LA ESCRITURA SE LEE
EN EL ESPIRITU EN QUE FUE ESCRITA

 

 

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También en el numeral 111 del Cat. Cat. dice: "Pero, dado que la Sagrada Escritura es inspirada, hay otro principio de la recta interpretación, no menos importante que el precedente, y sin el cual la Escritura sería letra muerta: "La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita" (Dei Verbum 12,3). O sea, que la Escritura se debe interpretar con la misma intención que tuvo el Espíritu Santo al dictarle los textos a los escritores sagrados o Hagiógrafos, esto es lo que se conoce con el nombre de "lectura pneumática" de la Sagrada Escritura. Eso vamos a hacer, leeremos a Lucas 16, 19-31 teniendo en cuenta las condiciones de la época, la cultura, los géneros literarios, las maneras de sentir, de hablar y de narrar de aquel tiempo y la intención del Espíritu Santo al inspirar a los escritores sagrados.

Miremos, primero que todo, a quiénes habla Jesús. Tenemos que ir hasta Lc. 15,1-2: "Se acercaban a él todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y escribas murmuraban, diciendo: este acoge a los pecadores y come con ellos". Jesús continúa enseñando, y en Lc. 16,14-16 dice: "Oían estas cosas los fariseos que son avaros y se mofaban de El. Y les dijo: vosotros pretendéis pasar por justos ante los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es para los hombres estimable, es abominable ante Dios. La ley y los profetas llegan hasta Juan: desde entonces se anuncia el Reino de Dios, y cada cual ha de esforzarse por entrar en él". (Es decir, comprender y aceptar que terminó la Antigua Alianza con sus leyes, y esforzarse por aceptar el Reino de los Cielos presentado por Jesús, y aceptarlo a El como "puerta estrecha" para entrar a la Nueva Alianza, al Reino de los Cielos). "Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra que el faltar un solo ápice de la ley" (Lc. 16,17): Se refiere a que se tiene que cumplir TODO lo que la ley y los profetas decían sobre el Mesías. "Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera y el que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio" (Lc. 16,18). (Aquí no está hablando Jesús de moral. Es una analogía. Adulterio es idolatría y mujer es pueblo en la simbología bíblica. Les está diciendo a los dirigentes religiosos de Su tiempo, que al no recibirlo a El, están repudiando al pueblo que El representa, y que se están casando con otra (la ley mosaica), están cometiendo idolatría o adulterio, porque se están casando con una Alianza, con un pueblo, que ya no es el Suyo, porque lo rechazaron. Por eso son idólatras al quedarse en la parte del pueblo que es repudiada, porque no aceptó al Mesías. Su adulterio consiste en no "casarse" con el Mesías, y sí hacerlo con el pueblo judío que lo rechazó, que es como mujer repudiada por su marido).

Es claro que está, ya a esta altura de Su enseñanza, en discusión franca y abierta con los fariseos y escribas. Y a continuación de esta discusión, Jesús les dice a ellos la parábola del rico epulón. Veamos Lc. 16, 19-31: "Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino y celebraba cada día espléndidos banquetes. Un pobre, de nombre Lázaro, estaba echado en su portal, cubierto de úlceras, y deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico; hasta los perros venían a lamerle las úlceras. Sucedió, pues, que murió el pobre, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico y fue sepultado. En el infierno, en medio de los tormentos, levantó sus ojo y vio a Abraham desde lejos y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que, con la punta del dedo mojada en agua, refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. Dijo Abraham: Hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes en vida y Lázaro recibió males y ahora él es aquí consolado y tú eres atormentado. Además, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran atravesar de aquí a vosotros, no pueden, ni tampoco pasar de ahí nosotros. Y dijo: te ruego, padre que si quiera le envíes a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormento. Y dijo Abraham: tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen. El dijo: no, padre Abraham; pero si alguno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia. Y le dijo: si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se dejarán persuadir si un muerto resucita".

 

 

 

 

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