es,
entre las tres y las seis de la tarde. A la "hora nona" según la
manera de dividir el día para el pueblo hebreo. |
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