EL INFIERNO COMO CASTIGO ETERNO NO ES DE JESÚS

 

 

 

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Al morir San Ignacio, sus sucesores, que eran más de mil en el año 1576 , tenían más de 100 establecimientos donde se difundían las doctrinas de revelación particular de San Ignacio, que se fueron convirtiendo en Doctrina Oficial de la Iglesia. Por esta razón, no es extraño que, en este momento, ante las declaraciones del Papa Juan Pablo II sobre la doctrina del infierno, estén los jesuítas de toda la tierra, defendiendo las revelaciones personales de su fundador como si fueran revelaciones del mismo Jesucristo. Es fácil entender, entonces, el por qué dice la revista jesuíta "La Civiltá Cattolica" que "afirmar la no existencia del infierno, vacía la experiencia cristiana". O sea que para la revista jesuíta del 20 de julio de 1999, editada en Roma, la experiencia cristiana es la experiencia del infierno como castigo eterno; sin la experiencia del infierno, la vida cristiana está vacía, dicen. Les pregunto a todos los jesuítas que están detrás de esto: ¿Pensaron en lo que escribieron? ¿Cómo fundamentar la experiencia cristiana en la existencia del infierno? ¿No es la relación con Jesucristo la fuente de la vida cristiana? ¿Cómo, por dónde, con qué aval de la Sagrada Escritura pueden llegar a decir semejante herejía que niega totalmente la relación personal con Jesucristo, la pertenencia al Reino, los Carismas, todo? ¿Cómo se les ocurre decir que "la negación de la existencia del infierno, vacía la experiencia cristiana"? ¿O sea que tengo que entender, que sin el infierno, Jesús, Su Muerte, Su Resurrección, Su Venida a la tierra, no tienen sentido? Está muy claro que los seguidores de San Ignacio tienen que defender a su fundador y a su doctrina, aún en desmedro de la Doctrina de Jesucristo, porque faltarían a lo principal para ellos: LA OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD DE SU FUNDADOR Y DE LA IGLESIA Y NO A LA AUTORIDAD DE JESUCRISTO Y SU PALABRA.

¿Dónde quedan, entonces, todas las llamas infernales que vio San Ignacio, Santa Teresa de Jesús, los niños de Fátima y tantos santos en sus visiones? ¿Qué fue lo que vieron? No es tan fácil revertir un proceso ya casi genético, en la conciencia de la humanidad. Es ley genética que la adaptación produce mutaciones. La predicación de terrores de llama eternas ha producido personas temerosas, desconfiadas, que juzgan a los otros, que ejercen una autorrepresión sobre sus pasiones y que se han logrado escapar muy difícilmente del infierno. ¿Cómo decirles ahora que no es fuego el infierno, sino "un espacio en la mente, donde el pecador experimenta, eternamente la desesperación por no ver el rostro de Dios", como lo asegura la antes mencionada revista jesuíta? ¿O cómo decirles a estas personas que, como dijo el Papa, el infierno ya no es un lugar de llamas sino un estado? ¿O cómo convencerlos que el infierno no es doctrina de Jesucristo y de la Sagrada Escritura, sino doctrina de la Iglesia y de su tradición eclesial?

Miremos ahora el diario "L'osservatore Romano" en su edición en español, del 30 de julio de 1999, reproduciendo las palabras del Papa Juan Pablo II. En uno de sus apartes dice: "El Nuevo Testamento proyecta nueva luz sobre la condición de los muertos, sobre todo anunciando que Cristo, con Su Resurrección, ha vencido la muerte y ha extendido Su Poder Liberador también en el reino de los muertos. Sin embargo, la redención sigue siendo un ofrecimiento de salvación que corresponde al hombre acoger con libertad......Todo ello es expresado, con forma de narración, en la parábola del rico epulón en la que se precisa que el infierno es el lugar de pena definitiva, sin posibilidad de retorno o de mitigación de dolor".

Esta parábola la traté someramente en mi Primera Carta, pero ahora voy a escudriñarla completa. Empecemos por algo: el desconocimiento de la cultura, los géneros literarios, las figuras, las imágenes, los símbolos, llevan a conclusiones erradas. Y en el mismo catecismo católico, en el numeral 110 dice textualmente: "Para descubrir la intención de los escritores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros literarios" usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. "Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos o en otros géneros literarios" (Dei Verbum 12,2).

 

 

 

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