JUSTIFICACIÓN

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Las lecturas de la Eucaristía de hoy 5 de agosto, día en que estoy empezando la Octava Carta, dicen así: "Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos. Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: YHVH me envió a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído. Mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz de YHVH vuestro Dios, y se arrepentirá YHVH del mal que ha hablado contra vosotros. En lo que a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos; haced de mí como mejor y más recto os parezca. Mas sabed de cierto que si me matáis, sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta ciudad y sobre sus moradores; porque en verdad YHVH me envió a vosotros para que dijese todas estas palabras en vuestros oídos. Y dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas : No ha incurrido este hombre en pena de muerte, porque en nombre de YHVH nuestro Dios nos ha hablado... Pero la mano de Ahicam (que significa: "Hermano que permanece de pie"), hijo de Safán estaba a favor de Jeremías, para que no lo entregasen en las manos del pueblo para matarlo" (Jer. 26,11-16.24). Es importante observar cómo se pierde el sentido del mensaje cuando se le quitan versículos. En esta lectura de Jeremías, se saltaron del versículo16 al 24. (Ver mi cuarta carta).

El Salmo de hoy 5 de agosto también es un recorte de varios versículos del Salmo 68 (69), empequeñeciendo y dificultando su sentido: "...Sácame del lodo y no sea yo sumergido; sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas. No me anegue la corriente de las aguas, ni me trague el abismo, ni el pozo cierre sobre mí su boca... Mas a mí, afligido y miserable, Tu salvación, oh Dios, me ponga en alto. Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo exaltaré con alabanza... Lo verán los oprimidos y se gozarán. Buscad a Dios y vivirá vuestro corazón, porque YHVH oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros..." (Sal. 68 (69), 14-15. 29-30. 32-33).

Y el Evangelio de hoy es la degollación de Juan el Bautista: "En aquel tiempo Herodes el Tetrarca oyó la fama de Jesús y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos y por eso actúan en él estos poderes. Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: no te es lícito tenerla. Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta. Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes, por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese. Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, y ordenó decapitar a Juan en la cárcel. Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre. Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús" (Mt.14,1-12).

Esta carta la estoy empezando a escribir, por tanto, el día en que la Iglesia conmemora la decisión de la jerarquía judía de matar al profeta Jeremías, a quien más adelante asesinaron, y la degollación de Juan el Bautista. Profetas cuyos mensajes, en la Antigua y Nueva Alianza respectivamente, estuvieron todos encaminados a amonestar a los dirigentes religiosos del Pueblo de Israel cuando no hacían caso de lo que el Señor les pedía (ver mi séptima carta). Esto les costó la vida a ambos y a otros profetas, pero igual hablaron para que otros tuvieran luz en el camino y supieran por dónde iba la senda de la Vida y de la Verdad, demostrando así que al amigo se lo defiende con la vida. "Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por su amigos" ( Jn. 15,13).

Hambre de conocer la Sagrada Escritura.

Estoy escribiendo esta octava carta para los que tienen "hambre y sed de justicia" (también se puede decir "hambre y sed de salvación"), para "los que lloran", para "los pobres de espíritu", que es lo mismo que decir "para los necesitados de Dios" (ver mi tercera carta). Esta carta es para "los mansos", porque son como las ovejas que se dejan conducir y pastorear por el Pastor a verdes pastos. Estoy escribiendo para todos aquellos que desean conocer, entender, amar y servir la Palabra de Dios. Es para todos los que tienen hambre de conocer la Sagrada Escritura. Es para todos los que tienen Biblias en sus casas y añoran que alguien les enseñe lo que tiene ese GRAN LIBRO adentro. (Ver mi primera y Cuarta Carta).

Esta carta la deberás leer con tu Biblia en la mano, no importa que te demores; el objetivo de esta carta es llevarte a amar la Palabra del Señor y que quedes como lector asiduo de Ella. Trataré de ser lo más simple posible y si alguien necesita orientación, puede llamarme al 63-241747, con mucho gusto le tenderé una mano.

Antes de leer la Palabra de Dios o Sagrada Escritura, primero tenemos que empezar orando. La palabra oración en el lenguaje bíblico significa "desde el anhelo", "a partir del deseo". Entonces, desde mi deseo y mi anhelo digámosle al Señor Jesús: "Señor Jesús, quiero conocerte a Ti, que eres la Palabra del Padre, quiero guardarte dentro de mí, como te guardó María durante 9 meses, y también quiero dar a luz otros hermanos que amen y conozcan Tu Palabra, que te amen y te conozcan a Ti. Abre mi entendimiento con la fuerza de Tu Santo Espíritu, y quita el velo de mi mente, para que Tu Palabra penetre mi ser y me haga lámpara para otros. Revélame tus misterios, dame a conocer tus secretos, quiero conocerte en ellos. Sorpréndeme Señor con Tu Persona, quiero quedarme para siempre a tu lado, conocerte. Conocer tu Palabra, tu "Dabar", TU".

Para leer y estudiar la Palabra tienes que elegir un rato apropiado, pueden ser 15 minutos, y un lugar apropiado, ojalá donde te puedas apoyar, tener cuaderno y lápiz, para que vayas tomando notas de las cosas que necesitas grabar en tu corazón. Debes estar en tranquilidad y con buena disposición. La mañana es un buen momento para encontrarse con el Señor. Acostarse un poco más temprano, levantarse un poco más temprano y empezarás a experimentar lo que dice el profeta: "...Despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. YHVH el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde ni me volví atrás" (Is. 50,4b-5).

¿Por qué no contestan a mis preguntas?

