JUSTIFICACIÓN

 

 

 

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Aún no he tenido respuestas de la Iglesia Jerárquica a todos nuestros interrogantes acerca de las enormes diferencias entre la doctrina de la Iglesia y la Sagrada Escritura. Un obispo colombiano, de la arquidiócesis de Medellín, me contestó diciéndome que estaba leyendo y estudiando cada una de mis Cartas. También dice en su carta para mí, que me "felicita por mi interés en profundizar y aclarar muchas dudas acerca del depósito de la fe confiado a la Iglesia". Dudas que, hasta este momento, ningún miembro de la Iglesia jerárquica ha aclarado.

Pero la gran respuesta es lo que ha declarado recientemente, el 28 de julio pasado, el Papa Juan Pablo II en relación al infierno tradicional, en la Audiencia General para todo el orbe, los días miércoles. En su estilo, por supuesto. Dejando entrever verdades sin anunciarlas claramente. Cambiando el curso de la doctrina tradicional, "corrigiéndola", para que sea clara para la mentalidad del hombre moderno, cuya característica principal es una búsqueda anhelante de Dios y de Su Amor. Lo ha hecho suavemente, prudentemente. Las declaraciones del Papa en la Audiencia General de los miércoles, significan para nosotros una victoria en nuestra batalla para que se revise la doctrina de la Iglesia y sus discrepancias con la Sagrada Escritura, para que al fin podamos vivir libremente la Iglesia que Nuestro Señor Jesucristo formó para el hombre de todos los tiempos y razas. Le damos gracias al Señor por lo que está pasando en nuestra Iglesia.

En Colombia pasaron muchas cosas con las declaraciones del Papa. Las emisoras no pararon durante una semana. Hicieron reportajes en la calle, debates por televisión, artículos de todo tipo. Pasaron muchas veces las palabras del Papa. La prensa se volcó toda a la gran noticia: "SE TERMINO EL INFIERNO". Luego vinieron los comentarios más especializados, y poco a poco se notó que el anuncio del Papa lo iban de nuevo encaminando a que el infierno sí existe. Pero algo le quedó claro a toda la humanidad: El Papa Juan Pablo está revisando la doctrina tradicional de la Iglesia. Está, de esta manera, respondiendo a muchas de nuestras inquietudes. Los invito a todos a escuchar los miércoles la Audiencia General del Papa para todo el mundo. Aquí en Colombia lo transmiten todos los miércoles por la cadena de radiodifusión más importante. Y lo recomiendan los sacerdotes en las homilías de las Misas dominicales.

Tengo una pregunta: la insistente reiteración de algunos sectores de la Iglesia en la existencia del infierno, ¿qué hará en la conciencia de los débiles, en los ignorantes, en los acobardados, en los "culpógenos", en los sádicos? ¿Cuál será el fruto de esta insistencia en los paranoicos y depresivos? ¿Qué hará en los pecadores que son incapaces de salir de su pecado? ¿En qué y en quién puede tener esperanza el pecador incapaz de cambiar sus conductas? ¿Cómo va una amedrentada oveja a escuchar esta voz?

Jesús, Señor, me da vergüenza Contigo por lo que está pasando en Tu Iglesia: Nos estamos burlando de Tu Padre, al desconocer Su Misericordia Infinita y Su Paternal Amor. ¿Cómo pensar que Tu Padre condenará, o dejará que se autocondene, uno solo de Sus hijos rescatados por Ti, sin defenderlo, por malo que sea ese hijo? En nombre de Tu Iglesia, te pido perdón, Señor, y ten misericordia de Ella y has que se realicen Tus Palabras: "LAS PUERTAS DEL INFIERNO NO PREVALECERAN CONTRA ELLA" (Mt. 16,18).

"El infierno ya no es un lugar sino un estado". ¿Y se puede vivir un estado sin tener un lugar para hacerlo? ¿No hay un error filosófico en esta declaración? El amor, el odio, la paz, la alegría, ¿cómo pueden existir sin tener un lugar para hacerlo? ¿O se habla sólo de teorías filosóficas? No lo sé. Escudriñemos juntos la Sagrada Escritura, para mirar en Ellas y desde Ellas, este tema, que en mi país y en todo el orbe, ha producido un grado grande de libertad y liberación en muchas personas, que viven agobiadas por la futura condena eterna, ante la imposibilidad de salir de sus iniquidades.

Le doy gracias al Señor por haberme traído a Colombia. Ya editamos aquí las cuatro primeras Cartas, y 80 obispos colombianos ya las recibieron por correo, al igual que muchos sacerdotes de la arquidiócesis de Medellín. Doy gracias a los obispos colombianos que me han contestado e impulsado a continuar esta batalla. Cuento con las oraciones de ustedes y gracias por los que las están estudiando para darnos respuestas. Asimismo quiero dar las gracias a los amigos y familiares en Colombia que nos están ayudando en esta batalla para recuperar la Sagrada Escritura en nuestra Iglesia.

Entremos, pues, a esta Quinta Carta con el corazón abierto, LA BIBLIA abierta, y de la mano del Espíritu Santo.

Muchas gracias
Cambía, Manizales, Colombia, 19 de agosto de 1999.-

Sabina Vélez Hurtado

 

 

 

 

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