PARA LEER LA BIBLIA
HAY QUE CAMBIAR DE MENTALIDAD

 

 

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Así como el título lo indica, no se puede leer LA BIBLIA con la misma mentalidad con la que leemos una novela, un libro de aventuras, un texto cualquiera o el diario. Lo que leemos en estos medios se nos puede olvidar o pasar de largo, sin modificar ninguna parte de nuestro ser. No es así con la Sagrada Escritura. Esta no es simplemente una lectura, es un encuentro. Y es un encuentro con una Persona, con la Persona de Jesús. Un encuentro que deja en nosotros una huella, que nos hace vivir una experiencia donde participamos con todo nuestro ser. No es por tanto LA BIBLIA algo para recordar o saber, no es un tema. Por eso es necesario cambiar de mentalidad para poder ponernos en contacto con este ser que es la Palabra de Dios, que es Dabar, que es Jesús.

El hebreo desarrolló la inteligencia del corazón, esto significa que ama entendiendo y entiende amando, que amar y entender van unidos. Entender, para el hebreo, no es un ejercicio de la mente para tener una definición de un fenómeno; no, es comprometer todo su ser, sus emociones, sus sentimientos, en lo que está entendiendo. Ama lo que está entendiendo y entiende lo que está amando. San Agustín decía: "Ama y entenderás, porque el que juzga ama pero no entiende". Nosotros los occidentales, en cambio, podemos amar sin entender y entender sin amar. Gran parte de nuestro ser no se compromete en gran parte de nuestra vida. Por eso ante muchas realidades permanecemos fríos, impávidos, duros e insensibles. Vivimos la vida superficialmente, sin un sentido profundo, sin haber encontrado una razón que nos permita realmente vivir "la Vida en Abundancia" que nos prometió Jesús y que no se desarrolla "en abundancia" sino viviendo la vida de Su Reino. Los occidentales perdimos el don natural humano de contemplar, y por eso necesitamos que entretengan nuestros sentidos, necesitamos pasar el tiempo mirando cosas para huir de nosotros mismos. Por eso las imágenes que nos presentan son cada vez más monstruosas. A los niños ya no los impacta un atardecer o un amanecer, necesitan poquemons, tazos, nintendos, estiquers, chiclets y dulces especiales, con colores de fantasía y la asesina tartrazina; músicas cada vez más estridentes y agresivas, colmadas de mensajes subliminales satánicos . Nuestros niños ya no disfrutan con una mascota, con la naturaleza. Han perdido su capacidad contemplativa natural. No han desarrollado, o perdieron, la inteligencia del corazón, que los pueblos orientales y las comunidades indígenas mantienen aún muy desarrollada, y que les permite encontrar en los signos cotidianos, la Presencia del Padre: "Me acerqué al almendro y le dije: háblame de Dios y el almendro floreció".(Tagore)

Veamos qué nos dice el Señor en Su Palabra de la Inteligencia del Corazón: "Les daré un corazón para conocerme" (Jer.24, 7ª). A YHVH, el Señor, se lo conoce con el corazón. No basta estudiar mucho sobre El, oír mucho sobre El, tengo que conocerlo con el corazón. Miremos qué significa "corazón" y "conocer" para la Sagrada Escritura.

¿Qué es corazón para el Señor en Su Palabra? Es el centro de la personalidad, el asiento de toda la actividad mental y moral, donde participan unidos elementos racionales y emocionales. El corazón es el asiento de sentimientos, deseos, anhelos, gozo, dolor, amor, pensamiento, entendimiento, reflexión, análisis, voluntad. El corazón del ser humano es la morada del Señor YHVH, de Ruaj (Espíritu Santa) y nuestra. Es el corazón el que vamos abriendo poco a poco al Señor para entender y sentir con qué inmenso amor nos ama y cuán importantes somos cada uno en particular para El, seamos lo que seamos. "...Yo soy el que escudriña la mente y el corazón..." (Ap. 2,23b).

¿Y qué es "conocer" para YHVH Palabra? Dice el Génesis que "Adán conoció a Eva y concibió.." (Gen. 4,1). Conocer no es pues, tener una apreciación meramente intelectual de algo, es tener una experiencia, de tal manera que yo quede fecundada con aquello que me está proporcionando la experiencia. YHVH con Su Palabra me quiere fecundar, hacer concebir, gestar y dar a luz un ser nuevo, quiere que yo nazca de nuevo, que renazca en mí el hombre a Su Imagen y Semejanza, el ser humano que posee Sus cualidades, que puede disfrutar la belleza, que puede gozar, amar, alegrarse. Eso es conocerlo a El, que me fecunde hasta que yo dé a luz, junto con El, a otros hijos que lo amen, y que se multipliquen llevando a otros a relacionarse con Jesús. Conocer es tener una experiencia que transforma mi vida. Por ejemplo, si conozco el piano, me quedará gustando la música para piano durante toda mi vida. No "me da lo mismo" un piano que un violín. Eso es conocer en Dios Palabra, y el Profeta Isaías lo ilustra de manera muy hermosa: "Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi Palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié" (Is.55,10-11).

"Pero hasta el día de hoy no os había dado YHVH corazón para entender, ojos para ver ni oídos para oír" (Dt.29,3). ¿Qué es entender en Dios Palabra? Entender es "agarrar", atrapar para sí, es hacer algo mío. Tomarlo para mí, que pase a ser parte de mi ser. Jesús se queja muchísimas veces durante su vida de que sus discípulos no entienden: Mt.15,15-17; Mt. 16,9.11; Mc. 4,13; Mc. 6,52, etc. Escudriña estos versículos, y verás que los discípulos al principio no entendían, y que, para llegar a entender, el Señor Jesús les tuvo primero que abrir el entendimiento: "Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras" (Lc. 24,45). "Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido (la Alianza y la ley con Moisés). Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aún hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará" (2C0r. 3,12 - 16).

 

 

 

 

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