LA LEY DEL TALION

 

 

 

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"Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho: rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él" (Lv. 24, 19-20). Esta ley manifiesta claramente en su contenido la necesidad de venganza que tiene nuestra psiquis. "El que las hace las paga" dice esta ley, apoyando el alma humana en su satisfacción de venganza por el mal hecho. No se habla en la ley de Moisés de perdonar al otro, de olvidar la ofensa. En la época de la Antigua Alianza el perdón, como donación máxima, no existía. La ley de Moisés iba lentamente educando al pueblo hacia el camino del perdón que se realizaría en la Nueva Alianza. "He aquí que vienen días, dice YHYV, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice YHVH. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice YHVH: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo" (Jer. 31, 31-33). "Y haré con ellos pacto eterno, que no volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma" (Jer. 32, 40-41).

Era lento sacarnos de nuestros ancestrales instintos de venganza. Los tenemos muy enraizados. Por eso el decálogo no habla de perdonar a quien nos haya hecho daño. Y por eso había que llevar becerros expiatorios que pagaran, que expiaran lo mal que habían hecho, como si el becerro fuera el culpable. Eso devolvía la paz al infractor. "Cada día ofrecerás el becerro del sacrificio por el pecado, para las expiaciones..." (Ex. 29, 36 a). "Si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a YHVH, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación" (Lv. 4,3). "Luego que llegue a ser conocido el pecado que cometieren, la congregación ofrecerá un becerro por expiación..." (Lv. 4,14).

La pedagogía de Dios es de una sabiduría asombrosa. Como teníamos que salir de los bajos sentimientos de venganza que están en niveles muy inferiores, instintivos y animalescos de nuestro ser, empezaron los profetas a predicar al Mesías, y en sus predicaciones lo anunciaron como cordero, como becerro de la expiación, como "chivo expiatorio". Decían que el Mesías pagaría por nuestras maldades, por la ley de muerte inscrita en nuestro ser; que se terminarían los sacrificios de becerros para expiación y que el Mesías sería Cordero por todo y para todos"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó y por siempre: por su camino; mas YHVH cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, YHVH quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de YHVH será en sus manos prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, Y QUEDARÁ SATISFECHO (el énfasis es mío); por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores" (Is. 53, 1-12).

El Mesías quedaría satisfecho de ver el fruto de la aflicción de su alma. ¿Cuál sería ese fruto? Nosotros depositando en El, en el Cordero de Dios, en el Chivo Expiatorio, todos nuestros sentimientos bajos, toda nuestra maldad, toda nuestra sed de venganza por el mal que nos han hecho. Nosotros vaciando nuestra iniquidad en Jesús, liberándonos de ella. Y el fruto, la satisfacción de El, es nosotros mismos amando, perdonando, anidando en nuestro corazón los sentimientos nobles y misericordiosos del suyo. "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo" (1Jn. 2, 6), es decir, andar con sus sentimientos.

 

 

 

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