¿CÓMO SE HACE EL CAMINO DEL PERDÓN?

 

 

 

Imprime esta Página

 

 

 

El que no perdona se queda congelado en el pasado. Y para salir de esta congelación, el único camino es el perdón. Perdonar es renunciar a seguir acusando al otro en nuestro corazón, aún cuando haya sido culpable de lo que nos hizo. El Señor necesita que perdonemos, porque nuestro corazón tiene que estar despejado de odios para que entre el amor. El perdón es "la columna vertebral de nuestra sanación interior". Sin perdonar vivimos nuestra vida a medias, porque nuestras heridas permanecen vivas y actuantes en nuestra psiquis. Y, desde ella, nos juegan malas pasadas, cuando aprovechan las oportunidades de hoy, para hacer vivos los dolores de situaciones ya pasadas, pero que no están bien asumidas por nuestro ser. SOLO EL PERDONAR PUEDE LIBERAR NUESTRA ALMA DE TANTOS DOLORES, AMARGURAS, RESENTIMIENTOS Y COSMOVISIONES NEGATIVAS QUE NO NOS DEJAN DESARROLLARNOS COMO LOS HOMBRES Y MUJERES QUE DIOS QUIERE QUE SEAMOS.

Pero el perdonar no es propio de nuestra naturaleza humana. Nosotros tratamos de perdonar con flores, chocolates, invitaciones, tarjetas, pero esto es sólo "echarle tierra" a la situación, es taparla, no enfrentarla, es como cuando una herida se cierra por fuera pero sigue la infección por dentro. Primero que todo, tenemos que saber que el perdón es un poder de Dios, que tenemos que desearlo, anhelarlo y pedirlo. "Pero es de YHVH, nuestro Dios, el tener misericordia y el perdonar, aunque nos hayamos rebelado contra él" (Dn. 9, 9). Esto quiere decir que el poder para perdonar es propiedad de Dios y, por lo tanto, tenemos que pedirlo. Tratar de perdonar con nuestras buenas intenciones, es como tratar de mover un elefante con nuestro más fuerte soplo. Es sólo en la relación personal y permanente con El, que recibo el poder y la capacidad para perdonar y sanar de mi herida.

En segundo lugar, para perdonar tengo que tomar la decisión de perdonar. El perdón es un acto de la voluntad que se opone al sentimiento, como cuando el fumador dice: "no fumo más" y su sentimiento le contesta: "el ultimito". Su voluntad dice "SI" y su sentimiento dice "NO". Lo mismo ocurre con nuestros rencores: "perdono pero no olvido"; "¿cómo voy a perdonar esto tan grave que me hizo?"; "errar es humano y perdonar es Divino". Estamos llenos de sofismas que de alguna manera nos invitan a no perdonar. Por eso, el perdonar es un acto de la voluntad, es una decisión de la razón que no tiene en cuenta el sentimiento, porque el sentimiento siempre nos va a decir que no perdonemos. Es un acto de fe el perdonar. Es cumplir el deseo del Señor, por encima del nuestro que, como vimos, es el de vengarnos.

En tercer lugar, para perdonar tenemos que verbalizar el perdón; Jesús lo hizo siempre. Cuando sale de su agonía para gritar, desde ella, su sublime y máxima petición al Padre, nos indica lo urgente que es el perdonar y ser perdonados, y que el decirlo con la boca, proclamarlo, verbalizarlo, es el camino para que el perdón se haga efectivo. La palabra es creadora. Si le digo a un niño que es lindo, lo construyo; si le digo lo contrario, lo destruyo. Y no se necesita ser niño para que eso ocurra. Las cosas positivas, son las que nos ponen de pie y nos dignifican. Jesús siempre pronunció el perdón. Y cuando lo hizo, en el último momento de la cruz, lo hizo para erigirse como Cordero. Lo hizo cuando su carne estaba rota, despedazada, cuando su cuerpo estaba destruido y quedaba poco para derramar su última gota de sangre. Lo hizo en el momento mismo en el que estaba reemplazando al cordero de la Antigua Alianza y grita Su supremo canto de perdón: "PADRE, PERDONALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN" (Lc. 23, 34). Ahí está la víctima entregándose por todos nosotros, por cada uno y por todo lo que cada uno hizo, hace y hará. En ese supremo momento se está creando el perdón para todos. Antes no existía, había que llevar un cordero para lograrlo, y ahí está, clavado en la cruz, "molido por nuestras rebeliones"; ahí está muriendo y perdonando. Ya tenemos Cordero, ya podemos "arrojar" sobre El nuestras iniquidades, para que, muriendo en El, puedan nacer en nuestro corazón los sentimientos del Reino. Y, el primero de ellos es el perdonar, por eso tenemos que pronunciarlo, hacerlo audible, crearlo con nuestra palabra, porque la palabra es creadora. Con una palabra dulce podemos crear una sonrisa en el otro, y con una palabra amarga podemos crear una mueca de amargura. Por eso, porque la palabra crea, tenemos que decir ante el Señor que perdonamos.

Y, en cuarto lugar, para perdonar tenemos que llevar nuestros resentimientos, odios y rencores al Sacramento de la Reconciliación, para que el sacerdote ponga sobre nuestro Cordero Jesús, todos los sentimientos de odio que tenemos en nuestro corazón, muchas veces agazapados, disfrazados y ocultos, pero que ahí están. El resentimiento es tan fuerte y tan peligroso para la felicidad del alma, que Jesús dice que si no perdonamos no entraremos en el Reino de los Cielos. Por eso se podría decir que el no perdonar es "mortal", porque mata nuestra capacidad de amar y de pertenecer al Reino de los Cielos. Esta realidad terrible de dejar de pertenecer al Reino de los Cielos, significa dejar de percibir, o nunca hacerlo, los beneficios del Reino: la paz, la alegría, la esperanza, el entendimiento de la Sagrada Escritura y el poder transmitirla, el amor, etc. Pero, por supuesto, que esa persona sí será beneficiada con la salvación de la muerte eterna, aunque no sea "miembro activo" del Reino. Esto lo dice más claramente la parábola del rey que quiere hacer cuentas con sus siervos: uno de ellos tiene deudas con su señor que equivalen a 150 años de trabajo diario, sin ni un solo día de descanso, es decir, aunque trabajara toda la vida no podría pagar sus deudas. En esta parábola Jesús usa la hipérbole, la exageración, para así enseñar la magnitud del mal que produce el no perdonar, mal que se traduce en hacerme esclavo de mis odios y rencores para toda la vida. Sólo el perdón me libera de allí.

 

 

 

 

HOME - INTRODUCCIÓN - LA BIBLIA
CARTAS: 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13

Copyright ©2001-10 • Escríbenos a sabina1111@jesuspalabra.cl