EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Esta es la gran noticia: ˇˇTENEMOS CORDERO, TENEMOS "CHIVO EXPIATORIO". YA NO TENEMOS QUE BUSCAR VICTIMAS HUMANAS QUE PAGUEN POR NUESTRAS INIQUIDADES!! Ya podemos ir donde el sacerdote y entregarle confiadamente todas nuestras iniquidades y maldades. El sacerdote cargará a Nuestro Cordero, que es el Cordero del Padre, con nuestras iniquidades; depositará sobre El nuestro pecado, como lo hacían los sacerdotes de la Antigua Alianza. Y, El, Jesús Cordero, ya ha derramado Su sangre, ya ha sido molido Su cuerpo, y así ya podemos participar en el Reino, aceptar Su donación, Su sangre, Su muerte. Y como Jesús es eterno, por eso es Cordero Eterno. El sacerdote nos dirá la fórmula suprema del Amor: "Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". NUESTRA ALMA DESCANSARA TRANQUILA PORQUE EL SACERDOTE HA DEPOSITADO SOBRE NUESTRO CORDERO, SOBRE JESUS, TODA NUESTRA MALDAD. Ya no estaremos separados, ni desechados, ni muertos, ni seremos basura, porque hemos sido perdonados, hemos sido "re-ligados" al Padre por la sangre de su Hijo. Jesús ha pagado por nuestras iniquidades y ya podemos integrarnos a la Iglesia y recuperar nuestros deberes y derechos en esta maravillosa Alianza Eterna y Universal que tenemos con El y con todos, porque: "JESUS ES EL CORDERO DE DIOS QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO" (Jn. 1, 29).

Estos son los orígenes históricos del maravilloso Sacramento de la Reconciliación. Al confesar al sacerdote nuestras iniquidades no estamos contando nuestras faltas a otro hombre como nosotros y pecador como nosotros. Estamos entregando nuestra conciencia de iniquidad en sus manos sacerdotales para que él las deposite sobre el Cordero de Dios y nuestro. Sin relación personal y directa con Jesucristo, es obvio que este sacramento no tiene sentido ni poder, y podemos irrespetarlo y mal usarlo cuando desconocemos lo que hay detrás de este "signo visible de una realidad invisible". El signo visible es el sacerdote recibiendo mi pecado y perdonándome. La realidad invisible es el sacerdote recibiendo en sus manos mis iniquidades y depositándolas sobre el Cordero, restituyéndome a la vida de la Alianza, a la vida del Reino, a la Iglesia, a lo máximo que le puede pasar a uno en la vida: LA RELACION CON JESUS.

 

 

 

 

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