Quiero, además, aclarar a los que leen estas cartas, que hay muy poco en ellas de pensamiento personal, de opiniones propias y de "yo pienso", o "a mí me parece". Todo lo que expongo en mis cartas es de la espiritualidad propia de nuestra Fe. Poner la bibliografía significaría una nueva carta, por lo cual no puedo agregarla, pero repito que nada en ellas obedece a mis criterios personales, son los criterios de la Fe, desde hace cuatro mil años. También quiero dejar en claro que soy Católica, Apostólica y Romana y que NO estoy formando ninguna secta, ni ninguna nueva religión con no sé qué características como aseguran. Diciendo esto evitan contestarme todas las preguntas que desde hace varios años le estoy haciendo a la jerarquía de la Iglesia Católica acerca de las grandes diferencias, en muchos casos pasmosas, que hay entre la doctrina de la Iglesia y la Sagrada Escritura. En lugar de contestar mis preguntas, los sacerdotes reparten por doquier comentarios ligeros, falsos e injuriosos acerca de mi persona, pero yo estoy tranquila esperando sus respuestas, sufriendo pacientemente lo que le ha pasado a todos los profetas y a los que se atreven a hablar la verdad tal como es. Impacta percatarse que sí se puede tener discrepancia política y no opinar como los de otro partido, pero en nuestra Iglesia eso no se permite. Quiero decir públicamente que ninguna de las acusaciones que me hacen son ciertas y que recurren a este "género literario", creo yo, por su incapacidad de dar respuesta a mis preguntas. Es mejor que piensen un poco antes de denigrarme, no sea que estén pecando contra el Espíritu Santo, puesto que yo estoy defendiendo la Palabra de Dios, la cual fue dada por el Espíritu Santo, Ruaj, de parte de YHVH a todos los hombres de todos los tiempos, y no puede ser cambiada, ni mutilada, ni escondida. "Y nosotros oímos esa voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2Ped. 1,18-21). "Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro" (Ap.22,18-19).

La persecución que estamos viviendo por las cartas.

Pido disculpas por lo siguiente que voy a escribir. Habría preferido no hacerlo, pero callar sería hacerme cómplice de los actos que voy a denunciar. Antes de denunciar los siguientes acontecimientos estuvimos en oración comunitaria y pedimos en ella una "palabra profética" (ver lo relacionado con la "Palabra Profética" en esta carta), para saber si el Señor quería que denunciara en esta carta ciertos actos violatorios a nuestros derechos humanos. La Palabra con la que el Señor nos respondió es la siguiente: "Que si Demetrio y los artífices que están con él tienen pleito contra alguno, audiencias se conceden, y procónsules hay; acúsense los unos a los otros" (Hech. 19,38). Por eso, y a pesar de que el conflicto pueda empañar esta carta sobre la Palabra de Dios y de que algunos se escandalicen antes de leerla, les pido disculpas, pero tengo, según la Palabra profética, que "acusar" algunos hechos violentos que nos están ocurriendo desde hace algún tiempo a varios miembros de nuestra comunidad.

Estas cartas las editamos con mucho esfuerzo económico. El dinero para las cartas lo consideramos sagrado, porque no lo obtenemos de dineros que sobren, sino de los diezmos que aportan voluntariamente y con gran esfuerzo las diferentes personas de nuestra comunidad. Nosotros tenemos la convicción de que estas cartas están haciendo crecer a muchos en el encuentro con el Señor. Esta convicción la obtenemos de la correspondencia que recibimos, de las llamadas telefónicas, de lo mucho que nos piden las cartas anteriores y porque hay frutos positivos, ya que muchas personas se están interesando por conocer la Palabra de Dios. Por eso seguimos en esta batalla por lograr que la Palabra de Dios se arraigue en nuestra Iglesia Católica y porque nos devuelvan la Iglesia que fundó Jesucristo con su Palabra "Viva y Eficaz". No es fácil exponer la buena fama, el nombre, arriesgarse como lo estamos haciendo. Repartir las cartas tampoco es fácil, hay momentos grandes y otros muy difíciles y bochornosos como los que voy a narrar. Agradezco con todo mi corazón a todas las personas que participan en estas cartas: los que aportan dinero, los que las reparten, los que las envían por correo, los que se encargan de la correspondencia, los encargados de las correcciones gramaticales, de redacción y ortografía, gracias a los que unen sus ideas y conocimientos a los míos, para lograr darle cuerpo a cada una de las cartas, que consideramos son una gran bendición para nuestra Iglesia Católica y para todo aquel que las lea a pesar de la oposición que despierta en los sectores conservadores de la Iglesia. También gracias todos los sacerdotes que nos han escrito pidiéndonos las cartas anteriores: por razones obvias no se puede dar a conocer sus nombres, pero gracias por sus palabras de aliento y apoyo y les pedimos sigan orando por nosotros para no silenciar nuestra voz a pesar de las amenazas que padecemos.

Violencia física y verbal de los sacerdotes contra nosotros.

A continuación expondré algunos de los hechos violentos que han tenido que soportar varios miembros de nuestra comunidad sólo por el hecho de repartir estas cartas sobre la Palabra de Dios:

