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EL CHIVO EXPIATORIO |
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nuestra psiquis necesita quien se responsabilice por lo que hacemos, decimos
y sentimos, transferimos nuestra responsabilidad en los acontecimientos a
otros, y si no podemos vengarnos directamente de quien nos ha hecho daño,
buscamos en quien hacerlo. ¿Cuántos maridos quedan aterrados de las cosas que
les dicen sus esposas en un "ataque de ira" ? ¿Y a cuántas mujeres
les pasa lo mismo? Somos testigos de cómo se le "sale" la ira a
alguien y por su boca salen sus deseos insaciables de venganza y de matar
quizás a su madre, padre o hermano, en su marido o en su esposa e hijos, o en
un amigo. "Al padre y a la madre despreciaron en ti; al extranjero
trataron con violencia en medio de ti; al huérfano y a la viuda despojaron en
ti" (Ez. 22, 7). Todos
hemos vivenciado en nosotros y en los otros cómo y cuándo aparece la ira.
Esta no descansa hasta destruir al otro o hasta contaminarlo. Cuando el otro
empieza a responder con ira, ya se calma el alma del agresor. ¡Así somos! Por
eso el camino del perdón es la vía más segura para sanar nuestra alma de
dolores y de rabias contenidas, que se represan en nuestra alma durante años
y que salen contra los hijos, hermanos, maridos, o cónyuge, y que no les
pertenecen. Este es el origen del "chivo expiatorio" que
necesitamos. Es el origen del sacrificio del cordero en prácticamente todas
las liturgias de todos los cultos religiosos, paganos y monoteístas. Es el
origen del CORDERO DE DIOS. Jesús es el "chivo expiatorio" sobre
quien colocar toda nuestra ira, dolor y necesidad de venganza que puede
llegar hasta matar al otro. Por eso El es Todos
los sentimientos bajos que tenemos en nuestra alma necesitan del perdón
urgentemente. Estos sentimientos se nos han acumulado desde la más remota
infancia. La educación necesariamente está llena de frustraciones, porque no
podemos hacer sólo lo que queremos hacer. Nos tienen que orientar y corregir
y esto produce en nosotros frustraciones y rabias que contenemos, y que luego
salen contra otros como si ellos fueran los culpables de lo que nos hicieron
los otros. Por eso, el que está siguiendo a Jesús, tiene necesariamente que
transitar el camino del perdón, de la máxima donación, para que su corazón
quede limpio y despejado de sentimientos bajos. PARA QUE EL CORAZON SE
TRANQUILICE TENEMOS "CHIVO EXPIATORIO" PARA ABSOLUTAMENTE TODOS
NUESTROS SENTIMIENTOS BAJOS. EL PAGA POR TODO Y POR TODOS.
"Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos
pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de
pecado" (Ro. 4, 7-8). Podríamos decirle a nuestra psiquis,
aventurándome a que muchos se escandalicen, que se puede quedar tranquila, que
Jesús es el "culpable", que ya sangró hasta la última gota para
cumplir así nuestro deseo de venganza. "Para que abras sus ojos, para
que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a
Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia
entre los santificados" (Hch. 26, 18). "Porque Dios no ha
enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se
salve por El" (Jn. 3, 17). Para que nos salvemos de todos los
sentimientos inicuos que tenemos en el alma y que nos hacen pertenecer al
reino de las tinieblas. "Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor
e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia,
en incredulidad" (1Tim. 1, 13). En
la historia de YHVH con el pueblo hebreo, podemos encontrar muchos
acontecimientos de odios, rencores y venganzas. Después que Esaú cambió su
primogenitura por un plato de lentejas, y se hizo indigno de heredar nada
menos que la primogenitura de la relación personal con YHVH, Jacob y su madre
se las ingeniaron para que la bendición del primogénito fuera dada por Isaac
a su hijo Jacob y no a Esaú, a quien le correspondía por nacimiento, pero no
por conciencia e interés de heredarla (Gn. 25, 29-34; 27,1-44). La ira de Esaú fue tal que planeó, en venganza, matar a su
hermano Jacob (Gn. 27, 41-45). Su deseo de venganza no tenía límite.
No pudiendo asesinar a su hermano, hizo algo que sus padres Rebeca e Isaac no
aceptaban: tomó como compañera a una mujer ismaelita, además de las que ya
tenía (Gn. 28, 6-9). Así, trataba de satisfacer su rabia, su rencor, su
odio, sus deseos de venganza y encontraba "chivos expiatorios" para
ello: sus padres. No pudo aceptar que la consecuencia de cambiar la
primogenitura por un plato de lentejas fuera, precisamente, el quedarse sin
ella, y, al no tener autocrítica para verlo, tuvo que buscar culpables
(Gn. 25, 29-34). |
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