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Después
de haber analizado este capítulo XII del Apocalipsis, es fácil entender el
por qué la jerarquía eclesiástica había decidido no publicar el secreto, y al
fin lo ha hecho con bastantes diferencias al texto que se filtró en el mundo,
por medio de alguna providencial indiscreción diplomática del Vaticano
durante el pontificado de Juan XXIII.
No
es necesario entrar en muchos detalles, para comprender el por qué la Hermana Lucía
insistió tanto en escudriñar este texto del Apocalipsis, pues lo que en él se
dice, es lo que está sucediendo hoy en nuestra Iglesia Católica.
Ahora
tratemos de analizar el capítulo 16 del Apocalipsis, según lo ha aconsejado
también la Hermana
Lucía:"Oí una gran voz que decía desde el templo a
los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de
Dios. Fue el primero y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera
maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y
que adoraban su imagen. El segundo ángel derramó su copas sobre el mar y éste
se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el
mar. El tercer ángel derramó su copas sobre los ríos y sobre las fuentes de
las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas, que
decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has
juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los
profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen. También oí
a otro, que desde el altar decía: ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus
juicios son verdaderos y justos. El cuarto ángel derramó su copa sobre el
sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se
quemaron con el gran calor y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder
sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria. El quinto ángel
derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de
tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del
cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.
El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de éste
se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. Y vi
salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del
falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus
de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el
mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.
He aquí, yo vengo como ladrón. bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas
para que no ande desnudo y vean su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en
hebreo se llama Armagedón. El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y
salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.
Entonces hubo relámpagos y voces y truenos y un gran temblor de tierra, un
terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado
sobre la tierra. Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades
de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios,
para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. Y toda isla huyó, y los
montes no fueron hallados. Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme
granizo como del peso de un talento; y los hombre blasfemaron contra Dios por
la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande".
Este
impresionante capítulo del Apocalipsis, está escrito en verdadero género
apocalíptico. Ahora veamos qué significa esto. La palabra Apocalipsis viene
del griego "apokalyptein" que quiere decir "quitar el velo",
"re-velar", "sacar del misterio", "volver a
velar". Este género se usa para sacar desde el misterio a la luz, para
revelar hechos concretos que se sucedieron, se están sucediendo o se
sucederán. Explica la Verdad
contenida en los acontecimientos a los cuales se refiere. En el Apocalipsis
de San Juan se revela la manera de actuar de Dios en el proceso histórico,
partiendo de la observación de la forma de actuar en tiempos pasados, se
desprende cómo actuará en el futuro. El Apocalipsis de San Juan descorre el
misterio de la presencia de Dios en épocas de persecución, pero lo vela para
los perseguidores.
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