  • En Valparaíso, estaba una amiga de la comunidad repartiendo la sexta carta, cuando apareció el padre Pedro Gutiérrez, de Schoenstatt, con una carta en la mano y le dijo con voz fuerte "que se vaya a repartir a otro lado, que no está autorizada para repartir eso, que no es la doctrina de la Iglesia". Le dijo además: "Vaya a repartir eso al mercado, no aquí. Ella (refiriéndose a mí) es contraria a la Iglesia; un experto exégeta nos dijo que está fuera de la Iglesia y que, además ella se dedica a destruir familias, a separar familias; no está autorizada para estar aquí". Nuestra amiga le respondió que estaba en la vía pública y que estaba en su derecho. El Padre Pedro Gutiérrez estaba con otro joven y mientras hablaba empujaba a nuestra amiga con su cuerpo, mientras ella le decía "no me empuje Padre". Un joven, que estaba ahí, a quien le había dado la carta un poco antes, al escuchar cómo el Padre Gutiérrez le gritaba y la insultaba, se acercó a defenderla. Ella calmaba al joven mientras el Padre Pedro Gutiérrez también lo empujaba a él fuertemente mientras gritaba. El padre Pedro Gutiérrez estaba totalmente fuera de sí, entre tanto que el joven la protegía a ella de la ira del sacerdote Gutiérrez y de un joven universitario que hacía partido junto al Padre Gutiérrez. Nuestra amiga le contestó al Padre Gutiérrez con la Palabra de Dios, sin perder el control, a pesar de que eran dos varones contra ella sola. Esta agresión del Padre Gutiérrez contra ella duró 15 minutos.
  • En la Iglesia San Pedro Las Condes, en la calle Isabel la Católica, pasó lo siguiente: El domingo 20 de agosto, en misa de 11 de la mañana, mientras en la calle repartían las cartas otras amigas de la comunidad, salió a la calle el Padre Milán Tisma, revestido con ornamentos sagrados para celebrar la Eucaristía, desencajado por la ira, a quitarle a ella y a otra amiga las cartas. Arrebatándoselas de las manos a ellas y a muchas personas que momentos antes las habían recibido, comenzó a gritarles, invadido por la rabia, que esas cartas él primero las leía y luego las quemaba, porque la Palabra la tenía solamente la Iglesia jerárquica, y "que ellas no eran ninguna autoridad ni nadie para echar tanta inmundicia y basura en la Iglesia."
  • En la Iglesia El Bosque, dos jóvenes sacerdotes del grupo del Padre Fernando Karadima, en compañía de otros jóvenes grandes y corpulentos, cercaron agresivamente a las personas que estaban repartiendo las cartas en la calle, a otras personas les arrebataban las cartas de las manos y persiguieron a una de nuestras amigas de la comunidad para quitarle las cartas, obligándola a encerrarse en su auto atemorizada por uno de ellos. Todo esto mientras gritaban que yo estaba fuera de la Iglesia, porque en mi quinta carta demuestro que el infierno como castigo eterno no existe. Entre tanto, el Padre Karadima desde el púlpito blandía una de mis cartas diciendo que "eran cartas contra la Iglesia, que eran demoníacas y que les prohibía a los fieles recibirlas".
  • En la Iglesia de la Divina Providencia, a la salida de misa de doce, también en la calle, el cura párroco Francisco Villarroel, también revestido con ornamentos sagrados para celebrar la Eucaristía, en otro ataque de ira agarró por detrás a una persona de nuestra comunidad que estaba repartiendo cartas en la calle. El Padre gritaba que "esa parte de la vereda era de ellos, que era su territorio, que se fueran de allí ", sujetándola y estrujándole fuertemente el brazo a nuestra amiga. Ella le suplicaba que la soltara, le decía que la estaba agrediendo públicamente y en la calle. El la amenazó con llevarla a la municipalidad, mientras seguía gritando desaforadamente que esas cartas eran prohibidas por la Iglesia, que nadie las recibiera.
  • En la Parroquia de la Inmaculada Concepción en Vitacura, el Padre Beltrán Villegas, al recibir la séptima carta, armó un escándalo gritando "que yo lo había difamado públicamente, que las cosas no se quedarían así y que me iba a llevar a los tribunales". Esto sucedió en la calle, en el acceso lateral al templo parroquial. Con ira manifiesta pedía dónde encontrarme y vociferaba públicamente contra mí y LA BIBLIA. Cuando mi amiga le mostró LA BIBLIA, se retiró de allí violentamente.
  • El año pasado en las afueras de la Parroquia de Lo Barnechea, en misa de 8 de la noche que celebraba el Padre Jaime Tocornal, otro joven ayudante de dicho sacerdote tomó por los hombros a una de nuestras amigas y la tironeó para quitarle todas las cartas que estaba repartiendo, mientras llamaba a unos hombres para que se la llevaran a ella y le gritaban "ladrona" para así justificar el acto violento contra ella. Luego llegó otro hombre, quien de un violento empujón le arrebató todas las cartas, y en el forcejeo le descompusieron un dedo de la mano. A la otra persona que estaba con ella, de un solo tirón, le rompieron la bolsa y la despojaron de todas las cartas que tenía dentro de ella.

Estamos llenas de acontecimientos de violencia de los sacerdotes en nuestra contra. No alcanzo a detallarlos todos aquí, pero es muy penoso ver cómo los sacerdotes recurren a la violencia física y verbal contra las personas que están entregando la Palabra de Dios. Yo me pregunto ¿qué tipo de varones pueden tener estas violentas arremetidas públicas y callejeras contra mujeres? Estas violencias callejeras sólo se ven en manifestaciones estudiantiles o en persecuciones a delincuentes y las ejecutan personas preparadas y autorizadas para ello. También se ven estas acciones contra drogadictos, borrachos o ladronzuelos callejeros, pero no puede ser que el recurso que estén teniendo los sacerdotes sea agredir físicamente y de palabras a las personas que reparten las cartas. Nosotros no hemos obtenido absolutamente ninguna repuesta de parte de la jerarquía eclesiástica Católica acerca de todas las preguntas que estamos haciéndole sobre la revelación particular de la doctrina humana que enseña la Iglesia y sus enormes diferencias con la Sagrada Escritura. Las únicas respuestas se limitan a decir que yo soy tal y tal cosa, satánica, diabólica, pero ni una palabra más. Creo, señores sacerdotes, que su manera de actuar frente a estas cartas es anticristiana y desdice por completo la misión que el Señor les ha dado. Les perdonamos. Y queremos saber ¿de dónde toman el derecho de zamarrear, empujar, estrujar y agredir a personas en la calle? ¿Este derecho se los da su investidura sacerdotal? ¿ Esto no es abuso de poder? ¿Quién más dentro de toda la estructura cívico-social nuestra, puede hacer algo semejante impunemente?

Amenaza de excomunión y juicio legal.

