CARTA ABIERTA AL PADRE BELTRAN VILLEGAS

 

 

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Reverendo Padre Beltrán Villegas
Congregación de los Sagrados Corazones
S a n t i a g o d e C h i l e
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Reverendo Padre Villegas:

He leído con mucha atención su entrevista del domingo 16 de julio en el diario El Mercurio. Me gustaría comentar con usted algunas de sus declaraciones. Lo hago con todo respeto y empujada únicamente por mi fidelidad al Señor y a la Iglesia, pues sé que, en estos casos, es mejor permanecer en silencio. Dice usted: "En el Antiguo testamento el homicidio y una serie de crímenes eran sancionados con la muerte. En el Nuevo Testamento no creo que haya menciones ni a favor ni en contra". En el Antiguo Testamento la muerte era un castigo no sólo para crímenes, también para el adulterio, la blasfemia, la invocación de espíritus de muertos, maldecir al padre, ofrecer sacrificios a otros dioses, por incesto y por otras infracciones a la Ley de Moisés (Lv. 24,21; 22,9; 20,12; 20,2; 20,9; 20,27; 20,10). En el Nuevo Testamento SI se habla en contra de la pena de muerte. Jesús lo hace a su manera, con obras: "Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú pues, ¿qué dices? ... Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella... Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más" (Jn.8, 3-11). En esta acción misericordiosa, estimado Padre Villegas, Jesús está cambiando la pena de muerte del Antiguo Testamento, por la clemencia y el perdón del Nuevo Testamento. Sí se pronuncia, entonces, Jesús sobre la pena de muerte, quedando ésta abolida para siempre en el cristianismo. Es de esta acción de Jesús que la Iglesia toma su criterio frente a la pena de muerte. "La comprensión de esta realidad" la Iglesia no la toma de "la tradición cultural de ella", como lo dice usted.

Añade en su entrevista que "los derechos humanos ni la libertad de conciencia están en LA BIBLIA". Con todo respeto, le digo Padre Beltrán, que eso no es así. LA BIBLIA entera es un tratado completo sobre derechos humanos y el Nuevo Testamento, ya derogada la Ley de Moisés, es otro tratado sobre la libertad de conciencia: "No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana" (Lv.19,13). "No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al rico; con justicia juzgarás a tu prójimo" (Lv. 19,15). "Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me cubristeis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a mí" (Mt.25,35-36). Esta es una pequeña muestra de todo lo que se habla en el Libro de la Antigua Alianza, y lo que enseña Jesús, en el Libro de la Nueva Alianza, sobre los derechos humanos. Y en cuanto a la libertad de conciencia, que dice usted que no está en LA BIBLIA, San Pablo lo desarrolla ampliamente: "...Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Rom. 8, 21). "Porque el Señor es el Espíritu y donde está el Espíritu del Señor, ahí está la libertad" (2Cor. 3,17). "Porque vosotros hermanos a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros" (Gal. 5,13). "Por lo cual es necesario estar sujetos no solamente por razón del castigo sino también por causa de la conciencia" (Rom. 13,5) . De manera Padre que los derechos humanos y la libertad de conciencia sí están en LA BIBLIA, y no es como usted dice que "calzan mejor con el espíritu global de la Iglesia" y que están ausentes de la Sagrada Escritura. Más aún, es grande comprobar que el "espíritu global de la Iglesia", está tomado precisamente de la Sagrada Escritura. Dice también usted que "San Pablo habla de la esclavitud como una condición natural para algunos hombres". La esclavitud era una condición social, no una condición natural. A lo que se refiere San Pablo es a que cada uno debe permanecer en la condición que estaba cuando el Señor lo llamó, los casados, casados, los solteros, solteros, los esclavos, esclavos. Porque la esclavitud era ley civil y la libertad de conciencia que le daba el pertenecer a Jesucristo, no lo exoneraba de la ley de esclavitud de pertenecer a un amo. Sin embargo, San Pablo dice: "Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres" (1Cor. 7,23). "Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción con la cual clamamos: ¡Abba, Padre!" (Rom. 8,15). San Pablo aclara así que la esclavitud no es una condición natural para el hombre libre. Una vez libertada por Jesucristo, la persona no puede entregarse a la las leyes civiles de la esclavitud. Esto que dice San Pablo, no es una "percepción de la conciencia humana que va descubriendo ciertas cosas como buenas o malas y que inicialmente no se las había percibido como tal", como usted señala. Aquí vemos claramente a San Pablo, inspirado por Dios, enseñándonos el bien y el mal. Agrega usted que "nosotros podemos acoger esto sin preguntarnos si calza o no con algún versículo de LA BIBLIA": Esta independencia de la Palabra de Dios, que usted indirectamente propone, la encuentro peligrosa. Usted sabe que la primera regla de discernimiento que nos han enseñado todos los Padres de la Espiritualidad Católica, es la coherencia y concordancia con la Palabra de Dios. Si no nos preguntamos si una acción nuestra "calza o no con algún versículo de LA BIBLIA", como dice usted, estamos abriendo un camino paralelo al de Dios, nuestro propio camino; nos estamos haciendo dioses, porque nuestra conciencia debe se la misma conciencia de la Palabra de Dios. ¿Se da cuenta, Padre Beltrán, dada su investidura sacerdotal, lo que sus palabras pueden hacer en el Pueblo que ignora la Palabra de Dios? Dice usted que "no estamos sujetos a LA BIBLIA en su literalidad", eso equivale a decir que no estamos sujetos a Jesucristo en todo nuestro ser, que podemos dejar partes nuestras sin estar sujetas a El. ¿Y quién decide qué parte no sujetar a la Palabra de Dios? ¿No me convierto, con este pensamiento, en juez de la Palabra de Dios y abre el camino para acomodarla como a cada uno le parezca y desee? ¿No es esto manipular al mismo Jesucristo? Si la "tradición no está sujeta a LA BIBLIA en su literalidad" ¿a qué está sujeta, de dónde sale? ¿No será entonces la tradición, tal como usted la plantea, mandamientos y doctrinas de hombres, como dice la Palabra?: "¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. Respondiendo Jesús les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: Este pueblo de labios me honra mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Y llamando a la multitud, les dijo: Oíd y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre" (Mt. 15, 2-9). Con todo respeto, me atrevo a decirle Padre Beltrán, que sus declaraciones tienen mucho para contaminar a los que ignoran de la Palabra y lo están leyendo, porque San Juan dice: "Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento es la palabra que habéis oído desde el principio" (1Jn. 2,7). La Palabra de Dios, es entonces, la verdadera tradición y usted las está separando.

