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"Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea
hecho: rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que
haya hecho a otro, tal se hará a él" (Lv. 24, 19-20). Esta ley manifiesta claramente en
su contenido la necesidad de venganza que tiene nuestra psiquis. "El
que las hace las paga" dice esta ley, apoyando el alma humana en su
satisfacción de venganza por el mal hecho. No se habla en la ley de Moisés de
perdonar al otro, de olvidar la ofensa. En la época de Era
lento sacarnos de nuestros ancestrales instintos de venganza. Los tenemos muy
enraizados. Por eso el decálogo no habla de perdonar a quien nos haya hecho
daño. Y por eso había que llevar becerros expiatorios que pagaran, que
expiaran lo mal que habían hecho, como si el becerro fuera el culpable. Eso
devolvía la paz al infractor. "Cada día ofrecerás el becerro del
sacrificio por el pecado, para las expiaciones..." (Ex. 29, La
pedagogía de Dios es de una sabiduría asombrosa. Como teníamos que salir de
los bajos sentimientos de venganza que están en niveles muy inferiores,
instintivos y animalescos de nuestro ser, empezaron los profetas a predicar
al Mesías, y en sus predicaciones lo anunciaron como cordero, como becerro de
la expiación, como "chivo expiatorio". Decían que el Mesías pagaría
por nuestras maldades, por la ley de muerte inscrita en nuestro ser; que se
terminarían los sacrificios de becerros para expiación y que el Mesías sería
Cordero por todo y para todos"Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su
llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
cada cual se apartó y por siempre: por su camino; mas YHVH cargó en él el
pecado de todos nosotros. Angustiado él y afligido, no abrió su boca; como
cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su
generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los
vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los
impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo
maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, YHVH quiso quebrantarlo,
sujetándolo a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el
pecado verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de YHVH será en sus
manos prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, Y QUEDARÁ
SATISFECHO (el énfasis es mío); por su conocimiento justificará mi
siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le
daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto
derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él
llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores" (Is. 53,
1-12). El
Mesías quedaría satisfecho de ver el fruto de la aflicción de su alma. ¿Cuál
sería ese fruto? Nosotros depositando en El, en el Cordero de Dios, en el
Chivo Expiatorio, todos nuestros sentimientos bajos, toda nuestra maldad,
toda nuestra sed de venganza por el mal que nos han hecho. Nosotros vaciando nuestra iniquidad en Jesús, liberándonos de
ella. Y el fruto, la satisfacción de El, es nosotros mismos amando,
perdonando, anidando en nuestro corazón los sentimientos nobles y
misericordiosos del suyo. "El que dice que permanece en
él, debe andar como él anduvo" (1Jn. 2, 6), es decir, andar con sus
sentimientos. |
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