HEMOS VENCIDO CON LA SANGRE Y LA PALABRA DE JESÚS

 

 

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"Entonces oí una gran voz en el cielo": el cielo significa el aire que respiramos, el lugar de los planetas y "la oficina de Dios", ya no hay sino una sola y gran voz en los espacios celestiales. Esta voz dice: "Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de Dios día y noche". (Las partes a y c de este versículo también serán suprimidas el próximo 15 de agosto). Jesucristo ha derrotado a Satanás y su reino de muerte ha desparecido para siempre. Jesucristo ha resucitado y se ha convertido en el Rey, en el UNICO CON PODER Y AUTORIDAD. El poder de Satanás ha sido reducido a los pobres poderes temporales de la tierra. Poder, riqueza, fama, pobres poderes tan pasajeros como luces de bengala. Aquí San Juan lo llama acusador, ese es su verdadero nombre, eso significa Satán en hebreo. El es el acusador, el que se mete a las conciencias de los hombres para que no se sientan perdonados por Dios y se sientan siempre indignos de seguirlo, de proclamarlo. Este es el acusador que se mete en las lenguas de los hombres, para hacer sentir a los demás, con sus palabras enjuiciadoras, perpetuamente culpables e indignos de servir en el Reino de Nuestro Señor Jesucristo, por eso Jesús ataca tanto el enjuiciar a los demás: "No juzguéis para que no seáis juzgados. Con el juicio con que juzgáis seréis juzgados. Juzgáis según la carne" (Mt.7,1-2; Jn. 8,15).

"Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la Palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte". Esos hermanos son los acusados por Satanás, representado por los sacerdotes judíos y el imperio romano, perseguidos, difamados y calumniados por ellos, como aparece en tantas partes en el Talmud. Por ejemplo, en el Baba Kama 113a se dice que un judío puede mentir para condenar un cristiano. A los varones cristianos les decían Kededchim que significa afeminados, y a las mujeres cristianas Kedeschot, prostitutas. Y es que es más fácil difamar la honra del que dice la verdad, que responder a ella, porque la verdad es incontestable e irrefutable. La victoria pertenece a los que están en el bando del Vencedor, por eso hemos vencido con la Sangre de Jesús y con la Palabra de la Sagrada Escritura, que es nuestro testimonio: "Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó" (Rom. 8,37). Además, por menospreciar nuestras vidas hasta la muerte, no tenemos miedo de decir lo que el Espíritu nos presiona a decir: "Pues si anuncio el Evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!"(1Cor. 9,16). San Juan dice que los hermanos le ganaron a Satanás por medio de la Sangre del Cordero, de la Sagrada Escritura y de dar la vida para que otros vivan. Esta son pues las armas más poderosas del cristiano.

 

 

 

 

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