DOLOROSAS REALIDADES DE NUESTRA IGLESIA

 

 

 

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Nuestra iglesia perdió contacto con Jesús hace muchos siglos, y se convirtió en una legisladora de conciencias. En una productora de doctrinas quietas, rígidas y conservadoras que han invalidado la fuerza del mensaje de Jesús: "No te maravilles que te dije: os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu" (Jn.3, 7-8). ¿Cuántos católicos saben de qué se trata esta palabra? ¿Desde cuántos católicos el Espíritu sopla como quiere? ¿Cuántos católicos saben que el Espíritu es algo más que para iluminar a sus hijos en sus pruebas colegiales? ¿Dónde están los carismas? ¿Dónde encontramos en la Iglesia manifestaciones de los carismas? ¿No vemos más bien que se cumple en nuestra Iglesia la sentencia agustiniana: "La ignorancia es atrevida"? ¿Dónde están en nuestra Iglesia los carismas de Palabra, de sabiduría, conocimiento y ciencia? ¿Dónde está el carisma de fe como para trasladar montañas? " Y si tuviese profecía y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy" (1Cor,13,2). ¿Y los dones de sanidades? ¿Y los de milagros, profecía y discernimiento de espíritus? ¿Y el carisma de diversos géneros de lenguas y el de su interpretación? ¿Dónde están en nuestra Iglesia los cánticos espirituales, los que inspira el Espíritu en el momento de la oración? "Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones" (Ef. 5,19). "La Palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Col. 3,16)."¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento" (1Cor. 14,15). ¿No es más frecuente encontrar católicos cuya ignorancia les hace caer en la trampa de atentar contra el Espíritu Santo, y por ello en lo que se sigue como consecuencia como lo dice el Señor Jesús en Mt. 12, 22-32?: "Entonces fue traído a El un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? Mas los fariseos, al oírlo, decían: este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Por tanto os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no le será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero".

¿Cuándo encontramos personas que puedan dar testimonio de alguna Teofanía especial? ¿Cuándo encontramos personas que nos cuenten cómo Dios ha irrumpido en sus vidas, las ha transformado, las ha hecho experimentar la indescriptible dicha de Su presencia en el corazón? ¿Cuándo nos cuenta un católico acerca de la inefable alegría que sigue en el alma después de una íntima Teofanía con el Señor? Y si alguno, alguna vez lo narra, aparecen los envidiosos espirituales que amparados en academias sicológicas, pervierten la acción del Amor Divino en la persona, encontrando en las acciones de Dios, dudosas manifestaciones esquizoides que sólo sirven para la mofa. Diagnóstico final de la burla mordaz de la ignorancia presumida. Abraham, Moisés, todos los profetas y salmistas, Pedro, Santiago y Juan en el Monte Hermon, María la Madre de Jesús, María Magdalena, todos ellos tuvieron Teofanías que transformaron sus vidas para siempre. Y en esas épocas, de muchos de ellos también dijeron que estaban locos. (deseo y pido para todo cristiano el regalo de una Teofanía que pone en cada célula del ser la certeza permanente de la existencia de Dios y de su amor, sin necesidad de hacer esfuerzos de buen colegial para merecer buena nota). Por orden del emperador Constantino, en el edicto de Milán, todo miembro del Imperio Romano fue obligado a bautizarse y a formar parte de las comunidades cristianas, contaminándolas y destruyéndolas para siempre.

