MENSAJE PERSONAL A LOS NIÑOS VIOLADOS,
A SUS PADRES Y A LOS SACERDOTES BUENOS

 

 

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A LOS VERDADEROS SACERDOTES DE DIOS

Yo sé que para los sacerdotes honestos, rectos, que hacen la voluntad del Señor, esta situación de sus compañeros es muy dolorosa. Yo sé que son mirados por la gente como posibles violadores. “Justos pagan por pecadores”, dice el refrán, y eso está pasando con los sacerdotes buenos. Están viviendo una humillación objetiva, se los mira con desconfianza, ya no se cree en ellos. A ellos les pido perdón en nombre de sus hermanos sacerdotes y les pido que le colaboren al Señor con valentía para que salgan de nuestra Iglesia los sacerdotes violadores y reciban algunos de ellos, tratamiento para asumir su condición, y los otros, el castigo que aplica la ley a cualquier violador de niños (Tit. 3, 10-11).

A LAS PERSONAS ULTRAJADAS

A las personas que fueron violadas por sacerdotes les pido que hablen, que lo cuenten, que lo expresen. Les pido que no guarden este dolor adentro. Y si en confesión el sacerdote les dijo que no podían contar nada nunca a nadie, porque es un secreto de confesión, que hablen con algún sacerdote encargado de esta pastoral, para que les sea levantada la orden de secreto y puedan expresar lo que tanto dolor les causa en el alma. San Ignacio de Loyola dice que “satanás actúa en el secreto” y este dolor en secreto va corrompiendo más y más el alma. Hablar de ello, saltar la barrera del silencio, comunicarse, es el camino de inicio para obtener la liberación y no seguir viviendo una vida secreta interior donde no se es más que un niño ultrajado sexualmente.

A los que fueron ultrajados sexualmente por un sacerdote el pedirles perdón no les ayudará en nada. El dolor está impreso en sus almas y piden justicia. Es por ellos, y para ellos que he escrito esta Carta, porque he recibido la confidencia de muchos y conozco su dolor, su desesperación, su rabia ante la injusticia y su gran necesidad de recibir justicia; sí, porque los dejaron muertos vivos.

A LOS PAPAS DE HIJOS ULTRAJADOS

A los padres de los hijos violados les pido que tampoco guarden el secreto, que les hagan justicia a sus hijos, que les crean y que estén vigilantes y los defiendan aún cuando en este momento estén adultos.

Pido al Señor mucha luz, claridad y valentía para quienes lean esta carta. Que el engaño de Satanás (ver mi Carta Once), no les tuerza la verdad haciéndoles creer que yo soy tal o cual cosa y los saque de la verdad que estoy anunciando en esta carta y por la cual sigo proclamando insistentemente:
¡DEVUELVANNOS LA IGLESIA DE JESUCRISTO!

Muchas gracias


Sabina Vélez Hurtado

Valdivia, Octubre 10 de 2002

 

 

 

 

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