LA PALABRA EN LA IGLESIA ES LÁMPARA APAGADA

 

 

 

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San Juan cuenta la alegría de los cielos y anima a los santos (los que se han separado del paganismo o del judaísmo para ingresar al Camino), a los apóstoles y los profetas a alegrarse, porque se ha hecho justicia a ellos con la desaparición de Babilonia y comienza una nueva era de Regeneración y de Resurrección. San Juan hace alusión al escándalo que hizo, en los pequeños y pobres, este poder supremo, al alejarlos de Dios, amedrentándolos con la muerte y la tortura o con las penas eternas del infierno; por eso, atados a una rueda de molino (que son enormes, pero enormes ruedas de piedra, con metro y medio de diámetro y hasta 45 cm. de espesor), serán arrojados al mar: "Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos" (Lc. 17, 1-2). Quedarán en manos de su maldad, que se acrecentará cada vez más en ellos.

Se terminarán la fiestas y sus músicas en el imperio romano, en el templo de Jerusalén y en nuestra Iglesia ya vemos muchos órganos preciosos silenciados desde hace mucho tiempo. Se terminarán las construcciones con sus grandes artistas. Ya no habrá ruido de molino, no habrá más harina para el pan de los banquetes y para el pan de las celebraciones judías y de los panes de la proposición ( ya para ese entonces, Tito había destruido el templo de Jerusalén y se habían terminado sus sacrificios). En nuestra Iglesia de hoy, se refiere a la ausencia del Pan de la Palabra y del Pan que es Jesucristo.

La luz de la lámpara es la luz de la Menorá , del candelabro que permanecía encendido en el lugar Santo continuamente, sin apagarse. Es la Palabra que ya no estará en el judaísmo, porque al rechazar a Jesús, están rechazando la Revelación final. Es la Palabra que en nuestra Iglesia de hoy es lámpara apagada (Sal. 119,105). No le alumbra el camino a muchos, porque no la entienden, porque no saben extraer la vida que hay inserta en Ella, porque no tienen quien les enseñe toda la Vida que la Palabra tiene guardada dentro. Porque no saben que la Palabra es Jesucristo y que Jesucristo es la Vida (Jn.1,1; Jn. 11,25).

No se oirá más voz de esposo y de esposa, porque se terminará el "matrimonio" entre el judaísmo y el paganismo romano. Porque se terminaría la Antigua Alianza en el judaísmo. Y porque nuestra Iglesia tendrá que definirse como poder temporal o como Iglesia de Jesucristo. Porque la unión entre los poderes de Dios y los poderes del mundo, terminará por separar este engendro de matrimonio. Por eso dice que sus mercaderes eran los grandes de la tierra. Esa es la realidad de nuestra Iglesia, un matrimonio con los grandes de la tierra para dar limosna a los pequeños de la tierra, a quienes han privado de sus derechos los grandes de la tierra que comparten sus ganancias con nuestra Iglesia, ganancias en forma de donaciones que tranquilizan las conciencias de los grandes mercaderes de la tierra.

"Por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones". Las hechicerías del imperio romano son evidentes. Las de los judíos también, porque seguían celebrando sus fiestas sin la presencia de Jesucristo, eran ceremonias vacías, eran hechicerías. Así también, cuando nuestros cultos religiosos son sólo meras manifestaciones externas, procesiones, danzas o lo que sea, se convierten en hechicerías, porque las personas quedan apegadas a cultos vacíos y creen que es a Jesucristo. Y cuando se cree que se está, pero no se está, jamás se podrá estar.

"En ella se halló la sangre de los profetas y de los santos y de todos los que han sido muertos en la tierra". Fácil interpretarlo. En el imperio romano se halló la sangre de muchos mártires, en el judaísmo también. Nuestra Iglesia hoy está pidiendo perdón por la inquisición, por su participación en el holocausto judío y por tantos mártires que, por decir la verdad, han desaparecido o los han silenciado para siempre. Tenemos que aceptar, y es doloroso hacerlo, que en nuestra Iglesia también hay mucha sangre de profetas y santos. En ella están "todos los que han sido muertos en la tierra" porque ella misma es Jesucristo y en El descansan todos.

 

 

 

 

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