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Al Berit lo precede un amar al otro y a los otros, como a sí mismo.
El amor es la base, el fundamento y la fuente del Berit. Berit no es el amor,
es el amor elevado a una relación legal. El Berit es una institución, que permite que se
continúe la relación, a pesar de que pase el encantamiento inicial de ella. Berit
no es el matrimonio, tiene otras características. Este amor elevado a una
relación legal, tiene garantías sacrales que llevan el amor a un plano más
alto, lo sustraen de lo temporal y lo llevan al terreno de lo eterno.
Cuando se celebra un Berit, por ejemplo entre dos participantes, la primera
actitud propia del Berit, y que lo será para siempre, es la LEALTAD.
Es a ella a la que se apela en todo momento, no es al amor o al sentimiento
ya que este puede debilitarse. Otras dos actitudes inamovibles, conforman el
Berit: la SOLIDARIDAD y la MISERICORDIA: "Aconteció que
cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada
con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo" (1Sam 18,1). "Harás,
pues, misericordia con tu siervo, ya que has hecho entrar a tus siervo en
pacto de YHVH contigo" (1Sam 20,8a).
El Berit se celebra delante de YHVH: "Y ambos hicieron pacto delante
de YHVH" (1 Sam 23,18a). Es YHVH el defensor y garante, por eso se
habla del Berit de YHVH en 1 Sam. 20,8. Si una de las partes rompe el Berit,
el otro no puede hacer nada, pero YHVH tomará partido por él y lo defenderá.
(1Sam. 20,8). "Atalaye YHVH entre tú y yo, cuando nos apartemos el
uno del otro. Si afligieres a mis hijas o si tomares otras mujeres además de
mis hijas, nadie está con nosotros; mira, Dios es testigo entre nosotros
dos" (Gen 31,49- 50). El Berit es una relación no natural entre los
participantes. La relación natural es el parentesco y esta relación tiene
derechos y deberes propios. No se hace Berit entre parientes, no hace falta.
El Berit es para llegar a ser hermanos. El Berit NO PUEDE ser quebrantado
bajo ningún punto de vista. Este es el alma de la comunidad cristiana y
cuando el Berit pierde su valor, la comunidad se descompone. Por eso es YHVH
quien vigila el Berit que se ha hecho delante de El: "Así ha dicho
YHVH: Por tres pecados de Gaza, y por el cuarto, no revocaré su castigo;
porque llevó cautivo a todo un pueblo para entregarlo a Edom" (Am.
1,6). El Berit es más fuerte que la muerte, pues se prolonga a través de las
generaciones. Si yo tengo Berit con alguien y muero, el Berit lo heredan mis
hijos, o mis hermanos o mis padres, aquellos con los cuales yo tenía lazos de
alguna naturaleza. Cada nueva generación mantiene y reconoce el Berit de la generación
anterior. El Berit no es hasta que la muerte los separe, continúa en los
seres queridos asegurando para ellos la LEALTAD la SOLIDARIDAD y la
MISERICORDIA propias del Berit.
La celebración del Berit, produce un estado especial que los hebreos llaman
Shallom ; esta palabra no significa sólo paz, significa totalidad porque
comienza una nueva totalidad, un nuevo modo de convivir en una armonía
ordenada en la que cada uno cumple sus obligaciones y cuenta con el otro,
cada vez que necesita que alguien sea leal, solidario y misericordioso con
él. Se ha llegado a una hermandad donde el Padre es YHVH y por eso se cuenta
con la seguridad total de la presencia del otro en caso de necesitarla. Jamás
el Berit permite que una de las partes sea juzgada por la otra, o traicionada
por la otra o inclemente e inflexible con la otra. Es
el Berit el alma de la comunidad, el tejido invisible que une la trama entre
las personas y los corazones de los que participan en la comunidad.
Por eso la comunidad cristiana, como la plantea Jesús y San Pablo, es la
solución a todos los problemas del hombre: a la soledad, al desamparo, al
juicio injusto, al desvalimiento. Mientras haya Berit no podrá existir esta
inseguridad para los participantes. No importa que el encantamiento inicial
haya desaparecido. Precisamente el Berit es para asegurar la relación en las
épocas de frialdad y desencanto. No existe poder alguno que pueda invalidar
un Berit, ya que YHVH es su defensor. Si tuviéramos aún las primeras
comunidades de Berit, no habría niños desamparados en las calles, ni ancianos
hacinados en casas donde no molesten a sus familiares y estén "muy bien
atendidos"; ni habría jóvenes enloquecidos vagando de un lugar a otro,
ni habría pobreza, ni hambre, porque la solidaridad haría que todos tuvieran
lo que necesitan. No habría educación especial para alguno, por causa del
dinero, sino que cada uno desarrollaría sus condiciones al máximo,
independiente del dinero, todos podrían ir a la universidad; todos vivirían y
trabajarían para todos, teniendo a Jesús como cabeza de este cuerpo
comunitario, de este Berit, que unido con otras comunidades conformarían la
verdadera Iglesia que ahí sí que sería la madre alrededor de la cual se
agrupan todos sus hijos, que haciendo una analogía, serían todas las
comunidades de Berit.
Esto es lo esencial del Berit, que resumiendo sería: la base, el amor ; y sus
leyes o sus deberes a cumplir por cada uno de los participantes y que son
inquebrantables, son la misericordia, la lealtad y la solidaridad. El Berit
se hace ante el Señor, junto con El; no se pierde con la muerte; lo heredan
los seres queridos del participante; y se comienza a vivir un estado de
bienestar total en lo que se refiere a necesidades espirituales, materiales o
del alma. Aquella persona con la que se hace Berit, viene a ser la persona
que el Señor usa para manifestarnos su amor y su presencia: "Con
cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los
que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida"
(Os.11,4). "Amados, si Dios nos ha amado así,
debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios.
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y Su amor se ha
perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en El, y El en
nosotros, en que nos ha dado de Su Espíritu ... Nosotros le amamos a El,
porque El nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su
hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto,
¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este
mandamiento de El: El que ama a Dios, ame también a su hermano. Todo aquel
que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al
que engendró, ama también al que ha sido engendrado por El. En esto conocemos
que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus
mandamiento. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y
sus mandamientos no son gravosos" (1Jn 4,11-13.19-21- 5,1-3).
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