|
|
|
|
"El Santo Padre atraviesa una gran ciudad medio en ruinas": La ciudad es símbolo de
"sedentarización", de cristalización, de detención del movimiento,
ya no se camina. ¿Esta ciudad no será nuestra Iglesia a la que, por estar
"sedentarizada", le llega la ruina? ¿Es por esta ruina, producto de
una "sedentarización", que el Papa tiene que cruzarla y salir de
allí? "Sedentarizada" porque no se ve en ella el movimiento del
Amor, de la Vida,
de la Palabra.
"Sedentarizada" porque no se ve en ella el Camino que trazó Jesús,
pues El dejó una Iglesia peregrina, itinerante, con movimiento permanente. En
ruinas, porque no hay Fe, no hay Palabra. A esta se la mutila, no da
respuesta al hombre moderno que está buscando a Dios y, por no encontrarlo
donde está en la Iglesia
pero velado, lo busca en doctrinas, teologías y filosofías netamente humanas.
Las doctrinas humanas que hay en nuestra Iglesia ya no las está creyendo
nadie: "Pues en vano me honran enseñando como doctrinas, mandamientos
de hombres" (Mt. 15,9). Cada vez se pone peor la situación para
nuestra Iglesia, a pesar del despliegue publicitario que se le haga a los
jerarcas en los medios de comunicación. No basta con visitar a los pobres en
sus improvisadas casuchas de madera o "medias aguas", como se las
llama en Chile, ni llevarle la comunión a un preso; ni bendecir imágenes para
repartirlas en las casas de las almas devotas. Eso todavía es de ciudad en
ruinas.
El
hombre vestido de blanco cruza esta ciudad en ruinas "medio
tembloroso, con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena". Esta
debe ser la actitud de todos los católicos que comprobamos que bajo las
ruinas de nuestra Iglesia ESTA QUEDANDO ENTERRADO NADA MENOS QUE EL QUE LE
DEVOLVIO LA VIDA,
POR MEDIO DE SU RESURRECCION, AL UNIVERSO. El hombre vestido de blanco "iba
rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino":
Ser cadáver, en la
Sagrada Escritura, es señal de no estar con Dios, de no
haber sido fecundado con la vida de Jesucristo: "Y él os dio vida a
vosotros cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados...aún estando
nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracias
sois salvos)" (Ef. 2, 1.5). "Por lo cual dice: despiértate,
tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo" (Ef.
5,14). Y son los sacerdotes, obispos, religiosos y religiosas los cadáveres
que encuentra en el camino, por los cuales reza el hombre vestido de blanco,
de victoria. El Camino en la
Nueva Alianza es Jesús mismo, es el cristianismo, es el
catolicismo: "Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al
Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas
están escritas... Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado
de este Camino, les emplazó diciendo: Cuando
descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer vuestro asunto"
(Hech. 24, 14.22). En esta visión, los consagrados mueren sin recorrer el Camino: "... Yo conozco tus obras, que tienes nombre de
que vives, y estás muerto" (Ap. 3,1b). No se puede estar
muerto y estar en el Camino. Este hombre vestido de victoria, que puede ser
el mismo Jesús, sí llega a la cumbre, sí se abraza a la cruz, o se abraza en
ella. "Llegado a la cima del monte, el hombre
de blanco se postra a los pies de la gran cruz": Este
hombre vestido de victoria, sabe que la victoria no es suya, que ha sido
conquistada por otro. "Allí el hombre de blanco
es asesinado por un grupo de soldados quienes le dispararon varios tiros de
arma de fuego y flechas": Esta muerte por flechas, al
Papa y los consagrados, nos da esperanza, porque la flecha simboliza la
apertura, la penetración, el pensamiento que ilumina, es símbolo del órgano
creador que abre para fecundar. "Emuna" palabra hebrea para Fe
significa dejarse penetrar. Y, POR SUPUESTO, QUE CUANDO UNO, QUE ES MUERTE,
SE DEJA PENETRAR POR LA VIDA,
QUE ES JESUS, MUERE A LA
MUERTE. Esa sería la solución para que la amenaza contra la
fe, de la cual habla tanto la
Virgen de Fátima, no se realice. Que mueran al mundo todos
aquellos que nos deben conducir hasta la cima donde está Jesús, esperándonos
para protegernos, la mayoría de las veces, de nosotros mismos...
|
|