LOS SACERDOTES NO PUEDEN DEDICARSE AL MUNDO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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"Bajo los dos brazos de la cruz había dos ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios": Los dos ángeles, ya sabemos que no son ángeles, son mensajes, mensajeros. La jarras significan "abundancia inagotable", son de cristal, porque es sangre pura, limpia, sangre de personas con mente clara y pensamientos lúcidos, sin idolatría. Es sangre en abundancia, porque es la Sangre Eterna del Cordero Eterno, a la cual se une la sangre de todos los que saben que morir significa vivir y no tienen contaminada su relación con Jesús, con situaciones idolátricas. Por ejemplo no son cristianos que consultan adivinos y hacen disciplinas orientales sagradas. Son cristianos como David, puros y limpios en su relación con el Señor, que entregan con El, en El y por El, sus vidas para que otros se puedan poner en contacto con el Señor. Por eso esa sangre es aspergida sobre las almas de los que se acercaban a Dios, porque la sangre es Vida y los cristianos de verdad dan su vida por el otro: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Jn.15,13). Los ángeles están bajo los brazos, simbolizando que la sangre de los que dan su vida por los demás, se une a la sangre del mismo Jesús y que Jesús es de dignidad superior a ellos: "A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte" (Fil. 3,10). SEGUN LA INTERPRETACION SIMBOLICA DE ESTA VISION, SE ABRE UNA ESPERANZA GRANDE PARA LA HUMANIDAD, PORQUE LOS CONSAGRADOS VAN A SER ABIERTOS POR EL SEÑOR Y VAN A LLEGAR A DAR VIDA A LOS QUE LA BUSCAN. OREMOS, PUES, POR ESO, PARA QUE LA FLECHA DEL PODER DE DIOS, PENETRE LOS CONSAGRADOS Y LOS FECUNDE CON SU PERSONA.

La Palabra de Dios es muy clara en cuanto a la relación del cristiano con el mundo. Mucho más para los consagrados, que se han alejado de éste, para servir sólo al Señor. Antes de partir a la pasión, después de la Cena de Institución de la Alianza Nueva y Eterna, Jesús oraba así por sus discípulos al Padre: "... He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste y han guardado tu Palabra... Yo les he dado tu Palabra y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu Verdad, tu Palabra es Verdad... Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la Palabra de ellos" (Jn. 17,6.14-17.20). No pueden, por tanto, estar los consagrados dedicándose a negocios mundanos, ni consiguiendo más bienes para la Iglesia, a costa inclusive de la Verdad, con engaños, sobornos, documentos falsos. No puede un consagrado dejar de pagar el IVA, por ejemplo, ni puede mentir, ni hacerse un personaje público, bien visto por todos, coronado de gloria, poder, riqueza y majestad, así como replica Santiago: "¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" (Sant.4,4). Esta palabra no necesita ninguna interpretación, es directa.

El consagrado, como bien le ruega Jesús al Padre, es el que debe "guardar la Palabra", debe ser "aborrecido por el mundo", debe estar en el mundo, pero guardado del mal del mundo. Tiene que estar con nosotros leyendo la Palabra, consultándola, estudiándola, transmitiéndola, enseñándola, como pide Jesús. Para así ser penetrados juntos, en comunidad, todos por la Palabra de Dios. Los consagrados tienen que estar con nosotros ayudándonos a formar las Comunidades de Alianza que Jesús y los apóstoles formaron para cumplir así el plan del Padre en cuanto a la vida que quiere para nosotros, deben estar dirigiendo y orientando estas comunidades, que fue la principal obra de los apóstoles: "Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones, rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros... Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles...Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis Roma" (Rom. 1, 9-10.13.15). "Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: después que haya estado allí, me será necesario ver también a Roma. Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia" (Hech. 19,21-22). No pueden los consagrados ser una clase aparte llena de los privilegios del cielo y exonerada de los castigos del infierno.

 

 

 

 

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