EL SILENCIO DE LA IGLESIA

 

 

Imprime esta Página

 

 

 

El silencio que estamos teniendo todos los católicos ante los livianos regañitos de obispos, cardenales y el Papa a estos pervertidores de cuerpo, alma y espíritu, es más peligroso y nefasto que las mismas acciones de estos delincuentes criminales. Todos hemos visto a muchas de estas víctimas pidiendo ayuda, socorro, auxilio para poder salir de las funestas consecuencias que dejaron en su ser las violaciones, sádicas y consecutivas de algún sacerdote. Y todos callamos. Pareciera como si algo dentro de nosotros se complaciera con estas acciones satánicas de los consagrados a Jesucristo.

¿Qué le hace al Papa guardar silencio, o manifestarse apenas levemente, ante tantos casos que han recurrido a él, para encontrar una solución a sus vidas destrozadas sin haber comenzado? ¿Qué es lo que le hace a los obispos guardar silencio, trasladar al violador de niños a otra diócesis, en vez de entregarlo a la justicia ordinaria y que lo juzguen como a cualquier otro delincuente?

He estado investigando para saber si un sacerdote tiene alguna investidura especial cuando comete los mismos crímenes, que hacen que otros vayan a prisión desde cinco años hasta cadena perpetua y en algunos casos les cueste la pena de muerte. Y no hay ninguna ley que proteja a un sacerdote para que sus delitos y crímenes queden impunes, y sea solamente levemente amonestado y trasladado a otro lugar para que allí siga haciendo lo mismo, como es el caso de muchísimos sacerdotes en este momento en el mundo.

Nadie puede decir que son dos o tres sacerdotes los que hacen esto. No, son miles de miles y en todos los países del mundo. ¿Cuándo empezó este perverso hábito entre los que nos consagran el Cuerpo del Señor? ¿Cómo se va a permitir que con las mismas manos que un sacerdote viola a un niño la noche anterior, consagre al día siguiente el Cuerpo del Señor? ¿Cuántos niños han tenido que ir a la misa y servir de monaguillo al mismo cura que acaba de violarlos, conservando aún los dolores en su cuerpo y en su alma y con su espíritu lleno de preguntas y de rabia contra Dios? Muchos han sido. Sus testimonios se multiplican en el mundo entero; en todos los países; por todos los noticieros internacionales. Ellos, ellos mismos están pidiendo ayuda, contando lo que les ha pasado. Y, nosotros guardamos silencio, haciéndonos cómplices activos de lo que más dolor le causa al Señor: La violación de un niño.

Dios no es una idea; no es una teoría; no es una hipótesis, ni la respuesta que el hombre se da a las cosas que no puede explicarse; no, Dios es Una Persona, es Otra Persona, es La Persona. Es la Persona origen de todo, fuente de todo, raíz de todo. Vive, palpita, siente, sobre todo siente y siente mucho. Jesús nos habla de El como Padre y un padre siente. Se introduce como Padre en la vida de Abraham cuando él era gentil, es responsable de la paternidad de Isaac y también de la de Esaú y Jacob sus nietos y de la de José su bisnieto. Dios, el Padre, tiene familia entre nosotros, siente, siente como padre, y cuando hace la Alianza con Abraham le dice que "bendecirá a los que le bendigan y maldecirá a los que le maldigan" (Gen. 12,3), eso siente un padre por sus hijos.

Nadie podrá decir que eso pasaba sólo en la época de la Antigua Alianza y que ya pasó. Jesús tiene esa misma actitud frente a los judíos en Jerusalén: "¡Jerusalén, Jerusalén la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste! (Lc. 13,34). Esta es una actitud de mamá que siente, que se preocupa por sus hijos, que los cuida, alimenta y cobija. Dios es padre, Dios es madre, y siente como padre y madre, no es una idea, es Persona, es Padre.

¿Cómo no va a sentir el Padre Dios un inmenso dolor por sus hijos violados por sacerdotes?

Pongo un ejemplo ilustrativo. Hay una familia: Papá, mamá, y 8 hijos. Los dos mayo-res son un varón y una mujer; luego vienen dos varones y otra mujer y por último dos niños y una niña. Una noche los dos varones mayores violan a los dos niños y la hermana mayor viola a la hermanita delante de su papá y de su mamá. La hermana se queja ante sus padres de lo que han hecho sus hermanos, les reclama su protección y su responsabilidad en las violaciones, y su otro hermano empieza a decir que sus hermanos son de carne y hueso, que los tiene que perdonar, que no los persiga, que no sea antifraterna, que ella es peor que ellos, que no comprende la naturaleza humana, que en una familia hay de todo y que ella es una soberbia destructora de la familia. Los padres miran la situación como quien ve pasar desconocidos por la calle. Los tres niños violados quedan odiando a sus padres para siempre, porque no los defendieron, porque no castigaron a sus hermanos; no quieren tener nada que ver con ellos y en el primer momento que pueden se van de la casa a buscar personas y culturas muy distintas a las de su casa. Los hijos violadores quedan impunes, convencidos que ellos pueden hacer lo que quieran y que sus padres no les harán nada, tomando así el mando de la casa y la autoridad de todo. La defensora de sus hermanos se convierte en rebelde contra la autoridad paterna y el defensor de los violadores en un encubridor por toda su vida de los actos criminales de sus hermanos.

Esto, trasladado a las cuatro paredes de una casa es lo que está pasando en nuestra Iglesia; los actos de violación de los niños de la Iglesia, por parte de los hermanos mayores, los sacerdotes, se ha convertido en un conflicto entre los hermanos que no participan en las violaciones; unos defienden a los violadores y los otros los atacan. Pero de los niños violados y de los padres no se ocupa nadie.

 

 

 

 

HOME - INTRODUCCIÓN - LA BIBLIA
CARTAS: 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13

Copyright ©2001-10 • Escríbenos a sabina1111@jesuspalabra.cl