|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
|
|
|
|
|
¿QUÉ OPORTUNIDAD TIENE EL
IRACUNDO? |
|
|
|
|||
|
|
|
|
¿Le
quedará a esta persona alguna posibilidad? ¡Sí! ¡Es grande la misericordia de
nuestro Padre!: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te
acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante
del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y
presenta tu ofrenda" (Mt. 5, 23-24). Aquí está Es
tan grande el PERDON, que tiene poder para liberar al agresor de las
consecuencias de su acción, que, como vimos, son la separación, la muerte, el
convertirse en basura y desecho y que las relata Jesús en el Monte de las
Bienaventuranzas. Y es que el pedir perdón significa el reconocimiento de la
acción baja. Significa la autocrítica, la cordura y la derrota del orgullo al
reconocer que ofendí al otro no por causa de él, sino por mi pequeñez y mi
miseria. "Oísteis que fue dicho: ojo por ojo, y diente por diente. Pero
yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en
la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a
pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa" (Mt. 5, 38-40). Observemos
claramente: Jesús está cambiando la ley de muerte por la ley de vida. ESTA
CAMBIANDO Muchas
de estas agresiones fueron hechas por nuestros padres y formadores en nuestra
primera y segunda infancia. Las tuvimos que "guardar" en nuestra
alma, porque de nuestros padres y formadores no podíamos defendernos ni
vengarnos. Y, ya adultos, esta necesidad de venganza contra nuestros padres
sale transferida a otros en los ataques de ira, generalmente a nuestros
afectos más cercanos, hijos, marido, esposa, amigos. Y por eso nuestra
venganza contra el agresor es desproporcionada, porque volcamos en él los
sentimientos de odio y de rencor acumulados desde la infancia y que le
pertenecen a otros (Ez. 22, 7). |
|
|||||||
|
|
|
|
|||||||||
|
|
|||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||