Más adelante dice usted que "El judaísmo ha mantenido un tipo de interpretación bíblica tradicional con una preocupación muy diferente de la católica. La exégesis bíblica del judaísmo ha estado centrada en la interpretación de la ley, los preceptos y la casuística". Con todo respeto le digo Padre, que esto es desconocer la raíz del Nuevo Testamento. ¿Se ha detenido a contar cuántas alusiones hacen Jesús, los evangelistas y San Pablo, a citas del Antiguo testamento? ¿Ha visto con cuantos versículos del Antiguo Testamento ilustra Jesús su catequesis? Observe el Padre Nuestro, el Magnificat de María, las Bienaventuranzas, las palabras de Jesús en la cruz, todo su discurso es una relectura del Antiguo Testamento, desde su Misión de Redentor. Lo mismo San Pablo, quien le hace una relectura general al Antiguo Testamento desde la Resurrección de Jesucristo y desde el cumplimiento de todas las profecías del Antiguo Testamento. ¿Recuerda a Esteban cuando lo estaban matando? Todo lo que dijo ¿no fue un recuento de la historia de la salvación y su cumplimiento en Jesucristo? Toda esta tradición Judía no se puede, pues, separar de la tradición Católica para la interpretación de la Sagrada Escritura, tal como lo señala el documento de la Pontificia Comisión Bíblica llamado "La Interpretación de LA BIBLIA en la Iglesia". Este dice textualmente: "No se puede quitar la consistencia a la interpretación canónica del Antiguo Testamento, la que ha precedido la pascua cristiana, porque es necesario respetar cada etapa de la historia de la salvación. VACIAR EL ANTIGUO TESTAMENTO DE SU SUSTANCIA SERIA PRIVAR AL NUEVO TESTAMENTO DE SU ENRAIZAMIENTO EN LA HISTORIA. El Antiguo Testamento ha tomado su forma final en el judaísmo de los últimos 4 ó 5 siglos que han precedido la era cristiana. Este judaísmo ha sido también el medio de origen del Nuevo Testamento y de la Iglesia naciente". Más adelante continúa el documento, cuyo prefacio está firmado por el Cardenal Ratzinger: "Desde siempre los mejores exégetas cristianos, a partir de Orígenes y San Jerónimo, han procurado sacar provecho de la erudición bíblica judía, para una mejor comprensión de la Sagrada Escritura. Numerosos exégetas modernos siguen este ejemplo. Las tradiciones judías antiguas permiten, en particular, conocer mejor los Setenta, LA BIBLIA Judía que se convirtió seguidamente en la primera parte de LA BIBLIA cristiana durante al menos los primeros cuatro siglos de la Iglesia, y en oriente hasta nuestros días". ¿Se da cuenta Padre, de la diferencia entre sus palabras y el criterio oficial de la Iglesia? El mismo Jesús aconseja usar el Antiguo Testamento con la siguiente parábola: "El les dijo: Por eso todo escriba docto en el Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas" (Mt. 13,52). Y también lo hace con los discípulos de Emaús: "Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían" (Lc. 24, 25-27).

