LA CEGUERA DE LOS LAICOS

 

 

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¿Por qué no pensamos en qué sentirá el Padre Dios por estos hechos? ¿Por qué no pensamos en qué vamos a hacer con todos esos niños que se alejaron, se alejan y se alejarán del contacto con el Padre Dios y con Su Reino, y que nunca podrán creer en la bondad, ni en el bien y que no tendrán durante toda su vida dónde refugiarse, porque su padre les ha fallado, al no defenderlos de sus hermanos violadores?

Muchos dirán, que son sólo algunos los que hacen eso, que los otros son muy santos. Las estadísticas no dicen eso. Dicen que es alto el porcentaje de sacerdotes violadores y cada uno de ellos viola a muchos niños. Hay sacerdotes acusados hasta por 300 niños violados; 50, 80, 120. Siempre, los defensores radicales de esta violaciones dicen que son unos pocos los sacerdotes violadores, no piensan en los niños que no son unos pocos. ¿Llegará el día de la verdad en que cada sacerdote nos cuente a los hermanos menores, a cuántos hermanitos menores ha violado en su vida? ¿Llegará el día de la verdad en que estos niñitos hablen y nos cuenten a todos el dolor profundo que han arrastrado durante sus vidas, que les ha dañado todo, todo, su afectividad, su confianza, su sexualidad, su alegría, su paz y lo peor de todo: Su relación con su Padre Dios, la fuente de todo el bien, de toda la alegría, de todo el gozo, de toda la esperanza y fortaleza?

¿Llegará el día en que estos sacerdotes violadores de niños se reúnan, se agrupen y nos cuenten lo que hicieron, por qué lo hicieron y nos ayuden a ayudarles a los hermanitos que violaron? Veremos con gran dolor que detrás de muchos sacerdotes violadores hay un niño que fue violado, y en muchos casos por otro sacerdote.

Los hermanos menores, amedrentados por el miedo que les causan sus hermanos mayores dirán muchas cosas de mí pero yo empecé esta carta porque el Señor me dijo con Su Palabra que "si alguien ha sido llamado a testificar, siendo testigo de lo que ha visto o sabe, y no lo declara, será culpable" (Lev. 5,1) Yo he "sido llamada a testificar" por la presencia de la Espíritu Santa en mí.

A los 22 años yo fui "una oveja perdida" que el "Señor Jesús puso sobre sus hombros" (Lc. 15,4-5), y desde ese momento, hace 30 años, me dedico a ayudarle a las personas a relacionarse con el Padre Dios, a conocerse, a encontrarse consigo mismas y con los demás. Y el daño más grave que he encontrado en las personas, y muy frecuente, es la violación por parte de sacerdotes. De ellos han salido asesinos en serie, violadores de niños, suicidas, homicidas, fracasados en su matrimonio, y muchos de ellos desarrollaron cáncer en los testículos, en el hígado y en otras partes de su cuerpo. Los he visto llorar largas horas, semanas enteras en retiros de una semana en silencio, queriendo comunicarse con Dios y no pudiendo hacerlo, porque su estructura espiritual está violada. En su espíritu fue puesto el germen del odio contra Dios, de la desconfianza hacia Dios y de la incapacidad de reconocer algún bien en el mundo. Los he visto salir de una semana de oración y de silencio, con su alma destrozada, su vida rota y sin esperanza, totalmente incapacitados para sentir en su ser profundo una luz de esperanza y de alegría. Los he visto salir absolutamente solos en su interior. Su ser más interno convertido en un niño solitario a expensas de lobos feroces, sin que nadie lo defienda, sin que nadie se conduela con él, sin que nadie llore con él, sin que nadie tenga rabia con él. Al contrario, muchas veces acusado de que él, a los cinco, siete, diez o doce años provocó “al pobre sacerdote que vive tan solo y sin afecto”. La locura: La víctima se convierte en acusado y el acusado en víctima...

 

 

 

 

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