JESÚS ES EL PERDONAR DEL PADRE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imprime esta Página

 

 

 

"No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos" (Mt. 7, 21). Entraremos haciendo la voluntad del Padre, que es recibir a su Hijo Jesús. "Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero" (Jn. 6, 40). Jesús que es el DARSE POR ENTERO, ES EL MAXIMO DAR DEL PADRE. JESUS ES EL PERDONAR DEL PADRE. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Jn. 3, 16). "Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del espíritu que da vida en Cristo Jesús, me liberó de la ley del pecado de la muerte" (Ro. 8,1-2).

¿O sea que para San Pablo, los que no están con Cristo Jesús ya están condenados? Evidente que sí, no se puede estar con Jesús y estar al mismo tiempo condenado. ¿Y, condenado a qué? Condenado a lo que lo encadena: unos a las leyes de la Antigua Alianza, otros condenados a la idolatría, y otros a sus sentimientos inicuos y a sus bajas pasiones. ¡Qué curioso cómo se parecen condena y cadena! ¿Qué quiere decir condenado a la idolatría? Quiere decir encadenado a lo que no es Dios, a lo que de alguna manera es producto del hombre. "Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombre" (Mr. 7, 7). Y esta cadena, esta condena, no deja que el hombre se libere de la tristeza, del sin sentido, del tedio que le produce la materia, lo temporal, lo pasajero. "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; si no haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan" (Mt. 6, 19ó20). SOLO RECIBIENDO LA MAXIMA DONACION DEL PADRE, SU MAXIMO ACTO DE AMOR, PODRAN SER ROTAS LAS CADENAS, SE PODRA SER LIBERADO DE LA CONDENA A NO RECIBIR LA PLENITUD DEL AMOR DEL PADRE: JESUS. NO RECIBIR A JESUS ES OPTAR POR NO VIVIR. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres". "En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas, a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Jn. 1, 4.10-12).

Con Jesús "ninguna condenación pesa ya", porque al no estar encadenado a las leyes de la Antigua Alianza, tampoco estará condenado a sus condenas, a sus castigos, muchos de ellos mortales. "Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación. Y el que blasfemare el nombre de YHVH, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera" (Lv. 24, 14.16). Tampoco se estará condenado a la frustración constante que nos producen los ídolos al no encontrar en ellos el amor y la palabra que buscamos. "Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos" (1Cor. 12, 2). "Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden" (Is. 44, 9). Y tampoco estamos encadenados o condenados a la fluctuación permanente de nuestras pasiones: entre el amor y el odio, la alegría y la tristeza, la amargura y la paz, la rabia y la serenidad. Con Jesús vamos siendo poco a poco liberados de todos estos sentimientos del reino de las tinieblas que nos tienen encadenados. ¿Quién no ha vivido en medio de la ira la terrible experiencia de querer matar a alguien?

Los sentimientos bajos nos condenan a no vivir los sentimientos del Reino que narra San Pablo en Gal. 5, 22-23a: "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza". Por eso, "con Jesús, ninguna condenación pesa ya", porque estando con El, estamos liberados de condena o cadena de la idolatría, es decir, de las cosas y deseos del mundo; estamos liberados de las leyes y condenas mortales de la Antigua Alianza, de los sentimientos bajos del reino de las tinieblas, de la astucia y el engaño inteligente, que abren las puertas de la razón a todos los sentimientos bajos. Es decir: yo tengo razón para dañar al otro, porque el otro me dijo..., porque el otro es... "Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo he perdonado, si algo he perdonado por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones" (2 Cor. 2, 10-11).

 

 

 

HOME - INTRODUCCIÓN - LA BIBLIA
CARTAS: 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13

Copyright ©2001-10 • Escríbenos a sabina1111@jesuspalabra.cl