El Padre Beltrán Villlegas avisó públicamente en misa de doce, en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, el domingo 20 de julio, día de la independencia nacional de Colombia, que me había escrito una larga carta. Esa carta llegó ayer 28 de agosto. En realidad es una larga carta la del Padre Villegas, que ya le contesté, aunque no entendí nada de lo que en ella me aclara. El lenguaje que usa está fuera de mis conocimientos gramaticales lo mismo sus ideas que están más allá de mi comprensión de lectura. Al final de su carta dice así textualmente: "De no rectificar usted públicamente sus dichos, me veré en la obligación de recurrir a los procedimientos que la ley le reconoce a toda persona para defender su honra". Esto que me dice el padre Villegas me explica el por qué los católicos no leen ni estudian la Palabra de Dios. Me explica por qué el católico no sabe ni puede cuestionar las doctrinas de la Iglesia, ni preguntar las razones y los orígenes de ellas. Un padre de familia católico, ante esta amenaza, prefiere renunciar a la opción de la verdad y a su derecho de disentir, al correr peligro de ser restringida su libertad o de ser excomulgado de la Iglesia, como es la amenaza. ¿Qué pasaría si los de un partido político por no estar de acuerdo con las opiniones del otro, los amenazaran con presentarlos ante la justicia o emprendieran violentamente contra ellos en los lugares públicos, como lo hacen con nosotros, solamente por estar pidiendo que nos respondan el por qué de tantas diferencias entre la Sagrada Escritura y la doctrina de nuestra Iglesia?

Sería necesario que los que no saben lo que pasa con el padre Villegas, leyeran la séptima carta, que pueden bajarla de Internet en la dirección que aparece al final de esta carta o solicitarla al 2435669. El Padre Beltrán Villegas, el día 16 de julio, hizo unas declaraciones en el diario El Mercurio que atentan contra la Palabra de Dios y la Iglesia de Jesucristo. Yo le contesté una carta abierta, que inserté en mi séptima carta, pidiéndole a él y al arzobispado de Santiago que rectifique públicamente sus errores que atentan contra la fe del pueblo católico. Treinta y ocho días después me llegó su respuesta, pero confieso que me fue imposible entender lo que en ella me quería decir y me ofrece entregarme a la ley. Desde aquí le reitero, Padre Villegas, que rectifique públicamente sus declaraciones que sólo confunden y alejan al Pueblo de Dios de la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo.

Otro acontecimiento que atenta contra mis derechos humanos, lo ha realizado Monseñor Ricardo Ezzati, Obispo de la Diócesis de Valdivia, lugar donde yo vivo. El envió a colegios de la ciudad documentos que hablan en contra de mi honra sin haberme conocido jamás. Nunca el pastor de Valdivia me ha buscado para conducirme a "verdes pastos", pero sí alienta una campaña en mi contra, a mis espaldas, sin detenerse a estudiar el por qué yo estoy haciendo todas estas preguntas a la Iglesia Jerárquica. El no me conoce y reparte panfletos a los párvulos de los colegios en mi contra. Monseñor Ricardo: ¿es esto lo que debe hacer un pastor?. ¿No será mejor que trate de contestarme el por qué de tantas diferencias entre la doctrina de nuestra Iglesia Católica y la Palabra de Dios? Creo, Monseñor, que este es el camino correcto, y no lo es el de continuar el camino cobarde de destrucción de lo poco que me queda de honra. No se olvide Monseñor, que "ninguna mentira procede de la verdad" (1Jn. 2,21 c).

Gracias por los frutos que estamos cosechando y por las voces de apoyo.

También tengo que comunicar aquí que muchos laicos, sacerdotes, religiosas nos han pedido cartas y nos alientan a seguir en esta batalla. Es verdad que el sector oficial y conservador de nuestra Iglesia Católica está rechazando nuestro llamado y petición de devolverle a la Palabra de Dios y a Jesucristo Su sitio en la Iglesia. Muchos se comunican conmigo por correo y por correo electrónico, muchos bajan las cartas de la página web. Le damos gracias al Señor por todos los frutos que estamos cosechando. Hay un sacerdote, quien después de haber leído cuidadosamente todas las cartas, en la misa diaria donde asiste parte importante de nuestra comunidad, las alienta a "propagar a Jesús con verdad y valentía", a "denunciar lo irregular al igual que Juan , a quien le costó la vida, por denunciar el matrimonio ilegal de Herodes con Herodías" los invita a "ser precursores de Jesús" igual que Juan el Bautista", "a ser consecuentes entre el pensar, sentir y actuar frente al mundo, hasta el final, igual que Juan".

Agradecemos todas las voces de apoyo, y a todos los sacerdotes y religiosas que desde el silencio oran por nosotros y nos apoyan. Pido para todos ellos la valentía de poder algún día defender a Jesucristo, Su Verdad, Su Camino, como lo estamos haciendo ya muchos laicos en el mundo, quienes tenemos una batalla diaria para que se le devuelva a la Palabra de Dios la primacía y dignidad que le corresponde en Su Iglesia. Nosotros ya llevamos cerca de 37 mil cartas, repartidas en más de 20 países del mundo, solicitando, a quienes quieran escuchar, que nos digan el por qué de tantas diferencias entre la Sagrada Escritura y la doctrina de la Iglesia Católica. Al mismo tiempo, estamos usando este medio para enseñar a todos los que deseen sobre la Palabra de Dios y el encuentro con Nuestro Señor Jesucristo.

Después de esta dolorosa denuncia, invito a todos los "pobres de espíritu" y a todos "los que tienen hambre y sed de justicia", a todos los que quieren conocer la Palabra del Señor, a que nos ayuden a orar para que los sacerdotes, en lugar de respondernos como lo he denunciado, nos respondan directamente las preguntas que estamos haciendo, porque las estamos haciendo desde nuestra leal y sincera relación con Nuestro Señor Jesucristo.

El último documento de la Iglesia.

No puedo dejar pasar este momento sin hacer algunos comentarios sobre el último documento oficial de la Iglesia "Dominus Iesus", emitido en el Vaticano el 6 de agosto de 2000, desde la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ratificado y confirmado por el Papa Juan Pablo II, quien ordenó su publicación el día 16 de junio de 2000. Lo he leído muy atentamente y varias veces. Queda muy claro que este documento no está escrito para laicos, aún cuando en el numeral 3 dice: " ...La presente declaración interviene para llamar la atención de los Obispos, de los teólogos, y de todos los fieles católicos...". Una pena que se escriban documentos tan importantes y que nosotros los laicos no los entendamos.

