EL MENSAJE DE FÁTIMA
Y EL SILENCIO DE LA IGLESIA

 

 

 

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La Virgen de Fátima le dijo a la Hermana Lucía, única sobreviviente de los tres pastorcitos de Fátima, quien es monja Carmelita en Coimbra, Portugal, y a quien habían vedado hablar del tercer secreto de Fátima: "El género humano ha pecado y pisoteado el Don que había recibido. En ningún lugar del mundo hay orden, y Satanás reina sobre los más altos puestos, determinando la marcha de las cosas. El efectivamente logrará introducirse hasta la cumbre de la iglesia. Para la iglesia llegará el tiempo de sus más grandes pruebas. Cardenales se opondrán a Cardenales, los obispos a obispos. Satanás caminará por entremedio de sus filas, y en Roma habrá cambios. Lo que está podrido caerá, y lo que caerá ya no se levantará más. La iglesia será ofuscada y el mundo trastornado por el terror. Tiempo llegará en que ningún rey, Emperador, Cardenal u Obispo, esperará a Aquel que sin embargo vendrá...".

Dolorosamente el "tercer secreto", que está secreto, tiene que ver con el rechazo al Don mayor que nos ha dado el Padre, su Hijo Jesucristo. Dice el mensaje que lo hemos pisoteado y que por esta razón le hemos dejado el camino abierto a Satanás, para entrar en nuestra Iglesia . El tercer mensaje tiene que ver con la acción de Satanás en la doctrina y en las enseñanzas, en los obispos, los sacerdotes y los consagrados. El tercer secreto tiene que ver con los amigos de Dios que se han convertido en Sus enemigos. Tiene que ser muy terrible que uno sea enemigo de Aquel a quien le ha consagrado la vida. El tercer mensaje tiene que ver con la herejía mundial en nuestra iglesia, con "el humo de Satanás que parece como si se hubiera entrado por alguna fisura en la Iglesia", según palabras del Papa Pablo VI el 29 de junio de 1972: "Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios" (2 Tes. 2,3-4).

El mensaje entregado a Lucía continúa diciendo: "El demonio está peleando la batalla decisiva contra la virgen porque lo que aflige el Corazón Inmaculado de María y de Jesús es la caída de las almas religiosas y sacerdotales. El demonio sabe que los religiosos y los sacerdotes, olvidando su excelsa vocación, arrastran muchas almas al infierno...El Demonio hace de todo para distraernos y quitarnos el deleite de la oración". "Es necesario decir a las personas que no tienen que estar esperando una llamada a la oración y a la penitencia, ni del sumo pontífice, ni de los obispos, ni de los párrocos, ni de los superiores generales. Es ya tiempo de que cada uno por su propia iniciativa lo haga". "El demonio quiere apoderarse de las almas consagradas, trabaja para corromperlas, para inducir a las otras a una definitiva persistencia en el pecado; ¡Usa todas las astucias, sugiriendo incluso poner al día la vida religiosa! De ello tiene origen la esterilidad hacia la vida interior e indiferencia en los seglares respecto a la renuncia de los placeres y la total inmolación a Dios". "El demonio ha empezado la lucha decisiva, o sea final, de la cuál uno de los dos saldrá victorioso o vencido: o estamos con Dios, o estamos con el demonio". "La humanidad no ha evolucionado como Dios, nuestro Padre Celestial esperaba de ella. Ella ha pisoteado los regalos de Dios; sí, ella ha atentado contra estos regalos".

La jerarquía de nuestra Iglesia Católica prefiere guardar silencio, desobedeciendo a la Virgen; pero la Sagrada Escritura entera, los Evangelios, las Cartas de San Pablo y el Apocalipsis dejan de manifiesto lo que los dirigentes de nuestra Iglesia quieren ocultar: la apostasía disfrazada de nuestros pastores. Parecen ser, pero no lo son. Si lo fueran, no habría tanta desintegración en la humanidad a todo nivel; si lo fueran, tendríamos una humanidad fecundada con el amor y no con el odio, que es el germen de Satanás: "No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas" (Lc. 6,43-44). EL CRISTIANISMO NO ES UNA DEVOCION, ES LA FORMA DE VIDA QUE DIOS HA ELEGIDO PARA EL HOMBRE. Compromete toda la vida, todo el quehacer cotidiano, toda la postura política, la forma de vivir, el pensamiento filosófico, la cosmovisión entera, por eso con oraciones solamente no se cristianiza la vida, y esto lo está comprobado la historia. Oramos porque pertenecemos al Camino, pero no podemos quedarnos orando sin pertenecer: "Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí" (Mc. 7,6). "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt. 7,21).

 

 

 

 

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