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También
en el numeral 111 del Cat. Cat. dice: "Pero, dado que Miremos,
primero que todo, a quiénes habla Jesús. Tenemos que ir hasta Lc. 15,1-2: "Se
acercaban a él todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y
escribas murmuraban, diciendo: este acoge a los pecadores y come con
ellos". Jesús continúa enseñando, y en Lc. 16,14-16 dice:
"Oían estas cosas los fariseos que son avaros y se mofaban de El. Y les
dijo: vosotros pretendéis pasar por justos ante los hombres, pero Dios conoce
vuestros corazones; porque lo que es para los hombres estimable, es
abominable ante Dios. La ley y los profetas llegan hasta Juan: desde entonces
se anuncia el Reino de Dios, y cada cual ha de esforzarse por entrar en
él". (Es decir, comprender y aceptar que terminó Es
claro que está, ya a esta altura de Su enseñanza, en discusión franca y
abierta con los fariseos y escribas. Y a continuación de esta discusión,
Jesús les dice a ellos la parábola del rico epulón. Veamos Lc. 16, 19-31: "Había
un hombre rico que vestía de púrpura y lino y celebraba cada día espléndidos
banquetes. Un pobre, de nombre Lázaro, estaba echado en su portal, cubierto
de úlceras, y deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico; hasta los
perros venían a lamerle las úlceras. Sucedió, pues, que murió el pobre, y fue
llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico y fue sepultado.
En el infierno, en medio de los tormentos, levantó sus ojo y vio a Abraham
desde lejos y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: Padre Abraham, ten
piedad de mí y envía a Lázaro para que, con la punta del dedo mojada en agua,
refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. Dijo Abraham:
Hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes en vida y Lázaro recibió males
y ahora él es aquí consolado y tú eres atormentado. Además, entre nosotros y
vosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran atravesar de aquí
a vosotros, no pueden, ni tampoco pasar de ahí nosotros. Y dijo: te ruego,
padre que si quiera le envíes a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos
para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de
tormento. Y dijo Abraham: tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.
El dijo: no, padre Abraham; pero si alguno de los muertos fuese a ellos,
harían penitencia. Y le dijo: si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco
se dejarán persuadir si un muerto resucita". |
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