Nuestra Iglesia se ha convertido en una teorizante de algunas verdades evangélicas. Sin calor, sin vida, sin alegría, sin aventura, sin ese vivir sólo con el afán de cada día, sin temores, sin preocupaciones por los bienes materiales, amando, sólo amando, dándose y por esta razón recibiendo el ciento por uno. Así es como dice Jesús que vivamos. Pero ¿cómo habría de ser nuestra Iglesia de otra manera, si desde el año 313 después de Jesucristo, con el famoso "Edicto de Milán", nuestra Iglesia hizo boda, alianza para siempre con el pagano estado romano, dando origen al "cesaropapismo"? (matrimonio perfecto entre césares romanos y Papas católicos). Así fue como los constructores de la Iglesia se apoderaron de la armazón administrativa del Imperio romano y la copiaron, instituyendo al lado de cada gobernador de provincia a un arzobispo y a un obispo al lado de cada prefecto de provincia. Como el estado romano se iba debilitando y marchando a la deriva, los representantes de la Iglesia heredaban sus tareas. Cuando Constantino subió al poder, sus ayudantes inmediatos fueron los obispos. Era nada menos que nuestra Iglesia Católica, la de Jesucristo, la que estaba heredando el imperio romano en colapso, y se generó un engendro sincretista entre la moral hebrea, la filosofía griega y la lengua, el sistema organizativo y práctico, la liturgia y la jerarquía del imperio romano. Y en este "engendro religioso histórico" es imposible encontrar a Jesús, Su amor, Su comunidad. Eran las comunidades de Berit, las comunidades de Alianza, las primeras comunidades cristianas, las "eclesiae", que heredadas desde la época de San Pablo, conformaban el espacio donde Jesús era cabeza. Y unidas todas las comunidades entre sí, conformaban la Iglesia Universal, la Católica, la de Nuestro Señor Jesucristo. "Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común" (Hech. 4,32). "Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hech. 2, 44-47).

El Señor quiere que vivamos en comunidad. Ya estamos viviendo asomos de comunidad en Chile. Hay muchos de los que han estado conmigo estudiando la Palabra, que no pudieron tomar la decisión de vivir en algo parecido a un ambiente de comunidad. No pudieron tomar la decisión entre Jesús y el mundo, y adulteraron con el mundo como dice Santiago: "¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que El ha hecho mora en nosotros nos anhela celosamente?" (Sant. 4, 4-5). Esos que no pudieron decidirse por Jesús, están hoy con resentimiento y envidia porque no están en nuestra comunidad. Muchos de los que no pudieron dar el paso son amigos queridos, personas que amamos, que hoy se han convertido en nuestros peores enemigos. Les pasó lo que les pasó a las vírgenes necias, que como no se proveyeron de aceite, mientras lo hacían llegó el esposo y cerró la puerta: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes, tomaron el aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir" (Mt. 25,1-13). Muchos de mis perseguidores, empezaron a serlo porque no lograron ser mis amigos personales, y ¿por qué tendrían que serlo?

Yo he proclamado la Verdad como está en la Sagrada Escritura. Y lo que más molesta a la jerarquía Católica es que no tengo miedo de decir que EL INFIERNO, ENTENDIDO COMO CASTIGO ETERNO, NO EXISTE. NO EXISTE. No tengo miedo de decir que en la Sagrada Escritura el infierno no significa castigo eterno sino "Lugar de los muertos", porque la palabra infierno es la traducción del vocablo hebraico "Sheol", que significa lo que acabo de decir: lugar de los muertos, pero jamás ha significado castigo eterno y menos con fuego imperecedero. Miremos el numeral 1035 del Catecismo Católico de la librería Juan Pablo II que fue el primero que llegó a Chile. Está en la página 242. En este numeral, la Iglesia de manera honesta y sincera acepta que fue Ella la que inventó la doctrina del infierno. Acepta que no está en las Sagradas Escrituras. Leamos: "La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, el fuego eterno". Además, añade el catecismo las citas de los documentos de la Iglesia donde Ella misma determinó este castigo. ¿Por qué lo hizo? Es muy evidente. Cuando la sincretista religión que se formó en Roma, no logró dominar las conciencias de sus fieles, dadas las perversas conductas de sus jerarcas, tuvo que hacer uso del miedo y del terror, alimentando esta iniquidad de sus fieles con doctrinas que los mantendrían esclavizados al miedo del infierno, al terror del castigo eterno, a la venganza eterna de Dios. Es esta doctrina de la Iglesia Católica la que pone de manifiesto su independencia de Dios; su rota relación de amor y de perdón con el Padre. Si alguien tiene que pagar eternamente en el infierno porque un domingo no fue a misa, ¿de qué Padre de Bondad y de Amor están hablando?

