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"La ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús" (Ro. 8, 2). żCuál es esa ley? Es
la ley del AMOR, "porque Dios es amor" (1 Jn. 4, 8b). Del
amor que le tiene el Padre a su Hijo y en El y por El, a cada uno de todos
nosotros. "Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado;
permaneced en mi amor" (Jn.15, 9). "El es la imagen del Dios
invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas
las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e
invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades;
todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas,
y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, él que es el
principio, el primogénito de entre los muertos para que en todo tenga la
preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud y
por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la
tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre
de su cruz" (Col. 1, 15-20). Es la ley del Amor que obliga al Padre
a resucitar a Su Hijo y EN su Hijo, CON su Hijo y POR su Hijo, nos resucita a
TODOS nosotros. "Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en
la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los
muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una
vida nueva" (Ro. 6, 4c). Esta es "la ley del Espíritu que da
la Vida en
Cristo Jesús". Porque "la vida en Cristo
Jesús", es una ley, y, si esa es la ley, no estar con
Jesús es estar en la ley de muerte y, por consiguiente, en todos los
sentimientos bajos que se relacionan con ella: el odio, la envidia, el
rencor, la mentira, la avaricia, los deseos de venganza, la codicia, el robo,
la violencia; en fin, la lista de los sentimientos del reino de las tinieblas
es larga (Mr. 7, 21-23). Y de esta ley
natural de pecado y muerte, en la que nacemos todos, hemos sido ya liberados
por la Ley del
Amor del Padre a su Hijo (Col. 3, 1). Porque el amar al hijo, sea el
padre que sea, es una ley. Por eso "ya no hay condenación
para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne,
sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús
me ha librado de la ley del pecado y de la muerte" (Ro. 8,1-2).
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