En muchas partes el documento "Dominus Iesus sobre la Unicidad y la Universalidad Salvífica de Jesucristo y de la Iglesia" dice que Jesucristo es el Salvador de todos. Esta es una verdad anunciada reiteradamente en la Sagrada Escritura (ver todas mis cartas), siendo la Verdad mayor de toda la Revelación. El documento habla mucho sobre el origen de la Salvación y, a pesar de reconfirmar que el Salvador de todos es Jesucristo, luego lo desdice al declarar que sólo se salvan los que están en la Iglesia Católica. Fundamentalmente ese es el tema como queda enunciado desde su título. Este documento está lleno de ambigüedades, de muletillas gramaticales que desdicen lo que anteriormente se había confirmado en el mismo documento. En la primera parte de un párrafo, por ejemplo, dicen que Jesucristo es el salvador de todos y, en la segunda parte del mismo párrafo, luego de usar muletillas como "sin embargo", "por otro lado", "a pesar de", "si bien que", "pero", "o sea" , agregan que sólo se salvan los que están en la Iglesia Católica, produciendo así una confusión de la cual no se puede extraer la verdad que quieren comunicar.

Una cosa tiene que quedar muy clara para los católicos: JESUCRISTO ES EL UNICO SALVADOR Y POR MEDIO DE JESUCRISTO HA SIDO SALVADA TODA LA HUMANIDAD. No olvidemos que históricamente fue primero la Muerte y Resurrección de Jesucristo, que la organización de la Iglesia. La muerte y Resurrección de Jesucristo fueron en la Pascua del año 37 de nuestra era, y la formación de nuestra Iglesia fue en el Pentecostés del mismo año, es decir, cincuenta días después de que Jesucristo había Resucitado. Con su Resurrección, Jesucristo realizó así la salvación de todo el Universo, de toda la creación, de toda la obra del Padre, de toda la humanidad. La Iglesia de María y de los primeros cristianos jamás se abrogó el hecho de la Salvación. Si miramos los Hechos de los Apóstoles, las cartas de Pablo, Santiago, Pedro, Juan y los Hebreos nos daremos perfectamente cuenta de que la Salvación ha sido ejecutada ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE POR JESUCRISTO Y PARA TODOS. No se presentan ellos, la Iglesia primitiva, como los salvadores; resaltan continuamente a Jesucristo como Unico Salvador. La doctrina de que la Salvación de algunos la hacen entre Jesucristo y la Iglesia, es muy posterior a la Sagrada Escritura y a la formación original de la Iglesia. La misión de la Iglesia no es salvar, esa es misión de Jesucristo y quedó totalmente efectuada con su muerte y Resurrección. La misión de la Iglesia es conservar viva entre nosotros la Palabra del Señor, Sus deseos, Su Espíritu, y Su plan de vida para nosotros. Podríamos decir, pidiendo disculpas por el ejemplo tan prosaico, que la Iglesia es el "Club" de los que aceptamos consciente, madura y voluntariamente la Salvación ganada por Jesucristo para todos, todos, absolutamente todos, aún cuando muchos no quieran pertenecer a "la congregación de los que nos reunimos para vivir la vida que Dios Padre y su Hijo Jesucristo quieren para nosotros". Nos reunimos en Iglesia no para salvarnos, sino por estar salvados. Los que no pertenecen a la Iglesia de Jesucristo, se pierden las bendiciones que se reciben por pertenecer a Ella. Se pierden la Sagrada Escritura, los Sacramentos, la Comunidad, los dones y frutos del Espíritu Santo, se pierden el amor gozoso que nace del amarse en El, por El y con El. Se pierden la relación con María. Se pierden toda esta "Vida en abundancia", pero se salvan. ¿De qué nos salvamos todos? De la Muerte Eterna (ver mi Quinta Carta). ¿Estaremos volviendo acaso al tiempo en que preguntábamos inocentemente si los indígenas se salvaban? ¿Estaremos volviendo a los tiempos de nuestra infancia cuando sentíamos pena porque algunas compañeritas de Kinder se iban a ir para el infierno porque eran luteranas?.

Insistentemente hemos pedido en nuestras cartas que NOS DEVUELVAN LA IGLESIA DE JESUCRISTO. ¿Cómo se va a poder decir u oír en la Iglesia de Jesucristo que "los no cristianos (...)se hallan en una situación gravemente deficitaria si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de los medios salvíficos"? (Dominus Iesus 22). La única plenitud de Salvación es Jesucristo, no existen otros "medios salvíficos".

Se cumplen las palabras de María en Fátima.

Creo que ya estamos viendo el cumplimiento de las Palabras de María en Fátima (ver mi séptima carta): Unos obispos dicen unas cosas; otros, otras. Este documento, leído muy atentamente y a pesar de su ambigüedad, es muy claro en decir que sólo se salvan los que pertenecen a la Iglesia Católica, y que los únicos que salvan son Jesucristo y la Iglesia Católica (¡¿...?!). Para explicar la confusión implícita en el documento Dominus Iesus, que ha provocado tantas voces de protesta en el mundo entero, empiezan a aparecer las declaraciones contraargumentales: "que ahí no dice eso", "que los laicos no entienden", " que es sólo para los teólogos", "que no hay nada nuevo", "que no hagan tanta bulla", etc. ¿Cómo va a ser posible que el mismo Papa Juan Pablo, quien gastó su vida por todo el mundo buscando la unidad y la reconciliación de todos los hombres, finalizando su Pontificado firme un documento donde se desdice de todo lo que promulgó y por todo lo que luchó? Hoy siento tristeza por todos los teólogos que se dedicaron al ecumenismo durante todos estos años, para que con un documento el Vaticano deshaga todo el camino que el mismo Vaticano demarcó para los teólogos modernos. ¿Qué pasó entonces con todo el acercamiento que hubo el año pasado entre luteranos y católicos?

