YHVH NO PIDIO A ABRAHAM SACRIFICAR A SU HIJO

 

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Abraham era idólatra cuando el Padre Dios se le presentó: "Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice YHVH, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños" (Jos. 24,2). Es por esta razón, para gratificar a su nuevo Dios, Vivo y Verdadero, que Abraham quiso sacrificar a su hijo Isaac a YHVH su Padre Dios. Pero El no se lo permitió: "Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el Angel de YHVH le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y el respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo" (Gen. 22,10-13). De esta manera el Padre suprimió para siempre los sacrificios humanos. Empezó por erradicar esta bárbara costumbre de Abraham y Sara, con quienes empezaría a formar el pueblo hebreo al sacarlos de la cultura semita, donde sí estaba radicada esta costumbre. Aquí hay una profecía muy hermosa, puesto que el carnero es la oveja macho y Abraham es el padre de la fe y padre de multitudes, esto significa su nombre. Abraham y el carnero que se encuentra trabado en la zarza, son los signos en la Alianza con Abraham, de que en la Nueva Alianza el Padre Celestial pondrá la Oveja, la Víctima para el Sacrificio. Abraham, sacrificando a su hijo voluntariamente, representa al Padre YHVH quien más adelante haría lo mismo. Asimismo, el carnero trabado en la zarza es signo de Jesús en la cruz, ofrecido por el Padre como Víctima por todos y así terminar para siempre con todos los sacrificios tanto humanos como animales. Jesús es Víctima Eterna, porque es Hijo Eterno, Cordero Eterno y Sangre Eterna. Así se cumple la profecía de Abraham: "Dios se proveerá el cordero para el holocausto" (Gen. 22,8 ; ver mi Sexta Carta).

En la manera de enseñar que tuvo el Padre con Su pueblo usó el cordero durante los dos mil primeros años de historia de este pueblo para cambiarles la conciencia. El cambio consistiría en no hacer más sacrificios humanos y hacerlos de corderos. Aún así, por el año 585 a.c., el Padre se queja ante el profeta Jeremías de la manera de actuar de sus hijos: "Di, pues, a la casa de Israel: Así ha dicho YHVH el Señor: ¿No os contamináis vosotros a la manera de vuestros padres, y fornicáis tras sus abominaciones? Porque ofreciendo vuestras ofrendas, haciendo pasar vuestros hijos por el fuego, os habéis contaminado con todos vuestros ídolos hasta hoy..." (Ez. 20,30-31a). Fue difícil erradicar esta costumbre que la tenían arraigada desde miles y miles de años atrás. Esto demuestra la cantidad de tiempo que se necesita para formar conciencia respecto de las cualidades humanas en el hombre. Porque nuestra naturaleza siempre tiende a volver atrás. Tendemos a repetir, a permanecer en las costumbres bárbaras, animalescas. Frente a estas costumbres no se necesita formar conciencia, la conciencia es para salir de ellas. Los niños hoy juegan a patear a sus compañeros; las despedidas de solteros se convierten en una horda de salvajes destrozando a una víctima; la fiestas universitarias, para estudiantes recién ingresados, son verdaderas orgías canibalescas. Es absurdo ver personas que destruyen los bosques nativos con su fauna, su flora, y sus aguas, para plantar árboles con el fin de venderlos.

Sembrar estas animales costumbres es fácil, porque tenemos sensores internos para esto. Es de estas costumbres cavernícolas de donde nos quiere sacar el Padre, por medio de Jesucristo, porque El es el Cordero Eterno y Permanente que puede saciar nuestra sed de sangre y de venganza (ver mi Sexta Carta). El es el único que puede hacernos hombres capaces de comunicarnos entre nosotros desde la realidad de Su Padre, desde Sus Sentimientos Divinos de solidaridad, lealtad y misericordia (ver mi Segunda Carta). A causa de esta resistencia que opone nuestra conciencia al cambio, se deben hacer presentes en nosotros los sentimientos Divinos de misericordia, tolerancia y paciencia, cuando vemos que la historia humana pareciera más involucionar que continuar desarrollándose. Nuestra conciencia es dura de moldear, tenaz, resistente al cambio, pareciera que estuviera ligada a estructuras genéticas y que necesita muchas generaciones para que genere una transformación.

 

 

 

 

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