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YHVH
sólo anhelaba aliarse al ser humano, «alearse» a él. Este deseo lo concreta
en Abraham, por medio del Pacto que hace con él: "Y
estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en tus
generaciones, por alianza perpetua, para serte a ti por Dios, y a tu simiente
después de ti" (Gen. 17,7). ¿Y cómo se sabría que Abraham y
sus descendientes estaban «aleados», fundidos en YHVH? ¿Cuál sería la señal,
o el signo para indicar quiénes eran los seres humanos que estaban
participando de esta relación de amor y amistad con YHVH?: "Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y
tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre
vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal (signo) del
pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo
varón entre vosotros por todas vuestras generaciones..."
(Gen. 17,10-12a). La circuncisión era "el signo visible de una rea-lidad
invisible". ¿Cuál? La de ya no pertenecer a ídolos mudos (Sab.
13 y 14) como los demás pueblos con los que compartían historia y tierras. Y
la de pertenecer al pueblo cuyo propio Padre era YHVH, puesto que les había
«abierto» la matriz a las tres primeras matriarcas estériles: Sara (Gen. 11,
30), Rebeca (Gen. 25, 21) y Raquel (Gen. 29, 31). Así fue como se hizo Padre
de este pueblo naciente (Ex. 4, 22), que empezó a llevar la circuncisión como
signo, como señal de pertenencia a esta familia que estaba «aleada» y fundida
con YHVH. De esta manera se diferenciaba de las demás naciones, de los demás
pueblos de la tierra, que estaban todavía adorando ídolos. Cuando iban de
camino y se encontraban con pueblos idólatras en los oasis del desierto, era
evidente, a la hora de lavarse, el signo de pertenencia a la familia de YHVH.
¿Y
por qué con derramamiento de sangre?: "Porque la vida de la carne
está en la sangre, y yo os la doy al hacer expiación sobre el altar por
vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona"
(Lev. 17,11). La idolatría significaba y significa el camino de la no vida,
de la muerte, porque no lleva a tener contacto con el Dios Vivo. El
derramamiento de sangre en la circuncisión significaba que se moría a la
idolatría. Al cicatrizar las heridas, se adquiría una nueva forma. Nueva
forma que era el signo visible de pertenecer a una nueva forma de vivir: en
dependencia directa con el Dios Padre, Creador de todas las cosas. Al
entrar en contacto con Abram, como YHVH carece de cuerpo para ser visto, oído
y tocado, tuvo que quedarse con ellos en forma de signo o señal. Y ese signo
en su órgano reproductor, era señal para los otros pueblos de que este pueblo
hebreo era signo de Dios y al mismo tiempo de toda su descendencia. Además
Abraham empezó a edificar altares que los dejaba a su paso, estos altares
eran signos de que el Dios Unico, Vivo y Verdadero había entrado en contacto
con la creación, con la humanidad, con Abraham. Estos altares eran signos de
que el pueblo hebreo estaba adorando a un Dios diferente a los dioses que
adoraban los otros pueblos ya que estos aún adoraban a las criaturas hechas
por YHVH: "Y
apareció YHVH a Abraham, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a YHVH, quien le había aparecido" (Gen. 12,7). "Luego se
pasó de allí a un monte al oriente de Betel y plantó su tienda, teniendo a
Betel al occidente y Hai al oriente; y
edificó allí altar a YHVH e invocó el nombre
de YHVH" (Gen. 12,8). Las
naciones, los pueblos de la tierra, o sea los que no eran hebreos (Deut. 18,
9-12; Ez. 36,20), sabían que estas personas descendientes de Abraham y que se
les decía hebreos, eran el signo de un Dios Vivo, y Padre. "Ahora
conozco que YHVH es más grande que todos los dioses..." (Ex.18,11). "Porque
¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos co- mo lo está
YHVH nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?" (Deut. 4,7; 1Sam. 5,7;
1 Sam. 6,20). |
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