JUSTIFICACIÓN

 

 

 

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Doy muchas gracias al Señor por esta Cuarta Carta. Por este espacio para despertar la conciencia de los católicos en relación a su fe y a la responsabilidad que tienen frente a ella. Frente al derecho de conocer su fe desde las Sagradas Escrituras, y no sólo desde la doctrina del Magisterio de la Iglesia.

No es mi intención, en ningún momento, formar otro movimiento en la Iglesia, donde yo sea la cabeza. Donde el carisma y la espiritualidad del movimiento sean la Sagrada Escritura y la oración de alabanza con el uso de los carismas. No, no busco ni pretendo eso. Busco, en unión a todos aquellos que aman la Palabra, ser "lámparas que lucen (alumbran) en lugar oscuro, hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana" ( 2 Ped. 1, 19b). No se puede decir que la Sagrada Escritura es un carisma. Los carismas son otros y los detalla San Pablo varias veces en sus epístolas, una de ellas es 1 Cor. 12, 4-11. La Palabra no es, pues, un carisma alrededor del cual se pueda armar otro movimiento en el seno de la iglesia. LA PALABRA ES LA VERDAD (Jn. 17, 17). Y LA VERDAD ES JESUS (Jn. 14, 6). Por consiguiente JESUS ES LA PALABRA y no es un carisma del Espíritu Santo, en torno al cual se pueda crear un nuevo movimiento en nuestra iglesia.

No queremos salirnos del mundo, sectarizándonos en un movimiento. Por el contrario, le pedimos al Señor que nos libre, en el mundo, del maligno, porque los que estamos con Jesús, ya no somos del mundo, así como Jesús no es del mundo. Lo dice Jesús en Juan 17, 15-16, la oración final de Jesús al Padre por sus discípulos, momentos antes de ser traicionado y entregado por Judas. En ese momento de despedida emocionante, sabiendo que unas horas después derramaría toda su sangre para recuperar la inmortalidad de la creación de su Padre y dar muerte a la muerte (Rom. 8, 19-23; 1Cor. 15, 54-57), JESUS RUEGA AL PADRE POR TODOS LOS QUE POR MEDIO DE SU PALABRA CREEREMOS EN EL, PORQUE ES ALREDEDOR DE SU PALABRA DONDE TODOS SEREMOS UNO. La unidad perfecta entre los hombres sólo se dará alrededor de su Palabra, como lo dice Jesús en esta noche última en la tierra, momentos antes de convertirse en el Cordero de Dios (Jn. 1, 29; Jn. 17, 20-21).

Este Cordero de Dios, este Jesús, esta Palabra, nos hace renacer, "no de simiente corruptible, sino de incorruptible", es Ella Misma "que vive y permanece para siempre" (1Ped. 1, 23; Jn. 3,3; Stgo. 1, 18; Mt. 18, 3). Esta Palabra es el mandamiento más antiguo y el primero de todos, como nos enseña San Juan en 1Jn. 2,7: "HERMANOS, NO OS ESCRIBO MANDAMIENTO NUEVO, SINO EL MANDAMIENTO ANTIGUO QUE HABEIS TENIDO DESDE EL PRINCIPIO; ESTE MANDAMIENTO ANTIGUO ES LA PALABRA QUE HABEIS OIDO DESDE EL PRINCIPIO". ¿Cuál es el "PRINCIPIO"? En Apocalipsis está: "Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Ultimo" (Ap. 21, 6; 22, 13; Col. 1, 18).

JESUS ES LA PALABRA, QUE ES EL PRINCIPIO, QUE ES EL MANDAMIENTO MAS ANTIGUO, ALREDEDOR DEL CUAL TODOS LLEGAREMOS A SER UNO (Jn. 17, 20-21). "UN SOLO REBAÑO CON UN SOLO PASTOR", PORQUE OIREMOS SU VOZ, QUE ES EL, QUE ES LA PALABRA (Jn. 10, 16).

Me es muy grato comunicarles que en Santiago han empezado reuniones bíblicas en algunas parroquias, como por ejemplo en Santa Rosa de Lo Barnechea, y le doy muchas gracias al Señor por este fruto que ya estamos cosechando. Además, las dos mujeres que están dictando los cursos de 8 reuniones, fueron alumnas mías en años anteriores. Por esto doy gracias al Señor.

Pero la noticia triste es que desde el 7 de mayo, hace más de mes y medio, la comisión investigadora no ha vuelto ha reunirse conmigo, a pesar de mis reiterados llamados al Padre Castro, el encargado de ella. En este mes y medio dio tres citas, a diferentes personas de nuestra comunidad, para hablar acerca de mí y de las cartas, pero no ha recibido a nadie más, ni a mí tampoco. Este corte unilateral del diálogo y su silencio, sin ninguna explicación, me han sorprendido mucho. Después de reiterados llamados míos, y cuando por fin logré hablar con él, el lunes 24 de mayo, me informó que las conversaciones con la comisión investigadora quedaban interrumpidas, porque estaba por llegarme una carta del Señor Arzobispo, donde él definiría el marco de las conversaciones.

