APOYANDO AL PAPA

 

 

 

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Qué fácil sería que todos los católicos nos pusiéramos de rodillas al lado del Papa Juan Pablo, el próximo 8 de marzo, a clamarle al Señor desde el fondo de nuestro corazón: PERDON SEÑOR Y PADRE POR TODAS LAS INJUSTICIAS COMETIDAS EN TU NOMBRE POR NUESTRA IGLESIA DURANTE SU HISTORIA.

Qué fácil sería que reconociéramos humildemente ante nuestros predecesores en la fe, los hermanos judíos, nuestra participación en el holocausto de 6 millones de sus hijos. Participación que consistió en la observación fría e insensible de los hechos que cometieron los antisemitas. Perdón Señor porque con nuestra insensibilidad apoyamos y ayudamos, desde el seno de nuestra Iglesia, al exterminio de 6 millones de parientes tuyos, de hermanos de tu raza, de tu misma sangre. Me gustaría Señor tener una trompeta de amor en mi garganta y abrazar a uno por uno de tus hermanos judíos y de rodillas decirles, desde aquí, desde el último país del mundo: PERDON, PERDON HERMANOS JUDIOS, RECONOCEMOS QUE PARTICIPAMOS EN EL FEROZ ASESINATO MASIVO DE SUS SERES QUERIDOS CON NUESTRO SILENCIO COMPLICE Y MORTAL. SOLO PODEMOS PEDIRLE A NUESTRO PADRE COMUN QUE SANE SUS HERIDAS DOLOROSAS Y QUE, LIBRES DE ELLAS, PUEDAN CONTINUAR EL CAMINO DE LA VIDA HACIA EL FUTURO ENCUENTRO DEL MESIAS CON SU PUEBLO, CON USTEDES: "Digo pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración? Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios!" (Ro. 11, 11-12. 25-29).

Qué liberador y sanador para toda la humanidad sería el hecho de que nos inclináramos de todo corazón, acompañando al Papa Juan Pablo, a reconocernos culpables de los miles y miles de personas que murieron en manos de "la fuerza que usó nuestra Iglesia para imponer la verdad", según dijo el Papa Juan Pablo acerca de la época oscura y vergonzosa de la Inquisición. Qué bueno sería que juntos pudiéramos pedir perdón al Señor, no sólo por todos los asesinados durante esta época, sino también por todos aquellos que renunciaron a encontrarse para siempre con el Señor y su Iglesia, y lo transmitieron de generación en generación a sus hijos hasta hoy.

Qué júbilo se daría en nuestra Iglesia si pudiéramos decirles a los herederos de las víctimas de la Inquisición que nos perdonen, que reconocemos nuestra culpa, nuestra soberbia, nuestra violencia; que reconocemos que en nuestra Iglesia ha habido muchas personas que nada han tenido que ver con Jesús, y que nos perdonen porque sus actuaciones hicieron que muchos hijos se cerraran, hasta hoy, al Unico Ser que puede dar la vida, la libertad, la alegría y la paz.

Qué maravilla sería para nuestra adolorida América si la Madre Iglesia se inclinara ante ella y con maternal reconocimiento hablara al corazón del hombre americano para pedirle perdón por tantas civilizaciones indígenas destruidas, por tantos indígenas tratados como animales y sentenciados a muerte por adorar a sus legendarios dioses. Cómo amanecería la paz en tantos indígenas, mestizos, mulatos y negros americanos cuyo dolor y resentimiento histórico hacia nuestra Iglesia, y por consiguiente a Dios, los tienen encadenados al suplicio del odio y del rencor. Cómo sería la fiesta en el cielo si los católicos pedimos perdón de corazón, acompañando a nuestros jerarcas a pedir perdón, por toda la violación a los derechos humanos cometida por nuestra Iglesia en todos los países de la tierra y desde hace más de 1300 años.

Qué camino de paz tan grande se abrirá cuando los católicos le pidamos perdón a los musulmanes, a toda la comunidad árabe, por todos los hijos que ajusticiamos en la época de las Cruzadas, por todos los que de su sangre murieron en las lanzas de nuestros monjes Templarios. Perdón hermanos del Islam, perdón por nuestra prepotencia y furor sobre ustedes, hermanos nuestros en el mismo Padre. Que El libere de sus corazones la violenta impotencia que acumularon en ellos nuestra soberbia y frialdad. Esa es nuestra oración.

 

 

 

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