Algo muy extraño tiene que estar pasando en el Vaticano, como para pensar que la Iglesia Católica es la encargada de la salvación. Si estar en la Iglesia Católica es lo que produce la salvación, ¿qué objeto tienen entonces la Muerte y Resurrección de Jesucristo? ¿Y si para ser salvo hay que pertenecer a la Iglesia Católica, cómo no se ven en ella los frutos de los fieles ya salvados por Ella? ¿Cómo nuestra Iglesia va a ser salvadora y necesitada de salvación al mismo tiempo?

La mezcla de pensamientos, de ideas y teologías diferentes, que están expuestas en el Documento "Dominus Iesus", nos alertan para orar mucho por la Iglesia. Nos alertan también que debemos empezar a preocuparnos por nuestra Fe, estudiarla, revisarla, porque hoy, después de dos mil años de haber sido salvado el Universo, nuestros teólogos aún no se han puesto de acuerdo sobre quién es el Salvador: si ellos o Nuestro Señor Jesucristo.

Declaraciones del Padre José Miguel Ibañez Langlois.

A propósito de este documento, el presbítero José Miguel Ibáñez dio su opinión el sábado 23 de Septiembre en El Mercurio. Es tan confuso el documento vaticano, como lo son sus explicaciones. Miremos algunas partes de su artículo. Dice refiriéndose al documento que estamos comentando: "Sus páginas están llenas de reconocimiento por todo aquello que, en las religiones no cristianas, hay de santo y verdadero, como destello de esa Verdad que ilumina a todos los hombres. Este reconocimiento es mucho más intenso para las Comunidades eclesiales cristianas no católicas, con quienes tanto compartimos, y es casi pleno para las Iglesias que sólo están separadas por no compartir el primado del Obispo de Roma". Primero que todo tengo que ser veraz y decir que las páginas del documento no "están llenas de reconocimiento hacia otras religiones ni hacia las Comunidades eclesiales cristianas no católicas". Es por esta razón que todas las Iglesias diferentes a la nuestra han protestado con gran malestar por las declaraciones oficiales de nuestra Iglesia Católica. El documento es muy claro en afirmar y reconfirmar en muchas de sus partes que no hay salvación fuera de la Iglesia Católica: "...La Iglesia de Cristo, no obstante las divisiones entre los cristianos, sigue existiendo plenamente sólo en la Iglesia Católica, y por otro lado fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de Santificación y de verdad. Ya sea en las Iglesias que en las Comunidades eclesiales separadas de la Iglesia Católica. Sin embargo, respecto a estas últimas, es necesario afirmar que su eficacia deriva de la misma plenitud de gracias y verdad que fue confiada a la Iglesia católica. Existe por lo tanto una única Iglesia de Cristo, que subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él ". (D.I. IV. 16, 54-57a; 17,57b).

¿Por qué no ser capaces de enfrentar LA verdad histórica, y decir que SI, que bajo la estructura de la Iglesia Católica de hoy se encuentra sumergida la Iglesia de los Apóstoles y de María, la Verdadera, la de Jesucristo? ¿Y por qué no reconocer que sobre Ella, la Verdadera Iglesia de Jesucristo, se ha puesto un peso de capas y capas de doctrina y de historia dolorosa, que han hecho desaparecer hasta al mismo Jesucristo de Ella? ¿No es esta realidad la que ha ocasionado tanta división en nuestra Iglesia, provocando la formación de otras Iglesias que salen de la nuestra a buscar la Verdad donde no está, porque está tapada y escondida bajo la estructura doctrino-humana-socio-económica-política-filosófica-comercial que es en lo que se ha ido convirtiendo nuestra Iglesia desde la época de Constantino?

El presbítero Ibañez agrega: "... Para las Iglesias que sólo están separadas por no compartir el Primado del Obispo de Roma". ¿Está diciendo que no aceptar al Papa es algo sin importancia? ¿Está diciendo que no aceptar al Papa es un pequeño detalle al decir que "sólo" eso las separa? Y no aceptar al Papa, ¿no significa también no aceptar la Iglesia Católica como verdadera? Y, no aceptar a la Iglesia Católica como verdadera, ¿no significa también no aceptar a Jesucristo, según la Declaración "Dominus Iesus"? ¿No es esta afirmación del pbro. Ibañez una incoherencia? Además, ¿cuál es esa Iglesia que sólo difiere de la nuestra, por no compartir el Primado del Obispo de Roma? No olvidemos que las Iglesias griega y rusa, cuando se separaron de la romana, se pusieron el nombre de Ortodoxas que significa "creencia recta", proclamándose así ellas como las verdaderas. El problema doctrinal fue serio, puesto que la Iglesia de Roma postulaba que el Espíritu Santo provenía del Padre y del Hijo, como lo rezamos en la profesión de fe que hacemos en la misa después del Evangelio. Mientras que las Iglesias de Grecia y de Rusia postulaban que el Espíritu Santo procedía sólo del Padre. No es, entonces, una separación "sólo por no compartir el Primado del Obispo de Roma" como lo dice el pbro. Ibañez. Es algo mucho más trascendental, se trata de diferentes apreciaciones sobre la Verdad, sobre la Obra del Padre y la de Su Hijo. Veamos qué dice Jesucristo de esto: "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí" (Jn.15,26). Entonces no se trata tan sólo de la no aceptación del Papado, va mucho más allá. El pbro. J. Ibañez añade que "en la Iglesia Católica subsiste la plenitud de la revelación divina y de los medios salvíficos". Esto es verdad, pero "la plenitud de la revelación divina" en nuestra Iglesia está amordazada, encarcelada, y son estas las razones por las cuales en el proceso histórico ya nos han abandonado muchos hermanos formando Iglesias Ortodoxas, múltiples Iglesias Protestantes y las propias de Norteamérica: la Mormona, Testigos de Jehová y Adventistas. Somos nosotros los responsables de estas divisiones, al haber mantenido oculta en nuestras arcas la Verdad, el deseo y el anhelo del Padre y de Su Hijo Jesucristo, revelados exclusivamente en la Sagrada Escritura.