El día 10 de junio me llegó la carta de Monseñor Francisco Javier Errázuriz. Esta carta llegó en un momento en que estaban sucediendo situaciones delicadas: un niño de 4 años había sido expulsado de su derecho al colegio el próximo año; una profesora amenazada de suspenderle su contrato de trabajo por su vinculación conmigo; niños interrogados, cuestionados y hostigados por sus profesores y profesoras en los colegios. Todo esto porque ellos y sus padres están en grupos conmigo, alabando y escudriñando la Palabra de Dios.

Además, hay sacerdotes que han hecho diversos comentarios, que dicen vienen del despacho del Señor Obispo, y que amenazan nuestra libertad religiosa. Murmuran que el presbiterado (grupo que reúne los sacerdotes de Santiago), estaría presionando a Monseñor Errázuriz para que saque un decreto contra mí y nuestra comunidad. Comentan también que me habrían cambiado el jefe de la comisión por un sacerdote de nombre o apellido Beltrán, o Veltrán. Que me acusarían de hereje, cabeza de una secta, me excomulgarían, o me castigarían de alguna forma junto con los que conformamos la comunidad.

Otros sacerdotes, como el Padre Fernández de Schöenstatt, en comentarios privados con señoras de su movimiento, dice que yo soy protestante. ¿Lo dice porque amo la Palabra de Dios? Todo esto, más el silencio de la comisión y la imposibilidad de comunicarme con el responsable de ella, porque dijo que no recibiría a nadie hasta después del 18 de junio (día en que cumplo casi cincuenta años), más todos los chismes de "entrecasa", crearon un ambiente amenazador que, al llegar la carta del Señor Arzobispo, hicieron que tuviera mucho respeto ante ella y miedo de leerla. ¿Me iría a excomulgar como se comentaba? ¿Me castigaría como murmuraban muchos? ¿Me prohibiría seguir escribiendo? ¿Cortaría nuestras reuniones? Qué consecuencias saldrían de esta carta para las personas que estamos compartiendo el Camino de Jesús? No sabía, pero todos los comentarios de sacerdotes y señoras me atajaron para abrirla. Oré mucho, esperé desde el día 10 hasta el 15 de junio en que discerní, en oración, enviársela cerrada, sin abrirla y sin leerla, al Papa pidiendo su mediación. También le escribí una extensa, amable y explicativa carta a Monseñor Errázuriz, el mismo día, explicándole las razones que me llevaban a enviarle su carta al Papa, y, por supuesto, pidiéndole perdón, porque sé que esto es duro y difícil para él.

El día 16, al día siguiente de enviar la carta sin abrir al Papa, me llamó el padre Castro a preguntarme si había leído la carta de Monseñor Errázuriz y qué le había respondido yo al Señor Arzobispo. Le contesté que así como el Señor Arzobispo me había escrito directamente a mí, sin contar con la comisión investigadora, yo le había contestado directamente a él, siguiendo su mismo proceder. Por eso mismo no le adelanté nada al padre Castro sobre el envío de la carta al Papa, ya que la carta no llegaba aún a manos de él. El Padre Castro me informó, además, que el Señor Obispo había partido el sábado anterior a Roma. Al día siguiente, con la carta en su destino, compartí mi decisión con toda la comunidad.

El domingo 20 de junio el Padre Félix Zaragoza, decano de la zona Talagante, en una visita domiciliaria, aconsejó a un matrimonio no volver más a los grupos, porque los niños pagarían las consecuencias. Es verdad lo que dijo el padre Zaragosa, porque los niños que oran con nosotros y que están en colegios católicos, están, en este momento, varios de ellos amenazados en la matrícula de sus colegios. Comprendo que esta es una forma de ejercer coerción y una especie de chantaje, para que yo no siga escribiendo. ¿Desde cuando las matemáticas, la geografía y la historia son católicas? ¿Cómo es que violan uno de los derechos fundamentales del niño, como es la educación, porque sus padres están orando y trabajando con nosotros por establecer la Palabra en la Iglesia Católica? ¿No será que deben suspender al niño de las clases de religión, pero no de las demás materias? ¿Les parece bien, a los que están leyendo, que echen del colegio a los niños, privándoles de este derecho inalienable, porque sus padres no están de acuerdo con cosas que dice el Catecismo Católico? ¿Hay alguna legislación que ampare a un niño en un colegio católico en su derecho fundamental a la educación, y lo proteja de las vendettas religiosas, por el hecho de que yo está cuestionando a la Iglesia Católica sobre las divergencias entre su doctrina y la Sagrada Escritura? ¿Quién puede ayudarnos a que no se les quite a nuestros niños este derecho, y que no los usen para extorsionarme en mi misión de anunciar y denunciar la realidad doctrinal de la Iglesia?

Gracias

Sabina Vélez Hurtado

 

 

 

 

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