NOVENA CARTA

 

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Dios siempre se ha comunicado con nosotros por medio de signos. Por medio de señales se ha hecho presente entre nosotros. Con signos y señales ha penetrado en nuestra realidad visible para manifestarnos en ella Su permanente Amor Paternal.

Se hizo visible a Abraham cuando se le presentó en forma de Tres Hombres. Ellos eran el signo de que El es Tres Personas en Un Solo Dios y que estaba anhelante de que Abraham tuviera un hijo. Este era el mayor anhelo de Abraham y su máxima frustración y dolor: "Después de estas cosas vino la palabra de YHVH a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió Abram: Señor YHVH, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es el damasceno Eliezer? Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de YHVH, diciendo: no te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará" (Gen. 15, 1-4). El Padre quería cumplir los deseos de Su hijo y así lo hizo. Se integró a la realidad personal de Abram y Sara compadeciéndose de su dolor y otorgándoles su máximo deseo: el hijo. Así, con este signo paternal El se hacía visible entre ellos como Padre: "Visitó YHVH a Sara, como había dicho, e hizo YHVH con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho" (Gen.21,1-2).

Se hizo visible al pueblo hebreo abriendo el Mar Rojo para que escaparan de los egipcios. Con este signo se les manifiesta otra vez como Padre Fiel que está pendiente de la situación de sus hijos: "Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que YHVH hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. YHVH peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. Entonces YHVH dijo a Moisés: ¿Por qué clamáis a mí? Dí a los hijos de Israel que marchen. Y tú, alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco... Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo YHVH que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda... Así salvó YHVH aquel día a Israel de mano de los egipcios..." (Ex.14, 13-16. 21-22. 30).

Y mientras caminaban por el desierto se hizo presente por medio de signos pródigos y continuos. El Padre se integraba a la reali-dad de Sus hijos, por medio de intensos cuidados paternales. Los guiaba por medio de una nube durante el día y con ella los protegía del sol. Durante la noche los guiaba por medio de una columna de fuego y los cobijaba así del frío nocturno del desierto: "Y, YHVH iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego" (Ex.13,21-22). Los alimentó con ricos y frescos manjares cuando tuvieron hambre. Codornices y pan del cielo que ellos llamaron "Maná": "Y YHVH dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día... Y YHVH habló a Moisés, diciendo: Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de este pan, y sabréis que yo soy YHVH vuestro Dios. Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. Y viendo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? Porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que YHVH os da para comer" (Ex. 16, 4.11-15).

Y como Padre que sufre con la sed de sus hijos, les dio agua proveyéndola de maneras prodigiosas: "Clamó Moisés a YHVH, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán. Y YHVH dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y vé. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel" (Ex.17, 4-6). En estos signos mostraba Su Presencia junto al caminar de Su Pueblo por el desierto.

Ha sido el signo la forma más concreta con la que YHVH se ha comunicado con nosotros durante toda nuestra historia. Cuando los hebreos vieron abrirse el mar, entendieron que era signo de que el Padre era quien los estaba liberando de la esclavitud egipcia. Y cuando bebieron de las aguas amargas, transformadas en dulces, comprendieron que ese era el signo de que el Padre Celestial estaba con ellos. Cuando comieron el maná y caminaron por camino recto en el desierto, guiados por la columna de fuego y la nube hasta la Tierra Prometida, supieron que el Padre los amaba, que sí compartía y convivía con ellos, que iba con ellos.

Estas son las formas concretas que tiene el Padre de comunicarse con nosotros, de hacerse visible en nuestra realidad invisible. Estos signos visibles que muestran realidades invisibles se llaman SACRAMENTOS. El hace sagrados ciertos objetos y situaciones cuando los unge con Su Presencia, cuando los hace santos al usarlos para manifestarse, para comunicarse con nosotros, para integrarse de manera visible a nuestra realidad, para dejar de estar invisible a nuestros sentidos.

El primer signo visible de Su Existencia fue Isaac, de él se formó un pueblo para Sí, que hasta hoy es signo de Su Existencia: "Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré , y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella" (Gen. 17,15-16). A este pueblo le fue dando señales, le fue dando signos de que en él estaba presente el Dios Unico, Vivo y Verdadero. Y asimismo convirtió a este pueblo en signo de Su Presencia ante otros pueblos beduinos del desierto cuando los hizo circuncidar: "Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros" (Gen 17,10-11). Quedaba en los varones de esta raza la señal visible, el signo de que pertenecían al Dios Unico, Vivo y Verdadero que se manifestaba por medio de señales visibles, palpables, vitales. Mientras, los otros pueblos rogaban a sus divinidades animales, astrales, de piedra y madera y éstas permanecían mudas, sin manifestarse, puesto que sólo eran criaturas creadas por el Dios del pueblo hebreo: YHVH: "¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿La estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? ¡Ay del que dice al palo: Despierta; y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu dentro de él" (Hab. 2,18-19).

 

 

 

 

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