Añade el pbro. J. Miguel Ibañez que "en el mundo católico han aparecido, en las últimas décadas, ciertas hipótesis teológicas que se apartan de los "contenidos imprescindibles" de la fe eclesial. ¿En qué sentido? En cuanto que relativizan el carácter definitivo de la revelación de Jesucristo, o el carácter inspirado de la Sagrada Escritura, o la mediación salvífica universal de la Iglesia". Miremos esto por partes. ¿No es nuestra propia Iglesia la que "relativiza el carácter definitivo de la revelación de Jesucristo?" Miremos en el Catecismo Católico actual, el numeral 95: "La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros; los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas". Leyendo con cuidado notamos que es el Magisterio de la Iglesia el encargado de mantener la Tradición de Ella. También que la Escritura, que es la plenitud de la revelación de Jesucristo, queda prensada entre la Tradición y el Magisterio, colocando a estos dos a la misma altura de la Palabra de Dios. Esto hace que sea nuestra misma Iglesia la que está" relativizando el carácter definitivo de la revelación de Jesucristo" como dice el pbro. J. Ibañez. Además, es muy decidor el hecho de que en el Catecismo Católico se le hayan dedicado 133 páginas a los sacramentos, mientras que el mismo Catecismo sólo le dedica 6 páginas y media a la Sagrada Escritura. Esto también queda confirmado en declaración pública, por el diario el Mercurio, del Padre Beltrán Villegas quien afirmó textualmente: "La prioridad de la Tradición sobre las Escrituras hoy es un hecho admitido". Si un exégeta del renombre del pbro. B. Villegas dice esto, se deduce que es voz oficial de nuestra Iglesia (porque esto no ha sido desmentido como lo solicité en carta abierta al Señor Obispo de Santiago ), y que es la Iglesia la que está no sólo relativizando, sino también. minimizando el carácter definitivo de la Revelación de Jesucristo, que es TODA la Sagrada Escritura con su tradición oral y escrita. Al mismo tiempo, al decir esto también están "relativizando el carácter inspirado de la Sagrada Escritura", como también lo denuncia el pbro. J. Ibañez, al poner por encima de la Sagrada Escritura, la inspiración de la tradición Católica.

En cuanto a"relativizar la mediación salvífica universal de la Iglesia", como dice el pbro. J. Ibañez, refiriéndose a que además de la Iglesia Católica hay otros medios salvíficos, no es necesario que alguna Iglesia diferente a la Católica lo aclare, puesto que es la misma Sagrada Escritura la que declara a Jesucristo como el único medio salvífico: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1Tim. 2,5). Nuestra Iglesia es el espacio físico y temporal donde nos reunimos los que aceptamos a Jesucristo y luchamos por su Reino y su Verdad. Pero Ella no es Dios, ni capaz de salvar a los hombres; tampoco es su misión, porque esta es misión única y exclusiva de Jesucristo. Aquí, en la Iglesia, nos juntamos los que nos queremos amar y compartir como el Señor lo ha dispuesto para siempre y desde siempre para sus hijos.

También dice el pbro. Ibañez que: "en las últimas décadas hay una actitud escéptica en relación a la verdad; del eclecticismo que, en la búsqueda teológica, mezcla ideas derivadas de diferentes contextos filosóficos y religiosos, sin preocuparse de su coherencia interna ni de su compatibilidad con la verdad católica". ¿No es, pbro. Ibañez, nuestra misma Iglesia la que mezcló la filosofía griega con la Revelación hecha a los hebreos, para llegar a la síntesis católica? ¿No es nuestra Iglesia la que ha tratado de interpretar la Sagrada Escritura desde la filosofía aristotélica y platónica y no desde la verdadera tradición escriturística, que es la del pueblo Judío?

Finalizando el artículo, el pbro. Ibañez hace una mezcla inentendible sobre quién es el salvador, si las buenas obras de los bien intencionados, si las diferentes religiones, si la diferentes iglesias o si Jesucristo, en mezcla inseparable de estas tres "vías religiosas", como él las llama? ¿Qué dice la Sagrada Escritura sobre quién es el Salvador?: "Y en ningún otros hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hech. 4,12). Esto sí que es una declaración clara y directa, sin subterfugios de redacción ni literarios. NUESTRA SALVACION NO ES POR OBRAS, NI POR IGLESIAS. ES POR LA MUERTE Y RESURRECCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. Y la Iglesia Católica, la verdadera, la de Jesucristo, tiene que quitarse de encima tanta maraña intelectual para que resplandezca La Verdad que le fue otorgada: JESUCRISTO.

Declaraciones del presbítero Joaquín Alliende Luco.