Además, Padre Villegas, usted añade que "la prioridad de la tradición sobre las escrituras hoy es un hecho admitido". Le confieso, Padre, que esta declaración suya me escandalizó, me entristeció, vi cómo Jesús era postergado y suplantado. Me dolió lo que usted dijo. Sentí el dolor del Señor al sentirse despreciado por sus livianas palabras. ¿Cómo va a estar primero la tradición que el mismo Jesucristo, que es la Palabra? Aún cuando "algo se admita hoy como un hecho real", eso no lo hace verdadero. Hoy se admite que los patrones exploten a sus obreros, pero por el hecho de que eso se admita, no quiere decir que sea lo verdadero. No puedo comentar toda la entrevista, sería un libro. Pero, ¿por qué dice usted que "la Teología de la liberación fue un pensamiento que tuvo su validez, y que hoy ya no responde a la realidad?" La Teología de la Liberación no es un pensamiento, es la forma de vivir y de entregarse de muchos consagrados que pasaron a vivir con los más marginados de Latinoamérica. ¿Cuál es la realidad que hoy no existe? ¿Vio la foto de las favelas con la que el periodista ilustró su entrevista? ¿Cómo decir que la pobreza, la miseria y la explotación, no son realidades de hoy en nuestro continente? Esto no merece comentarios.

Continúa usted diciendo: "Tenemos que saber enfrentar que esta realidad que se llama cristiandad, es una realidad que va a desaparecer en los países que tradicionalmente fueron cristianos. Necesitamos una mayor cohesión de la comunidad y conciencia de que nos encaminamos a ser minoría en algunos países. Debemos aprender a convivir con otras visiones de la vida sin tratar de imponer la nuestra a la sociedad". Padre, si esta "realidad que se llama cristiandad, va a desparecer en los países que tradicionalmente fueron cristianos", ¿ quiere decir que el cristianismo desparecerá de Latinoamérica? ¿Nos está preparando para eso? ¿No va su argumento totalmente en contra de las Palabras de Jesús?: "... Y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mt. 16,18b). "... He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" ( Mc. 28, 20b). Y también sus palabras son contrarias a las de San Pablo: "El amor nunca deja de ser" (1Cor. 13,8a). ¿Qué significa que "necesitamos una mayor cohesión de la comunidad"? ¿Significa acaso que el cristianismo se "diluirá" en todas las ideologías del mundo? Miremos nuevamente lo que nos dice San Pablo: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos y apartaos dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré. Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2Cor. 6,14-7,1).

Otro comentario que me produjo mucho dolor el que usted llamó al cristianismo "visión de la vida". El cristianismo NO ES "UNA VISION DE LA VIDA". El Cristianismo es la forma de Vida que el Padre quiere para Sus hijos y que le costó la vida nada menos que a su Unigénito Hijo Jesucristo. Marx tiene una visión de la vida, Buda otra, los indígenas otra, etc. Pero nosotros tenemos la forma divina de como debemos vivir los seres humanos. NO ES EL CRISTIANISMO UNA VISION FILOSOFICA, NI ANTROPOLOGICA, NI NADA POR EL ESTILO. EL CRISTIANISMO ES LA VICTORIA DE DIOS SOBRE SATANAS Y NO "UNA VISION DE LA VIDA PARA TRATAR DE IMPONERLA A NUESTRA SOCIEDAD" COMO SI FUERA UNA PROPAGANDA PUBLICITARIA PARA VENDER EL MEJOR PRODUCTO.

Por todo lo anterior, le pido a la Arquidiócesis de Santiago de Chile hacer una rectificación o aclaración pública de todos los errores diseminados por el Padre Beltrán Villegas en el diario El Mercurio.

Gracias Padre Beltrán por su atención

Cordialmente, Sabina Vélez

Valdivia, 19 de julio de 2000.-

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"Coincidencialmente", mirando las lecturas de la Eucaristía de hoy, 17 de julio, encontré en ellas una confirmación a todo lo que he dicho en esta carta.

"Príncipes de Sodoma, oíd la Palabra de YHVH; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. ¿Para qué me sirve, dice YHVH, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; la luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecida mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda" (Is. 1,10-17).

"Oíd esto, pueblos todos; escuchad, habitantes todos del mundo, así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente. Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón inteligencia. Inclinaré al proverbio mi oído; declararé con el arpa mi enigma. ¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare? Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es a gran precio, y no se logrará jamás), para que viva en adelante para siempre, y nunca vea corrupción. Pues verá que aún los sabios mueren; que perecen del mismo modo que el insensato y el necio, y dejan a otros sus riquezas. Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, y sus habitaciones para generación y generación; dan sus nombres a sus tierras. Mas el hombre no permanecerá en honra; es semejante a las bestias que perecen. Este su camino es locura; con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos. Como a rebaños que son conducidos al Seol, la muerte los pastoreará, y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada. Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo. No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa; porque cuando muera no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria. Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma, y sea loado cuando prospere, entrará en la generación de sus padres, y nunca más verá la luz. El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen" (Sal. 49).

"No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a su padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos" (Mt. 10,34-11,1).

 

 

 

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