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También
se llena de alegre satisfacción mi alma cuando anuncio la Buena Nueva, el
evangelio ("Eu"significa bueno en griego; "angelia":
mensaje), el buen mensaje de que "No envió el Padre a su Hijo al
mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El"
(Jn.3,17). Y cuando proclamo que "Toda carne verá la salvación de
Dios" (Lc. 3,6; ls. 40,5), desaparece de mi alma todo temor que me
permite elegir el camino de la libertad que es el de El.
Sin el miedo al falso infierno eterno de llamas inextinguibles. Sin el miedo
falso e inútil, mi alma y mi espíritu pueden experimentar el amor, porque "el
amor echa fuera el temor" y "En el amor no hay temor porque
el temor mira el castigo" (1Jn. 4,18). Y "el amor mira la
libertad" ( 2Co. 3,1 7). Cuando desaparece el miedo al engaño feroz
del castigo, nos atrevemos a ser, a entregarnos, a aventuranos a ese
encuentro íntimo con El, seguros de Su Misericordia, de Su Perdón, de Su
Paternidad completa, seguros de Su Amor. No es por pura casualidad que en la Sagrada Escritura
aparezca 365 veces: "¡¡¡NO TEMAS!!!". ¿Por qué han
reemplazado el permanente "NO TEMAS" divino por el continuo:
"cuidado con el fogoso infierno eterno?"
El Evangelio, el Buen Mensaje, la Buena Noticia tiene que
ser buena. ¿Cómo va a llamarse buena noticia, Evangelio y dar una mala
noticia? La gran buena noticia es: "LA SALVACION ES PARA
TODOS": Veamos:
"Y se manifestará la gloria de YHVH y TODA CARNE JUNTAMENTE la
verá, porque la boca de YHVH ha hablado" (ls 40,5). "Porque de su
plenitud tomamos TODOS y gracia sobre gracia" (Jn. 1,1 6).
"Y verá toda carne la salvación de Dios" (Lc. 3,6).
"Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a
todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los
Hombres la justificación de vida" (Rom. 5,18).
"El cual quiere que TODOS LOS HOMBRES SE SALVEN y vengan al
conocimiento de la
Verdad. Porque hay un sólo Dios y un sólo mediador entre
Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo EN RESCATE
POR TODOS de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo" (1 Tim. 2,4-6).
"Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a
TODOS LOS HOMBRES" (Tit. 2,11).
"... No queriendo que NINGUNO PEREZCA sino que TODOS procedan
al arrepentimiento" (2 Pe. 3,9c).
"El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por
TODOS NOSOTROS, ¿COMO NO NOS DARA CON ÉL, TODAS LAS COSAS? (Rom 8, 32).
"No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha
placido daros El Reino" (Lc. 1 2,32).
La Sagrada
Escritura enseña en todas sus páginas que la culpa, el miedo, la condenación
son "cosas" que con la
Muerte y Resurrección de Jesús, dejaron de tener poder y
dominio sobre nuestra alma, sobre nuestra psique. Y si aún tienen espacio en
nosotros tenemos que dejarlas a un lado y relacionarnos con Jesús, con su
persona. (Juan 16, 33b), "Confiad, yo he vencido al mundo".
Hay que concederle el espacio en nuestra alma que le corresponde a El, el
espacio que con su muerte y resurrección ha conquistado, poniendo sobre El
toda la iniquidad que nos hace sentir culpables con miedo a la condenación
que también puso sobre sus hombros y que desapareció para siempre porque la
condenación consistía en el castigo que la Ley de Moisés le imponía al que la transgredía:
"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley
del pecado y de la muerte" (Rom-8, 1-2).
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