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En
este "midrash", vamos a escudriñar el símbolo "espada"
en el Apocalipsis.
En
el libro de las Revelaciones o Apocalipsis (ver mi séptima carta) es el
apóstol Juan el que tiene las revelaciones, el que las escribe, pero quien le
comunica al apóstol las revelaciones es Jesucristo: " Yo Juan,
vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la
paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios y el
testimonio de Jesucristo. (Lo había desterrado el emperador Domiciano, en
el año 95 d.c., a esta isla griega ).Yo estaba en el Espíritu en el día
del Señor, y oí detrás de mi una gran voz como de trompeta,que decía: Yo soy
el Alfa y la Omega,
el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete
Iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis,
Filadelfia y Laodicea. Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y
vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno
semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies,
y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Sus cabeza y sus cabellos eran
blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus
pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como
estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca
salía una espada aguda de dos filos; y su rostro
era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como
muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo
soy el primero y el último: y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí vivo
por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del
Hades. Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser
después de estas (Ap.1,9-19). De esta gloriosa y esplendorosa forma se le
presentó Jesucristo a Juan, para revelarle lo que necesitaba que su pueblo
oyera. Y al presentarse con "una espada aguda de
dos filos que salía de su boca", al final de todo el Libro
Sagrado en el Apocalipsis, está diciendo de manera victoriosa que la Palabra, que es "espada
aguda de dos filos", le pertenece a El, es de El, es Su lengua, es
El. Esa Palabra que sale de su boca corta y separa.
La
manifestación más gloriosa de Jesucristo en toda la Sagrada Palabra
es ésta, la de Apocalipsis 1 que acabamos de leer, y luego añade: "Y
escribe al ángel de la
Iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos
filos dice esto: yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de
Satanás; pero retienes mi nombre, y no has renegado de mi fe, ni aún en los
días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora
Satanás. Tengo contra ti que tienes ahí a los que retienen la doctrina de
Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a
comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. Y también
tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.
Por tanto arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto y pelearé contra ellos
con la espada de mi boca. El que tiene oído oiga
lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del
maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito
un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe" (Ap.
2.12-17).
Vamos
a escudriñar la razón por la cual se le presenta a la Iglesia de Pérgamo como
"el que tiene la espada aguda de dos filos" (Ap.2,12). Esta
iglesia, como lo denuncia el mismo Jesucristo había caído en el "sincretismo"
(mescolanza de pedacitos de doctrina de varias religiones). Tenía de la
lejana idolatría de la época del Exodo, de la doctrina de Balaam
(Num.25,1-3; 31,16). A esto le mezclaban doctrinas del sacerdocio caldeo, que
se había establecido en Pérgamo cuando los persas se apoderaron de Babilonia.
Allí establecieron su escuela central y la sede de su religión. En sus
templos adoraban serpientes vivas (trono de Satanás). Y, además, le mezclaban
las sutilezas de la filosofía grecolatina (nicolaítas). Y con todo esto, esta
iglesia se llamaba cristiana. Por eso la Palabra de Jesús, la "espada aguda de
doble filo", tenía que hablarles para cortar y separar este engendro
religioso que llamaban cristianismo. Es "con la espada de Su
boca" que está peleando contra ellos, porque "la espada de
doble filo", la
Palabra de Jesús, es el único poder contra la hipocresía,
el engaño y el doblez. Es Ella la que nos muestra cuándo nuestra fe está
formada de idolatría mezclada con el nombre de Jesucristo, como lo estaban
haciendo los de la iglesia de Pérgamo.
Nosotros
también somos iglesia de Pérgamo cuando al Camino de Jesús le mezclamos el
yoga, el anagrama, la meditación trascendental, el control Silva, el Tarot,
El P.R.H. (Personalidad y Relaciones Humanas) la aromaterapia, la terapia de
los colores, la de las piedras, la pirámide y tantas doctrinas humanas
filosóficas que se van enredando entre los diferentes versículos de la Palabra de Dios, hasta
convertirnos no en Iglesia Católica, sino en Iglesia de Pérgamo. Las Palabras
de Moisés (ver mi séptima carta), Jesús, San Pablo, son Palabra de Dios
inspiradas por el Espíritu Santo. Son la "espada aguda de doble
filo", que nos dice que "quien no está con El, está contra El"
(Lc. 11,23), y también dice "que no podemos servir a dos señores al
mismo tiempo" (Mt.6,24).
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