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VIOLACIÓN Y SECRETO |
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¿Dónde están los creyentes? ¿Dónde están
los que se han comprometido con el Señor y Su Obra? ¿Dónde están los que le
han dicho al Señor que por El lo dejan todo, se niegan a sí mismos y lo
siguen? ¿Porqué nos dedicamos a defender La violación sexual va acompañada del secreto. El violador obliga al niño a guardar silencio. Unas veces le dice al niño que si cuenta lo va a matar, que va a matar a su mamá, a su papá, o que le va a pasar a él algo terrible. Otras veces es más sofisticado, sobre todo cuando se trata de un sacerdote violador, quien le dice al niño que “eso” no se cuenta, porque es un secreto entre Jesús y ellos dos; que es un regalo de amor y de amistad que Dios les ha dado; que él, el sacerdote, es el padre espiritual que el niño necesita y que las cosas entre los padres y los hijos no se cuentan. Que no cuente porque los demás no entenderían y podrían hacer un escándalo. Con estas, y muchas otras frases, los sacerdotes violadores y los laicos violadores, obligan a guardar silencio al niño, que ante tan tremenda situación, que él no sabe entender, explicarse, que no sabe elaborar, prefiere olvidarla y ni aún el más largo sicoanálisis podrá hacérsela aflorar a la conciencia. Pero vivirá las consecuencias de la violación, sin saber que nacen de este hecho patético en su infancia, y a la violación le añadirá una autodestrucción por la culpa de ser como es y sentir lo que siente. Sensaciones y emociones que también guardará en secreto por ser vergonzosas y objetos de desprecio. Cuando un niño es violado por un sacerdote, también la familia guarda silencio. “Es un consagrado, no hagamos un escándalo, fue en un momento de debilidad, mejor apoyemos al niño, pobre curita tan solo que vive, el niño lo olvidará, hay que perdonar, yo no creo que el niño esté diciendo la verdad. El niño va a quedar marcado para siempre como el violado. ¿Cómo vamos a llevar al niño a declarar para aumentarle el daño?”, y reacciones por el estilo, que lo único que logran es dejar más dañado al niño, porque el necesita que le hagan justicia. ¡Hacerse cómplices del daño más grande que se le puede hacer a la humanidad, que es la violación de niños, y mucho más grave aún cuando es violado por un sacerdote o religioso, nos hace merecedores de que “nos aten una rueda de molino de las que hace girar un asno y nos ahoguen en lo profundo del mar” ! (Mt. 18, 7-10). En una misa, en el momento de la paz un sacerdote tenía la costumbre de apretar muy fuertemente a un niño que conozco. La madre del niño habló con el sacerdote y en las misas siguientes, -iban a misa todos los días-, en vez de apretarlo le daba una palmada en la cara, lo suficientemente fuerte como para que le doliera y lo suficientemente suave como para que el niño y su madre la interpretaran como una caricia, como una saludo del “la paz del Señor”. La madre volvió a hablar con el sacerdote para que no lo repitiera y en la próxima misa lo que hizo el sacerdote fue darle al niño un mordisco en la mejilla. En esta oportunidad la madre lo que hizo fue ir a hablar con los superiores del sacerdote. Ya no celebró más misa en esa parroquia y hoy conforma un equipo eclesial nacional del movimiento Encuentro Matrimonial. Allí estará mucho más cerca de muchos más niños; tendrá amistad con los padres de ellos y podrá llegar más fácilmente a los niños. ¿Seguirá este sacerdote mordiendo mejillas infantiles o hará algo más...?
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