En el Cat. Cat. N°. 42 dice: "No hay que confundir al Dios inefable, incomprensible, invisible e inalcanzable con nuestras representaciones humanas". ¿No es esto decir que Jesucristo no existe? ¿No se nos ha hecho el Padre comprensible, humanable, visible, y alcanzable por medio de Jesús? ¿No lo vimos, y lo oímos, y lo tocamos, y lo olimos, por medio de sus amigos Juan, Marcos, Pedro? ¿Cómo, pues, nos dicen que es inalcanzable, cuando fue Padre permanente durante dos mil años, para el pueblo de Israel y luego se acercó más todavía en Jesús? En Jesús se dejó tocar, mirar, sentir, escuchar, admirar, amar, buscar, encontrar; en Jesús es visible, alcanzable y sumamente comprensible para los pobres que hablan su mismo idioma.

¿Cómo va una persona a buscar a un Dios que es inalcanzable? ¿Cómo va a tratar de comprender un Dios que es incomprensible? ¿No es eso catequizar a la persona al revés? ¿Quién va a proponerse alcanzar lo inalcanzable y comprender lo incomprensible? Estas enseñanzas de nuestra Iglesia y muchas más no están en la Sagrada Escritura. Y a la jerarquía de la Iglesia no le gusta que yo le haga estos cuestionamientos. ¿Y no tengo derecho, como miembro de la Iglesia, a preguntar acerca de aquellas enseñanzas que a simple vista suenan ilógicas y absurdas?

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas (todas, pero todas todas, y nosotros y cualquier ser humano también), por El fueron hechas, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Jn. 1, 1-3). Si TODO ha sido hecho en El y por El ¿cómo pensar que en algún mortal pecador estará el Verbo del Padre ardiendo por toda la eternidad en los predios diabólicos? ¿Cómo pretender que en un mortal pecador, el Verbo (Su Hijo, Jesucristo) estará "custodiado" por toda la eternidad, en medio de fuego, por el Satán, haciéndose así el dios del Hijo de Dios? Y si el infierno es eterno, también lo es el Satán, lo que lo haría Dios, puesto que la eternidad es una característica divina. ¿No son estos postulados de nuestra Iglesia, más infantiles que absurdos? ¿Cómo hay personas que aceptan que se les dé esta imagen tan carnavalesca del Padre Nuestro?

¿Cómo va el Padre a suprimir el sacrificio de Su Hijo, enviando al fuego eterno "inmediatamente después de la muerte" (Cat. Cat. N°. 1035) a uno de sus hijos, acreditando así que la Muerte y la Resurrección de Su Hijo no sirvieron para nada y que fue más fuerte y victorioso el Satán? ¿No es esto negar la Redención, desconocer la Resurrección de Jesús? Nuestra Iglesia, al desconocer los códigos para la lectura de la Sagrada Escritura, la ha convertido en un manual de moral y devoción para la práctica diaria de las buenas obras que nos comprarán la salvación. Negando de esta manera que fuimos comprados al más alto precio de todos: la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo: "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1Cor. 6,20). "Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres" (1Cor. 7,23). "Ante quien se doblará toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra" (Fil. 2,10). Y con quien podemos trabajar en Sus mismos planes y proyectos: "Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.- Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán" (Mc. 16. 14-18).

No queda, después de esto y más cosas que iré añadiendo, no queda pues muy difícil, saber el por qué de la dolorosa sentencia de Jesús: "...pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? (Lc. 18,8). "Quién ha creído a nuestro anuncio?" (Is. 53,1). Sobre Jesús se ha puesto un pesado lastre histórico, pero "las puertas del Hades no prevalecerán contra Su Iglesia" (Mt. 16,18). (Hades significa en griego lugar de los muertos, en hebreo se dice Sheol).

 

 

 

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