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EL INFIERNO COMO CASTIGO ETERNO NO ES DE JESÚS |
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Al
morir San Ignacio, sus sucesores, que eran más de mil en el año 1576 , tenían
más de 100 establecimientos donde se difundían las doctrinas de revelación
particular de San Ignacio, que se fueron convirtiendo en Doctrina Oficial de ¿Dónde
quedan, entonces, todas las llamas infernales que vio San Ignacio, Santa
Teresa de Jesús, los niños de Fátima y tantos santos en sus visiones? ¿Qué
fue lo que vieron? No es tan fácil revertir un proceso ya casi genético, en
la conciencia de la humanidad. Es ley genética que la adaptación produce
mutaciones. La predicación de terrores de llama eternas ha producido personas
temerosas, desconfiadas, que juzgan a los otros, que ejercen una autorrepresión
sobre sus pasiones y que se han logrado escapar muy difícilmente del
infierno. ¿Cómo decirles ahora que no es fuego el infierno, sino "un
espacio en la mente, donde el pecador experimenta, eternamente la
desesperación por no ver el rostro de Dios", como lo asegura la
antes mencionada revista jesuíta? ¿O cómo decirles a estas personas que, como
dijo el Papa, el infierno ya no es un lugar de llamas sino un estado? ¿O cómo
convencerlos que el infierno no es doctrina de Jesucristo y de Miremos
ahora el diario "L'osservatore Romano" en su edición en español,
del 30 de julio de 1999, reproduciendo las palabras del Papa Juan Pablo II.
En uno de sus apartes dice: "El Nuevo Testamento proyecta nueva luz
sobre la condición de los muertos, sobre todo anunciando que Cristo, con Su
Resurrección, ha vencido la muerte y ha extendido Su Poder Liberador también
en el reino de los muertos. Sin embargo, la redención sigue siendo un
ofrecimiento de salvación que corresponde al hombre acoger con
libertad......Todo ello es expresado, con forma de narración, en la parábola
del rico epulón en la que se precisa que el infierno es el lugar de pena
definitiva, sin posibilidad de retorno o de mitigación de dolor". Esta
parábola la traté someramente en mi Primera Carta, pero ahora voy a
escudriñarla completa. Empecemos por algo: el desconocimiento de la cultura,
los géneros literarios, las figuras, las imágenes, los símbolos, llevan a
conclusiones erradas. Y en el mismo catecismo católico, en el numeral 110
dice textualmente: "Para
descubrir la intención de los escritores sagrados es preciso tener en cuenta
las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros
literarios" usados en aquella época,
las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. "Pues
la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole
histórica, en libros proféticos o poéticos o en otros géneros
literarios" (Dei Verbum 12,2). |
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