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"... Pues habiendo antes padecido y siendo ultrajados en
Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros al
evangelio de Dios en medio de gran oposición"(1 Tes. 2,2). "Orando en
todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con
toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mi, a fin de que al
abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio
del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de
él, como debo hablar" (Ef. 6,19-20).
Es muy emocionante contemplar a Dios amando. Contemplar Su sistema de
relación, Su característica afectiva, Su personalidad. Comprobar que "es
el mismo hoy, ayer y siempre" (Heb. 13, 8).
En esta segunda carta voy a tratar la actitud básica de Dios con el hombre y
que conforma la estructura sociológica de toda la Sagrada Escritura: el BERIT.
Esta palabra no tiene una paralela en castellano, apenas se la puede
describir por las palabras pacto o alianza, sin contener ninguna de ellas el
significado completo de BERIT. Algunas veces usaré la palabra Alianza y otras
Berit. Berit es como el abrazo del Padre en el que abarca toda la historia
desde el primer segundo hasta el último. Es el pecho del Padre abierto para
acoger cada segundo de la historia de la salvación. Berit es toda la
humanidad, uno por uno, no importa quién sea, recostado en el pecho del Padre
y consolado y sostenido por EL. Berit es el compromiso del Padre con cada
uno de nosotros en particular. Es la relación personal e intransferible del
Padre con cada uno de nosotros. Es Su compromiso con cada uno en particular,
aún cuando no lo tengamos en cuenta: "Nosotros le amamos a El, porque
El nos amó primero" (1 Jn. 4,19); "Si fuéremos infieles, El
permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo"( 2 Tim. 2,13).
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