EL SIGNO REVELA UN MISTERIO

 

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Un signo revela y muestra algo para sacarlo del misterio. Representa algo que no vemos y que hace cambiar nuestro pensamiento cuando discernimos, o entendemos.

El signo es el más rápido comunicador. Un sólo significante indica más cosas, situaciones e instancias «ocultas» tras el signo, que el lenguaje oral o escrito. Fueron signos presentes en la naturaleza, los que llevaron a los hombres primitivos a saber que Dios existía. Un árbol, un niño, una flor, un fruto, un huracán, un volcán en erupción, los llevaron a reflexionar sobre Su Existencia y a relacionarse con El según sus culturas. Unos le adjudicaron la divinidad al sol, otros a los animales, otros a algunos astros, a personajes de la imaginación, como en el Olimpo griego. En fin, fueron los signos dejados en la tierra por el Creador, lo que los llevó a comunicarse con El.

Desde siempre el hombre se ha comunicado por signos. Signos visuales, signos auditivos. La naturaleza es rica en ellos: muchas golondrinas volando bajo indican buen tiempo. Ratones saliendo de sus madrigueras, mucho frío. Picaflores que desaparecen antes de terminar la primavera, indican que en otro lugar ya hay flores. Una mujer en embarazo indica que nacerá una persona. Las golondrinas, los ratones, las flores y la nueva persona, son el significante de distintos significados.

El ser humano es en esencia un ser sacramental. Esto significa que ha sido y será por siempre un ser que reacciona ante los signos pues a cada momento su vida se ve alterada y modificada por los diferentes signos que se le presentan. Los signos alteran su pensamiento, su discernimiento y sus acciones, revelando situaciones que desconoce en sí mismas. Una persona está saliendo de su casa sin abrigo, ve un nubarrón oscuro y se devuelve a buscar un paraguas o algo para abrigarse. Y no sólo el ser humano es en esencia un ser sacramental, también toda la naturaleza lo es. ¿Cuál signo reciben los patos para iniciar sus migraciones?

Desde el pithecántropus, prueba irrefutable de que hubo un eslabón entre los monos antropomorfos y el hombre, hasta el hombre moderno, la manera más rápida de transmitir algo es por medio de signos. El homo habilis dejó signos de su existencia en las cavernas donde habitó. Aún están allí las pinturas que hizo hace dos millo-nes de años. Y las hizo para dejar mensajes a los homo habilis que habían salido de caza o en busca de mejores lugares.

La creación entera, el sol, el mar, los astros, las plantas, los frutos, fueron desarrollando en el ser humano primitivo el pensamiento metafísico. Las criaturas eran signo de alguien que ellos no veían, pero sabían que «ahí» estaba, porque las obras estaban indicando la presencia de «otro» junto a ellos que no sabían quién era y que no podían ver. A este «alguien", invisible, pero actuante, porque deja-ba sus signos de existencia por todas partes, los primitivos seres humanos en todas las culturas lo llamaron dios y empezaron a rendirle culto y a adorarle. Le empezaron a dar forma. Unas culturas le dieron forma de animal terrestre; otras, de animal marino; otras de aves; de relámpagos, de mar, de sol, de estrellas, también de leyendas y mitos. Así se fue desarrollando en el ser humano naciente el pensamiento metafísico. Aprendieron a pensar más allá de lo físico, a conectarse con ese «alguien» que desde las sombras hacía que saliera el sol, que explotaran los volcanes, que nacieran los niños, que los árboles dieran frutos. Y empezaron las imágenes de lo que ellos pensaban que eran sus dioses. Labraron divinidades de madera, de piedra, construyeron templos. Y con todo esto, estaban haciendo signos que indicaban que tras esos signos estaba su Dios y Creador a quien rendían tributo.

 

 

 

 

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