En cuanto a la reconciliación y el jubileo del año 2000, tengo algo para decirle al pbro. Joaquín Alliende, quien hizo la siguiente declaración pública en el diario El Mercurio en mayo de este año: "No sabemos cómo seguir. La "papa caliente" se la pasan los políticos a los juristas, a los tribunales. La reconciliación es como la cuadratura del círculo, una cosa imposible . La Virgen María tiene que ser ahora la madre de la reconciliación". Aquí también hay mucho que decir: afirmar que la reconciliación es un absurdo como lo es la "cuadratura del círculo", es afirmar que Jesucristo no existe. Porque nosotros SI estamos reconciliados para siempre con el Padre por medio de Nuestro Señor Jesucristo. "Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados seremos salvos por Su Vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación" (Rom. 5,10-11). La reconciliación entre los seres humanos SI es posible cuando cada uno de los participantes en la ofensa, unidos a Jesucristo, son iluminados por el Espíritu Santo, para reconocer la responsabilidad en el mal hecho. El poder perdonar es una gracia que la otorga sólo Dios (Dan.9,9). Además el año del jubileo no es para que los políticos de Chile o de Colombia se reconcilien. Esto es un sofisma de distracción, porque el año del jubileo es para reconocer todos los daños hechos por la Iglesia a la humanidad y pedirle a la humanidad perdón por ellos. En Chile, el deseo del Papa de reconciliación y jubileo, se ha convertido en un problema político, y este no es el objetivo del jubileo. El objetivo es que los sacerdotes y obispos de nuestra Iglesia Católica pidan perdón por tantos daños causados a la humanidad durante su historia, como lo dice la revista del Sábado del Mercurio, en un artículo escrito por Hector Aguilar Camín titulado: "Todos los pecados". Afirma textualmente: " Según confesión propia, los hijos de Pedro han pecado "en servicio de la verdad", ejerciendo intolerancia y violencia contra los disidentes. Han pecado contra el Cuerpo de Cristo excomulgando, persiguiendo, dividiendo lo que debió estar unido. Han pecado de antisemitismo. Han pecado contra los derechos de los pueblos, contra el respeto a otras culturas y otras religiones; contra las minorías. Han pecado contra la dignidad humana y contra la unidad del género humano. Han pecado contra los derechos fundamentales de las personas y contra la justicia social". Básicamente este es el objetivo del Jubileo 2000, que pidan perdón a la humanidad por todos los atropellos contra ella. Y aquí en Chile, que pidan perdón a los chilenos por todos estos actos, enumerados en la Gran Eucaristía del Jubileo, en Roma, el pasado 12 de marzo, y no que conviertan el año de jubileo en Chile en problemas entre la derecha e izquierda chilenas, centenarios en todo caso.

Antes de comentar aquí lo siguiente, estuve orando. Consulté la Sagrada Escritura (ver la Palabra Profética en esta carta) para discernir si denunciaba por este medio un hecho burdo sucedido recientemente, y la Palabra con la que discierno que sí, es la siguiente: "Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo" (Mt. 13, 35b). El pasado 14 y 15 de octubre, una hermana de nuestra comunidad fue invitada a una Jornada de la C.C.N. (Cristianos para una Ciudad Nueva) guiada por laicos, en Punta de Tralca. A esta jornada fue invitado también el sacerdote jesuita Juan Agustín Bravo. En algún momento le pidieron a nuestra amiga una opinión acerca de la jornada. Ella dijo que le daba mucha pena constatar que en la C.C.N. no se estudiara ni se tuviera en cuenta la Palabra de Dios. El sacerdote Juan Agustín Bravo la llamó a solas y le dijo textualmente: "No critiques porque estas personas son muy sensibles. Hazte la "hu_ _ _ _a" (palabra muy empleada en Chile y que no voy a repetir por respeto a los lectores). Ella le objetó textualmente: "Con razón la Iglesia está como está, porque están en Ella personas como usted". El jesuíta se retiró. Al terminar la jornada, ella le pidió hablar con él al respecto, y el jesuita, Juan Agustín Bravo, se negó a hacerlo. Le quiero decir al jesuita Juan Agustín Bravo que uno podrá hacerse "el de la vista gorda" con muchas cosas, pero con el castigo de silencio impuesto a la Palabra de Dios, eso no se puede hacer. No olvide Padre Juan Agustín que: "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos" (Mt. 10, 32-33). Y nuestra hermana, Padre Juan Agustín, está muy consciente de las Palabras del Señor a quien ella sirve. Por esto lo perdonamos.

El jueves 2 de noviembre de este año, en una reunión mensual en la parroquia de Santa Gema, con el cura párroco Jaime Jiménez en la cual trataba dicho presbítero sobre las sectas, se llevó a cabo una intensa discusión sobre la inexistencia del infierno, que la compruebo, basándome en la Sagrada Escritura, en mi quinta carta. Allí había una persona muy consciente de la misericordia del Padre y de la inexistencia del infierno. Al expresar su convicción y apoyándose en dicha carta, todo el grupo se abalanzó contra ella, incluyendo el presbítero Jaime Jiménez, quien la expulsó del lugar y de las reuniones. En esa reunión se refirió a mí como "la mujer colombiana excomulgada por la Iglesia y fuera de Ella". De estas cuatro afirmaciones acerca de mí, las dos últimas son mentira. Presbítero Jaime Jiménez: "Satanás es mentiroso y padre de la mentira" (Jn. 8, 44c).

Hace un mes aproximadamente en un retiro de servidores en la Iglesia de La Natividad dirigido por el jesuita Agustín Sanchez, al ser consultado acerca de mis cartas, contestó: "Lo que pasa es que ella está muy herida". Se le replicó al jesuita Sánchez: "¿Qué tiene que ver lo que escribe con las heridas?" A lo que contestó diez o más veces seguidas: "No me calienta ni me enfría, no me calienta ni me enfría, no me calienta ni me enfría, no me calienta ni me enfría, no me calienta ni me enfría, no me calienta ni me...". La persona ante esta cerrazón, tuvo que retirarse desconcertada, sin respuesta y herida.

Doy gracias a todos los sacerdotes que están predicando sus homilías basándose en mis cartas. Ya son muchas las Iglesias, las misas, y las ciudades donde los sacerdotes están enseñando lo que digo en mis cartas. Ya se los nota empeñados a muchos de ellos, en poner en contacto a los fieles con la Palabra de Dios. Pero no basta con decir y motivar, hay que enseñarles, el mensaje contra la Sagrada Escritura, para los laicos es casi un mutación genética. Gracias doy al Señor porque en parte se está cumpliendo nuestro objetivo: que vuelva la Sagrada Escritura a la Iglesia. También doy gracias por toda la atención que la Iglesia de Chile está poniendo a mis peticiones, oficializándolas como acciones de ella.

Pido al Señor por todos los que van a estudiar, amar y defender la Sagrada Escritura, motivados por esta carta que la he escrito pensando en los más necesitados de Dios. Teniendo en cuenta que los necesitados de Dios no son solamente los que carecen del pan de la mesa, sino también los que carecen del pan de la Palabra.

Muchas gracias
Valdivia,Septiembre de 2000


Sabina Vélez Hurtado

 

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