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Jn.5,
37-47: "También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí (esto ocurrió en el bautismo de Jesús, ver Lc. 3,21-22). Nunca
habéis oído su voz ni visto su aspecto (porque
lo están rechazando a El, a Jesús, que es la Voz y el Aspecto del Padre), ni
tenéis Su Palabra morando en vosotros (porque Jesús es la Palabra y no mora en
Jerusalén donde se encuentra en estos momentos. El mora en Galilea y los
judíos con los que discute, viven en Jerusalén Jn.5,1), porque a quien él envió vosotros no le creéis
(el que el Padre envió fue a Jesucristo, Su Hijo Unico). Escudriñad las
Escrituras (lo que estamos haciendo); porque a vosotros os parece que
en ellas tenéis la vida eterna (Ellas en sí no dan la vida eterna, ni
salvan; lo hacen en tanto nos relacionemos con Ellas como Jesús mismo); y
ellas son las que dan testimonio de mí (no podían estar en contacto con la Sagrada Escritura
y rechazar a Jesús, esto era un absurdo, lo que significaba que su relación
con la Palabra
era solamente intelectual, porque Jesús es la Palabra y rechazándolo a
El, la rechazan a Ella); y no queréis venir a mí para que tengáis vida
(en la Antigua
Alianza estaba la muerte como castigo a muchas infracciones
de la ley de Moisés). Gloria de los hombres no recibo (ellos sí: Lc.
11,43). Mas yo os conozco que no tenéis amor de Dios en vosotros
(Jesús es el amor del Padre y lo rechazan Jn. 3,16). Yo he venido en
nombre de mi Padre, y no me recibís (nombre, presencia. Jesús es el Padre
presente); si otro viniere en su propio nombre, a ese recibiréis (les
está recriminando el que acepten a los falsos profetas (Hech. 5, 36,37). ¿Cómo
podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no
buscáis la gloria que viene del Dios único? (Se apacientan a sí mismos
Ez, 34, 2 y no les interesa la gloria del Padre manifestada por medio de
Jesús. Son dioses los unos para los otros). No penséis que yo voy a
acusaros delante del Padre (su misión no es juzgar sino salvar Jn.
12,47). Hay quien os acusa, Moisés en quien tenéis vuestra esperanza
(no está hablando de la persona de Moisés, sino de las leyes que le fueron
dadas, y que, al infringirlas, obviamente, los acusaban. Además le
concedieron a la ley el poder de salvar, por eso tienen en ella la esperanza
y no en el Mesías. Creían que cumpliendo los mandamientos se salvaban). Porque
si creyéseis a Moisés, me creeríais a mí porque de mí escribió él (ya
sabemos que Moisés no escribió, sino que los libros de la Torá (en hebreo) o
Pentateuco (en griego) que son: Génesis, Exodo, Levítico, Números y
Deuteronomio, se los adjudican a él por ser el principal personaje de ellos.
Esto se llama seudo-epigrafía. En estos libros se anuncia varias veces a
Jesús en boca de Moisés: Gen. 3,15; Gen 22,18; Gen. 49,10; Dt. 18,15). Pero
si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras? "
(Obvio, si no creen en las palabras del que lo anuncia, menos en El
Anunciado).
Cuando
encontremos a Jesús en estas discusiones con perfiles agresivos, es porque
con seguridad está hablando con sacerdotes, fariseos, escribas, doctores de
la ley, con los dirigentes religiosos de Israel, que fueron los que lo
rechazaron (Jn.1,11).
Jn.6,63:
"El Espíritu es el que da vida (porque es el
Espíritu el agua que hace renacer lo que está vivo pero muerto en nosotros,
Jn 3, 5-6; Rom. 8); la carne nada aprovecha (se
refiere Jesús a la carne de la circuncisión, del prepucio, como símbolo de
que lo antiguo sería pasajero. La ley de la carne o de Moisés, solamente
abriría el camino para la ley del Espíritu, la de Jesús. De nuevo está
reemplazando las leyes de Moisés, por las suyas (Rom.8); las Palabras
que yo os he hablado son Espíritu y son Vida (porque
"la Palabra
es viva y eficaz" Heb.12,a; viva porque la Palabra es El Jn.
1,1-14).
Jn.
6,68: "Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Sólo tú
tienes Palabra de Vida Eterna" (Las palabras de todas
las demás personas, si no son las de la Sagrada Escritura,
pasan, no producen en nosotros la vida que sí produce la Palabra de Dios, 2Cor.
3,6).
Jn.
8,31-32: "Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él:
Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis
discípulos". (Claro, conocer la Palabra es conocerlo a El, y El es
irresistible, no se puede conocerlo y no seguirlo; no se puede conocerlo y no
ser su discípulo. Es un ser demasiadamente atractivo como para dejarlo por otro
Mt. 4,20.22.25; Mt.9,9). "Y conoceréis la verdad y la verdad os hará
libres". (Esa es la misión de Jesús: libertarnos, liberarnos y
ponernos en el camino de la libertad Gal. 5,1.13; 2Cor.3,17).
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