"MIRARE AL QUE TIEMBLA ANTE MI PALABRA"

 

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También Señor "Envías tu Palabra para sanarnos y librarnos de nuestra ruina" (Sal.107,20). Cuántos estarían sanos de tantas enfermedades del alma que se manifiestan en el cuerpo, y cuántos más estarían libres de sus ruinas interiores y exteriores si se hubieran relacionado Contigo y Tu Palabra.

Señor: "Toda Palabra tuya es limpia; y Tú eres escudo para quienes esperamos en Ti. No podemos añadir nada a tus palabras para que no nos reprendas y no nos encuentres mentirosos" (Prov. 30, 5,6). Señor, nada hay en tu Palabra que pueda ensuciar nuestra alma: el miedo y el temor no encontrarán cabida en nosotros, porque Tu, por medio de Tu Palabra, eres nuestro escudo y ninguna flecha podrá entrar en nosotros. Tu Palabra es completa, íntegra, no podemos aumentarla con nuestros pensamientos y doctrinas humanas, que están tan por debajo de los tuyos. Añadir algo a Ella es mentir, y mentir es proclamarse hijo de Satanás (Jn. 8,44ss; ver mi Séptima Carta).

"Y vendrán muchos pueblos y dirán: Venid y subamos al monte de YHVH, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñarán sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la Palabra de YHVH" (Is. 2,3). ¿Cómo va a ser que en el año 750 a.c. después de mil cien años de historia de este pueblo con YHVH, y habiendo ya algunos libros escritos, se diga que de Jerusalén saldrá la Palabra de YHVH? La única respuesta es porque Jesús, la Palabra de YHVH, salió de Jerusalén al Gólgota, a hacerse Palabra del Padre en Su muerte y Su Resurrección. Gracias Jesús porque al salir de Jerusalén para ser crucificado en el Gólgota, Tú que eres la Palabra, pronunciaste con tu Muerte y Tu Resurrección la máxima Palabra Creadora: VIDA ETERNA.

Porque Tú, Palabra de Vida Eterna haces obras que nadie puede hacer: "En aquel tiempo los sordos oirán las Palabras del Libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas" (Is. 29,18). Y esto hiciste cuando te hiciste hombre: abrir con tu Palabra los oídos de los sordos y los ojos de los ciegos. ¡Señor repite esa obra de amor entre nosotros!

Señor, porque Tú eres Eterno, Tu Palabra es Eterna: "Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la Palabra del Dios nuestro permanece para siempre" (Is. 40,8; 1Ped. 1,24-25). Señor Jesús: Tú que escudriñas los corazones, sabes cuánta alegría me da el saber que siempre, siempre, estarás con nosotros y que ni siquiera el tiempo podrá contra Ti. ¡Gracias Jesús!

Y gracias también por tu integridad, por ser derecho, de una sola Palabra, por ser Varón Perfecto: "Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en salvación, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla y jurará toda lengua" (Is. 45, 23; Rom. 14,11; Fil. 2,10-11). De qué tener miedo, ¿si el más grande de los grandes de este mundo también un día doblegará ante Ti su rodilla?

Señor, Tu Palabra me estremece: me llena de asombro el comprobar que las Palabras de cada Eucaristía van señalando, "misteriosamente", lo que va sucediendo en la vida del que se ha entregado a Ella. "Mi mano hizo todas estas cosas y así todas estas cosas fueron, dice YHVH; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de Espíritu, y que tiembla ante mi Palabra" (Is.66,2).

 

 

 

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