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CHILE Y SU "NECESIDAD" DE PERDONAR |
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Las
cartas que estoy escribiendo ya han sobrepasado las fronteras chilenas, pero,
por fidelidad a este país que es mi segunda patria, tengo que decir que el
odio acumulado en los corazones chilenos es muy grande. Años y años sin poder
expresar lo que se siente, silencios obligados mediante amenazas, anhelos
insatisfechos de llegar a ser y vivir determinadas cosas, conflictos
sociopolíticos insalvables, que al fin se convierten en rabia e ira en el
alma. El llamamiento al perdón es continuo: lo usan los políticos en sus
programas de gobierno, los obispos en sus amonestaciones pastorales, los gerentes
en sus empresas. Pero el perdón no es sólo un enunciado político, religioso o
social. EL PERDON ES UN CAMINO POR EL QUE HAY QUE CAMINAR Y ES UN PODER
DIVINO QUE HAY QUE PEDIR PARA QUE NUESTRO CORAZON SUPERE EL PODER DEL ODIO Y
DEL RENCOR. Chile no va a salir de su ira generalizada y permanente sólo
diciendo frases bonitas. Hay que hacer un proceso concreto, real. Son
acciones de oración, de mirar el odio y el resentimiento en el alma, de no
hacer discriminaciones entre buenos y malos, de ver que el rubio es igual al
moreno, y que, en los acontecimientos del pasado, todos y cada uno, de alguna
manera estaban representados en las diferentes clases socioeconómicas que se
enfrentaron. Yo
propongo a todas las iglesias chilenas una convocación masiva. Un día de
oración conjunta y compartida, donde todos le "tiremos" a nuestro
Cordero Jesús, el odio que nos tenemos los unos contra los otros en Chile, y
que está llevando a Chile a estar a la cabeza de los deterioros síquicos en
todo el mundo. Le propongo a nuestra Iglesia Católica tomar la iniciativa y
que nos invite a ponernos todos juntos de rodillas ante el Señor, a
perdonarnos para reencontrarnos, para no secmentar este país más de lo que
está. Si mi propuesta fuera aceptada, gracias doy desde ya al Señor por ello. |
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