JUSTIFICACIÓN

 

 

 

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Esta séptima carta la estoy empezando a escribir "con temor y temblor". Respondiendo a una gran presión interna que se me acrecienta cuando estoy en oración, cuando leo La Sagrada Escritura. Esta séptima carta la tengo que escribir, porque "¡ay de mí si no lo hago!" Esta séptima carta la estoy escribiendo porque el llamado imperioso a la fidelidad al Señor, me lo está obligando. Llevo mucho tiempo evitándola, porque confieso que le tengo miedo a la persecución y a las revanchas que sufren los seres que amo. Pero tengo que confiar en la protección del Señor, como hasta ahora lo ha y lo he hecho. Por lo cual Señor Jesús, te doy gracias y te pido que con tu Santo Espíritu ordenes las palabras que quieres que yo diga y tomes en tu corazón a todas las personas que serán blanco de las venganzas y de la persecución por la verdad que hoy, domingo 2 de julio, ya no puedo callar más. "Orando en todo tiempo, a fin de que al abrir mi boca me sea dada la palabra para dar o conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar" (Ef. 6, 19-20).

Esta séptima carta preferiría no haberla empezado. Tengo miedo, pero la escribo por fidelidad al Señor y a María Su Madre, quien es la directamente responsable de mi Sí definitivo y constante a su Hijo y a quien le pido nos cubra a toda la comunidad con su Manto de Madre Protectora.

Esta carta es para los hijos sacerdotes y las hijas religiosas de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, de la Iglesia Católica, de la Universal. Esta carta es para los sacerdotes de mi Iglesia a la cual amo y pertenezco voluntariamente y por decisión fundamental, no por herencia o por tradición ignorante.

Pido perdón a todos los sacerdotes y almas consagradas al Señor por las palabras que de esta carta los van a herir. Si la herida que mis palabras les causen se convierte en una reflexión que haga modificar sus vidas (sin que por esto se me tache de presumida), desde ya le doy gracias al Señor. Si mis palabras producen rabia y deseos de persecución y venganza, les pido que oren por mí. Les prometo que trataré de ser suave en lo que se refiere a mis palabras, pero no en cuanto se refiera a palabras textuales tomadas de la Sagrada Escritura, mucho más fuertes que las que yo pueda decir.

Por último, les pido a todas las personas que lean esta séptima carta que no la quemen sin leerla y que no la desprecien apoyándose en todas las calumnias que han dicho sobre mí. Es más fácil descalificar esta carta que atender a lo que se dice en ella. Reconozco que no soy nadie que tenga poder para decir lo que voy a decir, pero la Palabra del Señor me presiona y me obliga a hacerlo y "¡ay de mí si no lo hago!".

Ruego a todos los presbiterios, a las conferencias episcopales, a las congregaciones religiosas y también a los laicos que me están leyendo, que reflexionen en estas palabras, que las comparen con la Sagrada Escritura, que no se dejen llevar por el orgullo de clase que les produce su lugar de preferencia en nuestra Iglesia, que acepten que una laica común y corriente les pueda hacer unas preguntas, les pueda hacer unas amonestaciones sin que la tiren a la hoguera de la calumnia y del silencio. ¿Por qué no mejor unirnos, buscar y responder juntos tantas inquietudes y preguntas que tenemos los laicos, en vez de marginarme simplemente por el hecho de no querer escuchar una verdad dolorosa? ¿Por qué no hacerle frente a esa verdad? ¿Por qué no jugarse la vida, pero en serio, POR EL QUE SE LA JUGO TODA Y ENTERAMENTE POR CADA UNO Y POR TODOS NOSOTROS?

Le pido al Señor que toque el corazón de algún sacerdote o religiosa y quiera reunirse conmigo a conversar, a orar; que escuche mi voz, que es la voz de los sin nombre en la Iglesia, es la voz de los que no se atreven a hablar, que no saben cómo hacerlo o que tienen miedo de hacerlo. Yo también soy Iglesia y mis palabras serán las de la Sagrada Escritura. En esta concreta oportunidad me referiré ampliamente al mensaje que María la Madre de Todos entregó en Fátima de parte de Nuestro Señor Jesucristo y de su Padre, y con la fuerza de su Santo Espíritu. Al final de esta carta pongo a manera de apéndice una carta Abierta al Padre Beltrán Villegas, comentándole sus declaraciones en El Mercurio de Santiago del domingo 16 de julio de este año 2000. Dicho sacerdote de 80 años y 58 de sacerdocio es doctor en Teología de la Universidad Gregoriana de Roma, exégeta bíblico de la Universidad Bíblica de Jerusalén Me escandalizaron tanto sus palabras, que a pesar del riesgo que esto significa tengo que responderle. Por eso, aún cuando vean que esa "Carta Abierta" no tiene que ver nada con el contenido de esta carta, yo creo que sí; es la manifestación gráfica de todo lo que en ella digo. Es la confirmación de las Palabras de La Virgen María en Fátima. Es la confirmación de todo lo que dice el Espíritu Santo en su Palabra. Gracias Señor por este ejemplo gráfico y público, en el que puedo apoyarme para confirmar las palabras de esta séptima carta.

Muchas Gracias
Chile, 2 de julio de 2000.Valdivia.

Sabina Vélez Hurtado.

 

 

 

 

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