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"CONDUCIDOS JUNTOS EN SU NOMBRE" |
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“Otra vez les
digo, que si dos de vosotros suenan simultáneamente en la tierra, demandando
sobre toda cosa debida, les será hecho de parte de mi Padre en los cielos.
Porque donde hay dos o tres conducidos juntos en mi presencia, allí estoy yo
en medio de ellos” (Mt. 18,19-20). Jesús no habló de
ponerse de acuerdo para pedir algo, El habló de “sonar simultáneamente”,
como los instrumentos de una orquesta. No habló de pedir, sino de “demandar toda cosa debida”.
No dijo de dos o tres reunidos en su nombre, sino de “dos o tres conducidos juntos en su
presencia”. Cambian las palabras, cambia el sentido del
mensaje (por lo cual voy a usar en esta Carta la traducción literal de las
palabras originales en hebreo o griego. Esto hará que en algunas ocasiones
los textos parezcan diferentes a los textos de las traducciones tradicionales,
pero con su sentido enriquecido). No basta con ponerse de acuerdo, hay que
ser orquesta que marche al son del mismo compás, y el compás es El. No se
trata de pedir todo lo que se nos ocurra, lo que el Padre quiere es que le “demandemos sobre toda cosa debida”,
y para saber qué es lo debido que debemos demandarle, tiene que orientarnos “ “Conducirnos juntos en su presencia”, es compartir con otros la persona del Señor, su amistad, su alegría, sus planes, sus proyectos, sus trabajos; conocerlo en su Palabra y en sus manifestaciones permanentes de amor en nuestro andar cotidiano; es sorprendernos por todo lo que hace a diario y momento a momento para mantenernos enamorados de El y de aquellos con quienes nos “conducimos juntos en su presencia”. Jesús quiere comunidad y la forma con quienes la anhelan, la quieren y la buscan. Nos va amoldando a El, para que podamos amoldarnos entre los que formamos la comunidad. Jesús no nos quiere solos; nos quiere con otro o con otros “conducidos juntos en su presencia”. Le basta que otro, sólo uno más, vaya a nuestro lado por Su Camino y entonces, “El estará en medio de nosotros” manifestándose, obrando, actuando. Comunidad es el espacio que El se crea para poder realizarse, presentarse y actuar como Dios. ¿Cómo puede Jesús, que es Amor, hacer que el amor se mueva entre nosotros si estamos solos? ¿Cómo va a conducirnos por el Camino hasta el Padre, sin otro u otros que nos acompañen en armonía total, “sonando simultáneamente” como los instrumentos de una orquesta, en el camino que tenemos que recorrer durante nuestra vida? Porque “mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! Que cuando cayere no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas, ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y el cordón triple no se rompe pronto” (Ecl. 4,9-12). Por supuesto que no se puede romper, porque el tercero que está entre los dos que van juntos, es el Señor. Y, “si el Padre Dios es por nosotros,¿quién contra nosotros?... ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas estamos sobre y por encima de toda conquista, somos victoriosos en grado sumo, triunfadores en forma absoluta por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estamos seguros de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8,31.35.37-39). Nadie ni nada puede separar a “dos o tres que se conducen juntos en su presencia”, que lo han dejado formar comunidad con ellos, entrar en sus vidas, divertirse, jugar, trabajar, sufrir, vivir los dolores y las enfermedades con ellos. Comunidad es lo que busca el Padre; comunidad es lo que anhela
Su Hijo Jesús y comunidad es lo que quiere Rúajk,
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