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En
Lc. 13, 22-30, hay una parábola de Jesús que se la ha usado mucho para apoyar
con ella la doctrina del castigo eterno. Veamos: "Pasaba Jesús por
ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. Y alguien le dijo:
Señor, ¿ son pocos los que se salvan? Y él les dijo: esforzaos a entrar por
la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar y no podrán.
Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y
estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos,
él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir :
delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os
dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros
hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis
a Abraham a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y
vosotros estéis excluídos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del
norte, del sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Y he aquí, hay
postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros".
¿Cuál es la puerta angosta ? Jesús mismo es la "Puerta Angosta"
(Jn. 10,1-21). Lo dice en la parábola del redil y del Pastor. En el verso 7
dice: "Volvió, pues Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo:
Yo soy la puerta de las ovejas". Y en el verso 9: "Yo soy la
puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará
pastos". Está claro que Jesús es la puerta. ¿Por qué dice que es
puerta estrecha? Porque puerta significa ley. La ley que hay que cumplir para
salvarse de la muerte eterna. En la Antigua Alianza,
había 613 leyes de Moisés, 613 puertas para entrar por ellas a la salvación,
pero con el agravante que, faltando a una sola de ellas, se faltaba a todas.
Sant. 2,10: "porque cualquiera que guardare toda la ley, pero
ofendiere en un punto, se hace culpable de todos". La ley de Moisés
es una puerta muy ancha, con 613 "puertecitas" de entrada. La ley
de la Nueva Alianza,
es una sola y por eso es estrecha: Jesús es la Unica Ley de la Nueva Alianza. "Y
este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos
amemos unos a otros como nos lo ha mandado" (1Jn.3,23). Esta es la
única Puerta para entrar al Reino de los Cielos, por eso es angosta.
¿Cuándo
sería la levantada del Padre, para cerrar la Puerta? Cerraría la
puerta de la Antigua
Alianza, para siempre, con la Resurrección de Su
Hijo. Y no se entraría al Reino, sino por la única Puerta para entrar que es
Jesús.
¿Quiénes
se quedarían por fuera? Se quedarían por fuera del Reino, pero no por
fuera de la Salvación
de la muerte eterna, los que no quieren aceptar al Rey ni Su Reino, y
prefieren permanecer en la ley de Moisés, y en la estructura de la Antigua Alianza.
Y no entrarán en el Reino de los Cielos, por el hecho de comer y de beber
delante del Padre de Familia (Lc. 13,25), que se ve muy claramente que es
YHVH, que es el Padre de Jesús. Jesús también advierte que no entrarán en el
Reino, por el hecho de prestarle sus "plazas", sus
lugares para predicar. Se quedarán en las tinieblas de la Antigua Alianza
que están sin la
Luz del Mesías (Jn. 8,12). Los llama "hacedores
de maldad", porque la ley de la Antigua Alianza
no transforma el corazón, sino que deja los bajos sentimientos reprimidos y
escondidos en el corazón de la persona. Por eso estos cumplidores de leyes,
sin vida, son hacedores de maldad. "Y sabiendo que no se justifica el
hombre por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído
también en Cristo Jesús, esperando ser justificados por la fe de Cristo y no
por las obras de la ley, pues por éstas nadie se justifica"
(Gal.2,16). Está siendo muy claro San Pablo, al decir que por las obras de la
ley, nadie se salva, sino por Jesús, por El, que es la Unica Ley, que es la "Puerta
Estrecha". Y permanecerán en el "lloro y crujir de
dientes". En el "lloro", porque su corazón
lamentará y se dolerá de no pertenecer al Reino. Y "crujir de
dientes", porque la envidia y la rabia ante la pertenencia del otro
al Reino, les producirá el empuñar las manos contra el otro, que es la actitud
que acompaña al crujir de dientes.
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