COHERENCIA ENTRE PENSAR, SENTIR Y ACTUAR

 

 

 

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En el lenguaje Divino, no se puede pensar sin amar y tampoco amar sin pensar. Así es el hombre: pensamiento y sentimiento unidos, se complementan, y esta complementariedad hace que la persona sea coherente entre su pensar, su sentir y su actuar. Una de las grandes enfermedades actuales es sentir una cosa, pensar otra cosa y actuar de otra manera. Por eso, el mejor remedio contra la hipocresía, la doble moral, y las enfermedades síquicas es la inteligencia del corazón bien desarrollada: en donde lo que pienso, es lo que siento y lo que hago. Por supuesto que estamos hablando de pensamientos, sentimientos y actitudes del Reino de Dios, de criterios de la Sagrada Escritura, no de libertinaje. ¡Cuántos hay que no dicen lo que piensan; dicen lo que no piensan y no sienten lo que dicen, y no piensan lo que sienten, y sienten lo que no piensan, y hacen lo que ni piensan, ni sienten, ni dicen, ni...!

¿Cómo puedo desarrollar la inteligencia del corazón? El Señor dice cómo en el Salmo 90 (89) (se lee el Salmo que no está entre paréntesis, porque el que está entre paréntesis se debe a que en la traducción de los 70, la Septuaquinta, los salmos 9 y 10 los juntaron, estando separados en LA BIBLIA original hebrea. Luego en posteriores traducciones los volvieron a separar y ahí quedó el enredo): "¡Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría!" (Sal. 90,12). Es el Señor quien nos tiene que ir abriendo esta capacidad, la Sabiduría. Se la tenemos que pedir. El es quien nos enseña a mirar la vida y la realidad con el corazón y la mente unidos. Tenemos que pedirle al Señor y a Su Santa Espíritu que entre en nuestra vida la sabiduría, la inteligencia del corazón. Es decir, lo primero que tenemos que hacer para desarrollar este don natural humano que los occidentales hemos perdido, es pedírselo al Señor, y, como orar es anhelar, tenemos que anhelarlo: "Concédeme Señor la inteligencia del corazón porque quiero conocerte, entenderte, oírte, verte y amarte. Quiero que me fecundes con tu Espíritu, que cambies mi mentalidad, nacer de nuevo, que emerja desde mi interior el hombre nuevo, la verdadera persona que tú creaste a tu imagen y semejanza, creando como Tú, pensando como Tú, sintiendo como Tú, movilizándome como Tú. Amen".

Además de orar, tenemos que acompañar la oración con una actitud permanente de contemplación en la vida. ¿Cómo es eso? Aprender a contemplar al Señor y Su acción en nuestra vida. Aprender a contemplar Su presencia continua junto a nosotros: qué me dice, cómo me lo dice, qué quiere de mí, para mí, para los otros, etc. Este es el hábito contemplativo que, al desarrollarlo, me permite captar bien clara y directamente cuánto me ama el Padre y cuán presente está en cada momento de mi vida. El Señor Jesús dice: "...He aquí yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Amén" (Mt. 28, 20b). Cuando contemplo Su actuar efectivo y concreto y Su presencia real y palpable en mi vida, puedo decir que YO SE QUE ESTA CONMIGO TODOS LOS DIAS HASTA EL FIN.

AMEN es otro anagrama. El hebreo esconde en las palabras grandes significados. Esto hace que la palabra signifique mucho más de lo que ella dice en sí. AMEN es "así sea", pero ese es su último y más pequeño significado. Miremos el acróstico o anagrama lo que dice, lo que tienen escondido estas 5 letras que solemos repetir en forma inconsciente:

 

A = Abba = Padre
M = Melec = Rey
E = El = Dios
N = Neeman =Misericordioso

 

 

 

Amen significa
"Dios Padre es Rey Confiable"

 

 

Es verdad, Jesús está con nosotros todos los días, pero ¿cómo verlo?, ¿dónde?, ¿cuándo? Es aquí donde tenemos que desarrollar la "inteligencia del corazón". Encontrar al Señor en cada día significa iluminar la realidad con la presencia que llevamos de El en nuestro corazón, y, al alumbrarla, lo vamos viendo, descubriendo, reconociendo, familiarizándonos con Su Presencia particular y personal en nuestra vida. Encontrarlo en cada día significa discernir Su Presencia, "oír" Su Presencia junto a nosotros a cada instante. No se trata de hacer una reflexión intelectual ni de repetir de memoria el catecismo aprendido en nuestra infancia: "Sí, claro, por supuesto que Dios está con nosotros, porque El es el Creador del Universo y El permanece junto a cada uno de sus hijos que tanto ama, por los que dio su vida, y cada uno de nosotros estamos constantemente en su mirada, y, blá, blá, blá", un palabrerío que nos oculta nuestra incapacidad de entrar en contacto con El, de establecer relación personal con El. Se trata de discernir, de descubrir Su Presencia junto a mí, es una relación de amor. PORQUE LO QUE EL SEÑOR MÁS DESEA ES ESTABLECER CONTACTO Y RELACIÓN PERSONAL CONTIGO Y CONMIGO, CON CADA UNO DE SUS HIJOS.

¿Cómo captar Su Presencia en mi vida? El Señor no se nos manifiesta en forma humana, no podría, esa forma humana de Jesús ya pasó. Ahora se manifiesta de muchas otras maneras: por signos, por símbolos, por señales; y son estos signos y señales los que tenemos que aprender a observar, contemplar, leer, mirar, ver, oír como Su Presencia en nuestra vida. Cuántas veces somos preservados de accidentes, de los efectos de la envidia, cuántas veces se nos manifiesta mediante la belleza de la creación, de una flor, en momentos especiales en que necesitamos sentirlo con nosotros. Cuántas veces se presenta en forma de alguna persona, de un amigo, de una llamada telefónica, y estas son formas palpables de Su amor y Su Presencia con nosotros. Por ejemplo, desde que vivo en Valdivia, cada vez que me desanimo por las dificultades y persecuciones, aparece un arco iris que me recuerda la Alianza Eterna y Universal (ver mi segunda carta) que tenemos los dos. Con este hermoso signo me recuerda que aquí está conmigo cada día, que no se desliga de mí y que no me desligue yo de El. Así, cada día y varias veces cada día, hay muchas señales de Su Presencia a nuestro lado, señales personalizadas, señales para cada uno en particular, que cada uno aprende a leer y a interpretar como Su presencia diaria y constante a nuestro lado. Te desafío a que mires con tu corazón y escuches con tu oído las formas concretas con las cuales el Señor se te manifiesta a cada instante. Manteniendo tu ser atento a los signos y señales del Señor en tu vida, irás desarrollando la "inteligencia del corazón" e irá creciendo tu "inteligencia espiritual", para comprender y amar a Dios Palabra, a Dios Dabar, a Jesús Verbo.

 

 

 

 

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