CUARTA CARTA

 

 

 

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Confío en que las tres cartas anteriores hayan caído en tierra fértil y, también, en que a su debido tiempo den fruto.

En esta cuarta carta vamos a mirar algunas hojas de las misas dominicales y las vamos a comparar con los textos correspondientes en LA BIBLIA. Usaré preferentemente el texto de LA BIBLIA Nácar Colunga y de LA BIBLIA de Jerusalén.

Que JESUS ES LA PALABRA, queda suficientemente demostrado en el primer capítulo de San Juan, cuando él, el mejor amigo de Jesús, dice que "en el principio era el VERBO, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Además agrega: "Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros". Es claro para San Juan, y para los que leemos su Palabra, que decir Verbo, Palabra y Jesucristo, es lo mismo.

Empezando la Epístola a los Hebreos, dice que "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo". No se refiere a que Jesús abrió la boca y dijo las cosas del Padre. Se refiere a que Jesús en estos postreros días ES LA FORMA DE HABLAR DEL PADRE. Antes lo hizo por medio de profetas, de señales, como la columna de fuego, la nube en el desierto, el mar que se abre, etc., y en los postreros tiempos, se refiere a los últimos tiempos de la Alianza con Moisés, lo hace por medio de su Hijo. Su Hijo es su Palabra, es la manera que el Padre tiene de hablar en estos postreros tiempos. Y en Mateo 13, 37 dice que "el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre" y sabemos que Jesús es el Hijo del Hombre. Y en Lucas 8, 11 dice que "la semilla es la Palabra de Dios". Jesús es entonces la semilla y el sembrador. Es como esas semillas que tienen estructuras y mecanismos para autosembrarse.

Entonces se entiende la sentencia mortal que hay al final de la Sagrada Escritura, en los últimos versículos del Apocalipsis: "YO TESTIFICO A TODO AQUEL QUE OYE LAS PALABRAS DE LA PROFECIA DE ESTE LIBRO: SI ALGUNO AÑADIERE A ESTAS COSAS, DIOS TRAERA SOBRE EL LAS PLAGAS QUE ESTAN ESCRITAS EN ESTE LIBRO. Y SI ALGUNO QUITARE DE LAS PALABRAS DEL LIBRO DE ESTA PROFECIA, DIOS QUITARA SU PARTE DEL LIBRO DE LA VIDA, Y DE LA SANTA CIUDAD Y DE LAS COSAS QUE ESTAN ESCRITAS EN ESTE LIBRO". ¿Por qué es tan grave la sentencia y tan fuerte la advertencia? Porque añadir o suprimir a las Palabras de la Sagrada Escritura, es nada menos que añadir o mutilar a JESUCRISTO. Quitar de las Palabras de este libro, es nada menos que quitarle a Dios, es un atentado contra Dios, es no haber creído en absolutamente nada, es concederse atributos divinos, es lo máximo de la soberbia arrogancia. Y esta, que es la peor noticia de todas, es la que les comunico a los que me están leyendo: esto está pasando en nuestra Iglesia.

 

 

 

 

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