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APOYANDO AL PAPA |
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Qué
fácil sería que todos los católicos nos pusiéramos de rodillas al lado del
Papa Juan Pablo, el próximo 8 de marzo, a clamarle al Señor desde el fondo de
nuestro corazón: PERDON SEÑOR Y PADRE POR TODAS LAS INJUSTICIAS COMETIDAS
EN TU NOMBRE POR NUESTRA IGLESIA DURANTE SU HISTORIA. Qué
fácil sería que reconociéramos humildemente ante nuestros predecesores en la
fe, los hermanos judíos, nuestra participación en el holocausto de 6 millones
de sus hijos. Participación que consistió en la observación fría e insensible
de los hechos que cometieron los antisemitas. Perdón Señor porque con nuestra
insensibilidad apoyamos y ayudamos, desde el seno de nuestra Iglesia, al
exterminio de 6 millones de parientes tuyos, de hermanos de tu raza, de tu
misma sangre. Me gustaría Señor tener una trompeta de amor en mi garganta y
abrazar a uno por uno de tus hermanos judíos y de rodillas decirles, desde
aquí, desde el último país del mundo: PERDON, PERDON HERMANOS JUDIOS,
RECONOCEMOS QUE PARTICIPAMOS EN EL FEROZ ASESINATO MASIVO DE SUS SERES
QUERIDOS CON NUESTRO SILENCIO COMPLICE Y MORTAL. SOLO PODEMOS PEDIRLE A NUESTRO
PADRE COMUN QUE SANE SUS HERIDAS DOLOROSAS Y QUE, LIBRES DE ELLAS, PUEDAN
CONTINUAR EL CAMINO DE Qué
liberador y sanador para toda la humanidad sería el hecho de que nos
inclináramos de todo corazón, acompañando al Papa Juan Pablo, a reconocernos
culpables de los miles y miles de personas que murieron en manos de "la
fuerza que usó nuestra Iglesia para imponer la verdad", según dijo el
Papa Juan Pablo acerca de la época oscura y vergonzosa de Qué
júbilo se daría en nuestra Iglesia si pudiéramos decirles a los herederos de
las víctimas de Qué
maravilla sería para nuestra adolorida América si Qué
camino de paz tan grande se abrirá cuando los católicos le pidamos perdón a
los musulmanes, a toda la comunidad árabe, por todos los hijos que
ajusticiamos en la época de las Cruzadas, por todos los que de su sangre
murieron en las lanzas de nuestros monjes Templarios. Perdón hermanos del
Islam, perdón por nuestra prepotencia y furor sobre ustedes, hermanos
nuestros en el mismo Padre. Que El libere de sus corazones la violenta
impotencia que acumularon en ellos nuestra soberbia y frialdad. Esa es
nuestra oración. |
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